Train to Busan 01Invasión zombie es una película política que habla del mundo en el que vivimos y de los efectos catastróficos que genera vivir en él. Entonces no debería poder leerse de otra manera que como una narración que describe en profundidad el fenómeno del neoliberalismo y las consecuencias que tiene para la subjetividad vivir en un mundo deshumanizado en donde los parámetros que rigen la convivencia entre humanos provienen específicamente del logro y bienestar individual. El tácito contrato que hace a la vida social -del que habla Durkheim- no existe más y, como rige la ley de la selva, lo único que importa es salvarse a como de lugar.

La crítica de cine que prioriza a los géneros y a las estructuras formales (deberíamos empezar a pensar, desde la crítica, cómo escribir sobre la critica porque la historia del cine es también la historia de la crítica y el presente del cine no es otro que el presente de la crítica) seguramente hará hincapié en la notoria destreza narrativa de Yeon Sang-ho, seguramente hará una relectura de sus films anteriores, otra crítica igual de desideologizada escribirá sobre la maestría con la que el director manipula el género de terror para situar su poder metafórico en la época actual, y otra pensará cómo los clichés del cine de terror son reformulados desde la cinefilia del autor .También merecería destacarse la composición del encuadre y los virtuosos recursos de puesta en escena que el director utiliza para construir escenas de un suspenso voraz, muchas veces hasta dejar al espectador golpeado física y emocionalmente. Algún otro crítico elogiará la utilización de las elipsis y lo que ello constribuye a la dinámica del relato en general. Todas esas lecturas serán adecuadas y merecerán una atención pormenorizada. Sin embargo, en ninguno de estos puntos radica la pulsión que hace que Invasión zombie mantenga al espectador encadenado a la butaca durante las dos horas que dura la proyección ya que sus principales virtudes no provienen del manejo de la técnica si no de la humanidad y el complejo entramado humanista que la película con(lleva).

Invasión zombie habla de ciudades destruidas como en la saga de Avengers. Pero allí donde en la factoria Disney-Marvel hay una preocupación notable en pos de evitar la destrucción del mundo tal cual lo conocemos ( lo cual habla de los traumas que se produjeron al interior del imperio y que también se observa claramente en Sully, la última película del inoxidable Clint Eastwood), en la película de Yeon Sang-ho emerge una preocupación y un cuidado por observar y seguir muy de cerca, minuciosamente, la mutación del protagonista, la transformación que se observa en su personalidad. El cambio de paradigma que atraviesa este empleado financiero lo realiza porque se encuentra en el seno de la acción. Es la misma aventura la que lleva a este gris empleaducho, figura espectral  del capitalismo financiero, a transformarse lisa y llanamente en un  ser humano. Entonces tenemos la aventura pensada como travesía, o como viaje iniciático, por un lado, y por el otro tenemos a la pequeña  hija del protagonista, despojada de la contaminación del mundo neoliberal en el que nuestras vidas y nuestra humanidad se encuentran afectadas.

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La película también remite al tópico de la grupalidad, y cuando digo grupalidad remito a El Eternauta porque en Invasión zombie , como en la historieta de Oesterheld y Solano López, de entrada observamos que esos sujetos «normales», envueltos en eventos extraordinarios, solo podrán revestirse y tomar la carnadura heroica al relacionarse los unos con los otros. La metáfora de Oesterheald del héroe grupal  ocupa, entonces, el centro de la escena de esta película abismal.

El virus que resulta el origen de la epidemia es  desconocido y la pelicula no explica demasiado sobre él. La decisión del director está enfocada en narrar la  vida de ese padre y esa hija que se encuentran desencontrados y que, en ese viaje en tren,  la desgracia no va a hacer otra cosa que unirlos. Podríamos pensar que el virus es el sistema “Mundo», tratando de descubrir cómo debería pensarse la política hoy en día en términos de globalidad bien entendida. La energía libidinal del director está  enfocada y dirigida a  narrar la debacle social y política de un sistema que lleva a los sujetos a la lucha por la supervivencia olvidándose de los demás. Esa lucha por la supervivencia también remite a la saga de los muertos vivos de George Romero. Acá como allí también surge  la duda inmediata acerca de quiénes son los muertos, o quizás la pregunta más desgarradora aún ya que es de orden ontológico sobre cuál es el real significado de nuestras vidas (¿Para qué vivimos?).

Otra cuestión interesante del film es la clara convicción ideológica del director que lo lleva a no temerle a la hipérbole de la metáfora. Aquí  no existe la posibilidad de lecturas ambiguas sobre el material filmado. Para Yeon Sang-ho el mundo ya está contaminado desde antes de que el virus se propague. Entonces el virus sería pura consecuencia, puro síntoma de una sociedad fragmentada en donde los lazos sociales están rotos y solo prima el instinto de la más pura y gratuita supervivencia.

Invasión zombie son dos películas en una: una pelicula de sobrevivientes, un grupo de desconocidos que queda varado y a la deriva mientras realizan un viaje en tren cuya supervivencia depende de la unión; y, más allá de que la película se ancla en esa  necesidad de solidaridad que presenta esa comunidad cerrada -que se opone al paradigma de la sociedad cerrada que muestra la sociedad infectada-, la película también es una pelicula filial, una conmovedora historia de encuentros y desencuentros entre un padre y una hija. En esa historia donde la pequeña Soo -an realiza uno de esos papeles conmovedores que marcan para siempre al espectador. En los pliegues y rostros de esa chica (y el cine es el arte que por excelencia e encarga de captar por el espíritu y de allí proviene su esencia metafísica) podemos observar y comprender esa otra película que subterráneamente completa a la de terror. Es el melodrama protagonizado por la soledad de esa niña olvidada en el inicio de film que canta para un fantasma, y que finalmente canta una plegaria de amor para alguien que se transformó, a sus ojos y para siempre, gracias a la aventura.

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Podríamos pensar que en el cine de Yeon Sang-ho hay terror a la Romero pero también hay melodrama y denuncia social a lo Kean Loach. En Invasión zombie no hay ningún miedo a meter las manos en la suciedad de un mundo infectado en el cual las víctimas son víctimas de un virus silencioso que se propaga irremediablemente, sino que hay imperiosa necesidad de que los protagonistas de esa tragedia asuman la intervención en la dirección en la que va el tren, el mundo, nuestras vidas. En ese sentido Invasión zombie es un film político que toma el género para dejar sentada una mirada sobre mundo y sobre lo que el capital transfinanciero esta haciendo del mundo.

El pasaje de la deshumanización del protagonista hasta su conmovedor final, en el que repasa en segundos los logros inmateriales de su vida, nos pone los pelos de punta, estremece y conmueve hasta el llanto más primal. Nos permite pensar en ese viejo precepto liberal decimonónico de que somos dueños de nuestras acciones, somos potencia en acto y solo debemos saber dirigir esa potencia hacia el lugar indicado. Pensar el acto de vivir, pero vivir con otros y no aislados de los otros, vivir humanizados y no sometidos a la lógica despiadada de un virus que nos sumerge en la oscuridad de una soledad aterradora que solo nos lleva a la muerte.

Aquí puede leerse un texto de Luciano Alonso sobre la misma película.

Invasión zombie (Busanhaeng, Corea del Sur, 2016), de Yeon Sang-ho, c/ Yoo Gong, Soo-an Kim, Yu-mi Yung, Dong-seok Ma, 118′.


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