“Mi nombre estuvo incompleto hasta que cumplí 20 años” nos dice desde la pantalla el director de Catálogo para una familia. Una serie de documentos (fragmentados desde la imagen) se suceden como partes de un rompecabezas que la película intentará rearmar. Hay una conciencia de la ausencia de piezas –la más notoria es el tiempo que queda en blanco entre el reencuentro del padre y el abuelo y la recuperación del apellido paterno- que opera de alguna manera, en paralelo con la obra escultórica del abuelo, Jorge Michel. Es entonces que la idea de catálogo que se propone desde el título, se hace presente: las piezas de la historia familiar y de la obra del escultor se recuperan, se ponen en relación con el entorno, se registran para que no se pierdan.

Unos primeros intentos de definición de Jorge Michel. Hay quien dice que vestía con una camiseta y una camisa arriba. Otro dice que no hablaba mucho y que cuando lo hacía, se concentraba en los detalles y hablaba a borbotones. Una referencia inquietante: “Escuchar la vida de Michel era escuchar la vida de dos personas”. Dos personas escindidas entre el trabajo físico y el artístico. El fogonero de barcos y el escritor. “Cuando no fogoneaba en el barco, leía”, se dice por allí. La escisión se prolonga. De regreso de uno de los viajes, Judith su esposa, enamorada de otro hombre, decide la separación. Se lleva al hijo de ambos, le cambia el apellido (Juan Jorge no es Michel sino Fariña, aunque su padre biológico siga incluyendo su apellido en la dedicatoria de su poemario). Una mención refiere una pelea entre Michel y Fariña, que impone la distancia. La segunda vida de Jorge Michel parece empezar allí, en ese momento, marcada por un hijo que llevará otro nombre y al que no verá por 35 años.

“Un náufrago siempre está solo” escribió Jorge Michel en uno de sus poemas. Es 1962 y poco después, el náufrago logra volver a tierra firme. Encuentra a una mujer que también había naufragado (¿o acaso aislarse de un marido conservador y ultracatólico después de haber tenido a sus hijos no es una especie de naufragio?). Pensar en ellos como un traslado al mundo real de la historia de la dama y el vagabundo: la mujer que descendía de los Alvear y su aristocracia a cuestas y el lumpen que cargaba carbón en las calderas de los barcos. Se convierte en historia de revistas, en pareja célebre. Es 1968 –lo dice el margen de la nota en una revista que puede ser Gente o Siete Días que el documental rescata- y Jorge Michel es un artista reconocido que vive junto a Josefina Robirosa en una extraña y fascinante casa de nombre La Celeste, diseñada por Clorindo Testa. Los dos se han vuelto un centro alrededor del cual orbita parte del universo artístico. Una filmación que parece provenir de los antiguos noticieros cinematográficos –un notable hallazgo documental- lo pone de manifiesto, aún en la atmósfera distendida del verano que comparten con otros artistas.

Entonces, comienza la recuperación del trabajo de Michel. Primero, recurriendo a los espacios, en las filmaciones que lo muestran trabajando. El salto entre las filmaciones de fines de los 60 y comienzos de los 80 se suple con otro tesoro oculto: las fotos que Juan Caballero tomó, como una serie, siguiendo el proceso de la realización de una escultura y las que provienen de la muestra en los Salones Nacionales. En medio, el rescate  de filmaciones caseras: Michel en su taller, mostrando sus herramientas de trabajo; Michel trabajando en la plaza de la Recoleta; Michel explicando que al trabajar “hay que aprender a desperdiciar material”. Curiosidad: en una de las filmaciones, Michel plantea que “todo el mundo quiere destruir una escultura, es una aspiración humana”. Pero él las crea, les da un espesor específico: ¿es acaso entonces Michel una entidad no humana o sobrehumana?

Algo empieza a intuirse: Ricardo Longhini revisa el catálogo de la exposición en los Salones Nacionales. Recorre las obras una por una. Advierte que de apenas dos o tres sabe quiénes las tienen. El resto no se sabe dónde fueron a parar. Signo de la vida del artista: la obra se dispersa, en algún caso se vende, en otros se pierde. Empieza entonces la búsqueda de la obra perdida. La cámara registra, casi con incredulidad, una obra de Michel sobre una pequeña mesa en un pasillo del edificio del JP Morgan. O en los jardines de una mansión en las afueras de Nueva York. Si hay cierta lógica en que haya algunas obras en el patrimonio del Malba o en el de su dueño, esa dispersión en la que se ha perdido la trazabilidad de la obra (¿cómo llegó allí? ¿dónde la compraron?¿el artista recibió algo?) carece de todo sentido. En esa recuperación entonces, adquiere centralidad la exposición en Nueva York, sobre la que orbita la última parte del documental. El registro vuelve otra vez sobre los documentos como elemento central para medir el previo entusiasmo generalizado y la complejidad que implica el traslado de las obras (es notable la carta de la dueña de la galería que termina con la frase “llegó tu hora, Jorge Michel”)

La exposición se convierte en un hito que divide las aguas. Un pasaje que va de la perspectiva de cierta trascendencia internacional al abandono y la pérdida de la obra. En el medio, está la enfermedad, la debacle física. El documental comprende que en ese encadenamiento de situaciones aparece cifrado el olvido, la desaparición doble: de la obra que formó parte de la exposición y del nombre del artista en el circuito. Como si el dolor de la enfermedad y la muerte hubieran sido demasiado para Robirosa, la obra de Michel queda abandonada (la de Nueva York por la imposibilidad de afrontar los gastos de depósito y traslado; la del taller, quizás por desidia, tal vez por cuestiones emotivas). De allí que ese catálogo que emprende el documental funcione más que como una enumeración de momentos y piezas, como una recuperación de la identidad que es por partida doble. La de Iair, que recupera la historia de ese abuelo que no conoció como parte de su propia identidad. Y la de Jorge Michel, rescatado del olvido y poniendo su nombre nuevamente en circulación. Una y otra se encuentran inevitablemente en un momento: ese en el que, en Nueva York, Iair Michel Attias se sienta, como su abuelo en una antigua foto, en la escultura realizada por Jorge Michel.

Catálogo para una familia (Argentina, 2023). Dirección: Iair Michel Attías. Guion: Iair Michel Attías. Fotografía: Eduardo Crespo, Pigu Gómez, Esteban Perroud. Edición: Verónica De Cata, Iair Michel Attías. Duración: 84 minutos.

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