
*Cuidar. Ana (Mónica Antonopoulos) es cuidadora domiciliaria y durante el día se ocupa de Luis (Patricio Contreras), un escritor de historias de terror que vive solo en su casa. Entre ambos hay una familiaridad que no se detecta con el enfermero que cubre las horas de la noche: para Luis, Ana termina formando parte de un entorno familiar que ha prescindido de él (la hija de Luis solo aparece circunstancialmente con su voz en el teléfono, pero nunca con su padre); de alguna manera, la trata como si ella ocupara el lugar de su hija. Se preocupa por ella, la consuela en un momento de llanto. Pero además entabla una relación indirecta con los hijos de Ana a través de los dibujos que se relacionan con sus cuentos: historias de terror dibujadas por Elena (Nayaraq Guevara Páez) pero que Ana dice que pertenecen a Luca (Bianca Pujía Levy). De regreso a la casa, Ana cuida de Elena, que permanece (casi) siempre encerrada en su habitación, como si estuviera cursando una enfermedad. El sistema es similar al implantado en la casa de Luis, con los horarios invertidos y con Luca encargándose de su hermana durante el día. Luis y Elena aparecen unidos por una simetría que los ata a su habitación, a su cama, a la continuidad de una nocturnidad interna forzada (la luz siempre es tenue en esos espacios) a esa perspectiva en la que los extremos terminan tocándose –uno en sus últimos años de vida, la otra en los primeros-. Pero también en las consecuencias que se desatan en los momentos en que el cuidado se relaja, se distrae o se vuelve imposible. Cuando esa rutina se pierde, los personajes se salen de su lugar asignado y provocan el desorden, un caos que ya no tiene retorno –los restos de lo que se come es lo que los iguala.
*Transformar. El contraste se sitúa entre Ana y Luca. Los dos manifiestan un cansancio que se observa en sus rostros. La película sitúa originalmente ese cansancio en el continuo que implica el cuidado del otro. Pero a partir de ello, las reacciones se muestran diferentes. “No quiero estar toda la visa así” le dice Luca a su madre y allí hay una señal de algo que va más allá de lo que hasta allí parece una enfermedad eventual. La frase tiene un aire a condena perpetua que Luca atina a ver y de la que quiere salir. Ana, en cambio, ante la pregunta sobre qué hará en el momento en que Luis muera, solo atina a decir que buscará a otra persona para cuidar. Lo que hay allí es resignación, aceptación de la condena: esa frase, que parece referir a lo estrictamente laboral, se irá revelando una necesidad que la trasciende. En ese punto, las acciones de Ana dan cuenta de lo que es capaz de hacer una madre por una hija: si sacrificar su trabajo ya no resulta suficiente, debe prolongar su efecto sobre su hija. La transformación sobreviene y se completa visualmente en la secuencia final: la mujer agotada y desarreglada que vimos hasta allí, se arregla, luce incluso hasta sofisticada en el plano final. Una serena tranquilidad atraviesa ahora su cuerpo, después de conseguir el alimento que su hija necesita.
*Vampirizar. Antes del cuerpo puede verse como un tratado amplio sobre el vampirismo como forma de relación social. Su interés es ir deslizándose desde lo implícito a lo explícito. Por esa razón, en el comienzo, las formas del cuidado se plantean como variantes de la vampirización: se trata de que quienes necesitan ser cuidados, sobreviven absorbiendo, apropiándose de la energía de sus cuidadores –por eso el cansancio de Ana y de Luca. Lentamente ese proceso se va generalizando y haciéndose explícito en tanto, por ejemplo, Luis insta a Ana a que se lleve la ropa que ya no volverá a usar para venderla y hacer un dinero extra. El punto de inflexión en ese pasaje sobreviene a partir de dos elementos: la muerte de los animales de la casa (el pájaro, el gato) y los progresivos e inexplicados escapes de Elena asociados con muertes; y las marcas que el enfermero descubre en diferentes partes del cuerpo de Luis que una escena posterior –y especialmente el final- ponen ya como certeza absoluta.
Antes del cuerpo puede pensarse entonces como una rareza en el panorama del cine argentino actual. A diferencia de otros ejemplos similares, hace de sus limitaciones un aprovechamiento absoluto. Los espacios dominados por la oscuridad utilizados con un sentido en la narración, unos pocos personajes en los que se concentra la historia sin desviaciones innecesarias. Sobre todo resalta su construcción en la que pasa de manera natural de un paisaje dominado por la densidad y el misterio a otro en el que los mismos elementos de lo cotidiano terminan por decantar hacia el horror, sin perder en el camino ese verosímil que logra construir con paciencia.
Antes del cuerpo (Argentina, 2025). Guion y dirección: Carina Piazza, Lucía Bracelis. Fotografía: Cecilia Tasso. Edición: Sofía Merle. Elenco: Mónica Antonópulos, Patricio Contreras, Bianca Pujía Levy, Nayaraq Guevara Páez. Duración: 85 minutos
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