Si me hicieran la pregunta que le hacen a Ernesto Semán en el comienzo del documental – ¿cuándo escuchaste por primera vez de la existencia de los “agregados obreros”? -, respondería que hace poco. Fue en una entrevista que le hicieron al actor Carlos Belloso, a partir de su última obra, “Kapuska, un peronista suelto en Moscú”, que parte de la historia de Pedro Conde Magdaleno, gremialista panadero, que fue nombrado con el cargo de agregado obrero en la embajada argentina en Moscú, durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Antes de esa mención, no tenía –como creo, tampoco la mayor parte de los argentinos- registro alguno de la existencia de ese cargo y hasta podría haberlo interpretado como una especie de broma parida entre Saborido y Capusotto para sus sketches de Bombita Rodriguez.

El paso del tiempo y los sucesivos intentos de gobiernos dictatoriales –o democráticos de derecha- por borrar de la historia cualquier rasgo atribuible a Perón y el peronismo –proscripciones políticas incluidas-, entre otras consecuencias, llevó al olvido esa práctica puesta en marcha en el primer gobierno peronista. Que ese olvido esté relacionado con la puesta en un estrato de poder que excede el marco nacional de la representación de los obreros, señala la intencionalidad que sostuvo el ocultamiento, la omisión histórica: se trataba no solamente de proscribir a un movimiento político de base popular, sino de imponer la imposibilidad de crecimiento de las representaciones de los obreros, devolviéndolos al papel que se les otorgaba antes de la llegada al poder de ese movimiento.

Agregados obreros recupera esa historia olvidada, recurriendo a una reconstrucción encarada por dos vías. Por un lado, el análisis de la coyuntura histórica que sirvió de base para el crecimiento de las organizaciones obreras en la Argentina en la década de 1930 hasta su eclosión a partir de 1945. Por el otro, un recorrido más personalizado y cercano que desde los descendientes de aquellos que fueron los primeros agregados, registra un trabajo olvidado, al que también se redujo en su importancia política. Es interesante que esas dos vías se van intersectando a lo largo del documental, a partir de algo que señala Mauro Labombarda: que lo que hay que estudiar primero son las políticas internacionales porque de ellas terminan dependiendo las políticas locales. Ese razonamiento proviene de otra idea en la que el mundo se divide entre países actores –los que suelen llamarse “potencias”- y países escenario –donde los planes de aquellas potencias se ponen en acción. Si Argentina constituía, obviamente, un escenario, la irrupción del peronismo implica –incluso más allá de las alianzas con los Estados Unidos- una fisura en esa concepción, en tanto ponía distancia tanto del capitalismo netamente empresarial de una potencia y de las tendencias socialistas o comunistas de la otra.

Allí es donde la recuperación de la figura del agregado obrero que hace el documental, comienza a cobrar valor. Lo disruptivo de esa decisión –que nadie sabe exactamente quién tomó, aunque se sospecha que fue inspirada por una figura similar propugnada por la Revolución Mexicana- se sitúa no solo en la incorporación del obrero a través de sus representantes –como expresión de esa Argentina nueva, como se señala en alguno de los testimonios-, sino en la forma en que éstos comenzaron a actuar en relación con el territorio al que llegaban. Más allá de las circunstancias protocolares propias de cada embajada, lo que recoge el documental es la idea del contacto de esos agregados con las organizaciones obreras de otros países. En el fondo de esa dispersión propagandística de las ideas del peronismo en la materia, se encontraba la posibilidad de generar organizaciones laborales que excedieran el marco de los países, cuya prueba inicial fue Atlas, que focalizó ese intento entre los países de Latinoamérica. En Agregados obreros entonces, la figura adquiere una dimensión tal vez inesperada: no se trata de un simple cargo decorativo, sino de una apuesta política consistente que hasta generó la necesidad de crear una Escuela para capacitar a los futuros agregados.

Lo notable es que de los mismos testimonios, lo que surge es la tensión que esos nombramientos fueron generando. No hacia el interior de las organizaciones obreras nacionales –aun cuando no existen registros del criterio con que se los seleccionaba y el destino que se les daba a cada uno de ellos-, sino en la relación con el cuerpo diplomático. Tensiones que parecen marcadas por el respeto de ciertas reglas protocolares, pero que por debajo dejan entrever cuestiones de clase –la palabra “invasión” sobrevuela esos testimonios. Pero que revelan la imposibilidad latente de congeniar las esferas a las que cada parte se dirigía: si la diplomacia se encargaba de las relaciones entre los estados, los agregados en cambio funcionaban como diplomáticos, pero en relación con los pueblos y sus organizaciones sociales. Y que, de alguna manera, también terminaban volviéndose contra los ejes ideológicos que propugnaba el peronismo –como en el relato de las 200 personas refugiadas en la Embajada Argentina en Guatemala tras el golpe contra Jacobo Arbenz en 1954 y que al llegar a la Argentina fueron puestos en prisión por declararse comunistas.

Si bien la narrativa del documental se detiene mayormente en la historia de Conde Magdaleno en la Unión Soviética –en especial, por las contradicciones entre la imagen proyectada de paraíso para los obreros y el hambre y la coerción política que el estado aplicaba sobre ellos-, a su alrededor orbitan y aparecen los nombres de otros agregados en diferentes países, cumpliendo con misiones similares y construyendo un modelo de intervención política que no existió ni antes ni después. En esa apuesta es que el documental sostiene una de las vetas de la singularidad del peronismo como movimiento político y social: el aprovechamiento de ideas provenientes de otros lugares, pero con una tendencia a su profundización. La historia de esos agregados obreros dispersos de a centenares por el mundo es, en estos tiempos, una intervención que recuerda lo que la voluntad política pudo construir en el pasado y señala caminos posibles hacia el futuro. El valor de esa recuperación tiene que ver con la memoria, pero esencialmente se vuelve política, en tanto implica una mirada sobre el mundo que se proyecta a la actualidad y que vuelve a ese pasado como una interrogación sobre el presente.

Agregados obreros (Argentina, 2025). Dirección: Marcelo Rest. Guion: Gustavo Alonso. Duración: 85 minutos.

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