1.Antonio –al comienzo todavía no sabemos su nombre- está en su casa. Dibuja, hace cálculos que no le salen –a sus amigos tampoco. Pero está solo. Su padre, en los primeros momentos de Adulto (González, 2024)  es una ausencia que solo se puede romper –o eso se pretende- a partir de los mensajes telefónicos. Pero tampoco hay respuestas. El padre no responde ni siquiera las preguntas obvias (“¿cuándo vas a volver?”). La aparición de Eloisa (Camila Peralta), la chica que trabaja como cuidadora en la casa vecina, revela que el padre lo elude, que lo que hay que comunicar no le llega a Antonio sino a Eloisa. Antonio está solo, pero además ignora. Algo de eso se intuye en la charla con Lolo, cuando dice que su padre tiene una pyme de suplementos para gimnasios y Lolo le responde que eso son drogas.

2.Raúl (Juan Minujín), el padre, aparece más adelante. Lo lleva a probar una moto nueva por las calles de la ciudad. Algo anticipa lo que vendrá: cuando advierte que la policía los sigue, hace bajar a Antonio y sigue su camino. Raúl se despreocupa de su hijo: por eso esa escena se percibe como una continuidad de ese inicio en soledad en la casa. “Mirá si me disparan”, le dice Antonio cuando se reencuentran en la casa y le reprocha que lo dejó solo. “Y, tenés que correr”, le contesta Raúl. La relación entre padre e hijo se revela entonces, asimétrica: todo lo que Antonio busca en su padre, este no está capacitado o interesado en darlo.

3.Sin embargo, lo que predomina es la incógnita. Adulto se plantea desde la mirada de Antonio, y desde allí el problema se centra en el acceso a la información de ese padre elusivo que construye su vida a una distancia que nunca queda demasiado clara (¿dónde trabaja? ¿qué hace de su vida? ¿dónde está cuando Antonio lo llama?). Si la figura de la madre directamente es inexistente, incluso desde lo no nombrado, la ausencia física del padre resalta, más que la soledad, la mirada individualista que proviene de ese mundo adulto (las reacciones de Damiana (Valeria Lois) cuando Raúl está en la comisaría van en ese mismo sentido). Antonio va supliendo esas figuras ausentes entre lo que impone el padre –aun manteniéndose en segundo plano, casi como una figura fantasmal-, ya se trate del cuidado de Eloisa primero o de vivir en la casa de su amigo Martín después, y su decisión de romper con la individualidad a partir de ese colectivo amistoso que construye con Lolo y Sofía.

4.Ante la incógnita, Antonio pregunta. El padre construye un relato cuyas aristas se perciben más cercanas a la duda que la certeza. El rostro de Eloisa parece asentir en esa duda sobre la eventual veracidad. A partir del momento en que está en el hospital por el accidente de la moto, el espacio que ocupa el padre se vuelve más difuso: cada vez que Antonio lo busca, Raúl pasa a otro espacio y pierde toda forma de comunicarse con él. Raúl no habla con él, argumenta que no quiere preocuparlo. Pero el pasaje de Raúl por el hospital y la comisaría instalan una institucionalización que entra en su vida como una instancia desconocida –incluso para el mismo Raúl, que parece signado por la informalidad. Si la policía puede ser vista hasta ese momento como un juego sin riesgos (la persecución a la moto; la forma en que Antonio y Lolo imaginan que rechazan a los patrulleros que llegan a la puerta de la casa), ahora se vuelve un espacio menos detectable, al que duda si entrar o no (y de nuevo, el padre no le ofrece una respuesta que lo afirme en uno u otro sentido). La policía es instancia de castigo, un espacio oscuro en el que el exterior termina por ser negado –o a lo sumo habilitado fragmentariamente. Pero lo que subyace en la escena de la visita a la comisaría es la ausencia de esa relación entre padre e hijo. Una distancia que no se resuelve en el relato de lo ocurrido ni en las preguntas que Raúl no puede responder.

5.El mundo de los adultos, entonces, se revela hecho de otros tiempos. No son los de los adolescentes. No porque sean los tiempos actuales los que marcan las diferencias, sino porque están corridos de ese espacio institucionalizado. Un desfasaje que pone en primer plano la escena aparentemente inocua del examen en la escuela, con el profesor (adulto) avisando a los alumnos (jóvenes) que no hay más tiempo para responder las preguntas. Pero donde ese elemento se pone en juego es en el planteo de Antonio a su padre (“¿cuándo venís?” pregunta, nunca “dónde estás”) que se repite una y otra vez. Es también en la permanencia de Raúl en esos espacios institucionalizados: allí se repite siempre que va a llevar tiempo aclarar las cosas. El tiempo es el centro de lo que le va a demandar también, a Margarita su recuperación. El tiempo que la película va despegando del paso de los días, a partir de las breves elipsis que va disponiendo. Es la materia en la que se marcan las distancias entre los adultos y los jóvenes.

6.La convergencia que se produce en la anteúltima escena es notable. Toda la película destila sus relatos y su fuerza hasta ese momento, confluye en el dedo de Antonio tocando el timbre en la casa de Margarita. Eloisa lo acompaña hasta allí pero lo deja solo. Y Antonio, solo como al principio, enfrenta a Ana. Porque quiere saber. Quiere saber qué ocurrió realmente, qué hizo su padre. Pero sobre todo quiere saber cómo otro cuida a su hijo. La película no muestra el encuentro de Antonio y Margarita, pero que Ana le permita entrar a su casa es una señal de empatía que se comprende a uno y otro lado de ese portón que parecía separarlos. La canción de la escena final, cuando regresa Antonio en el micro, señala ese espacio confuso en el que está situado ahora, entre el dolor propio y el del otro. El mismo dolor, que solo Antonio parece poder comprender.

Adulto (Argentina, 2024). Guion y dirección: Mariano González. Fotografía: Manuel Rebella. Edición: Susana Leunda. Elenco: Alfonso González Lesca, Juan Minujín, Sofía Gala Castiglione, Juan Martín Viale, Silvina Acosta. Duración: 79 minutos.

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