La pregunta que funciona como bajada del título del documental es la que se repite desde el regreso de la democracia en 1983: ¿Se pueden democratizar las fuerzas de seguridad?. Para comprender la pregunta hay que recordar que la policía y la gendarmería –las fuerzas de las que se ocupa centralmente Su Versión– fueron parte importante del esquema represivo puesto en marcha por las fuerzas armadas durante la dictadura militar, al punto de que muchas dependencias policiales y de Gendarmería funcionaron como centros clandestinos de desaparición. Lo que hubo a partir de esa fecha fue una continua tensión entre la recuperación de las formas democráticas en la sociedad y la continuidad de las formas instaladas en las fuerzas de seguridad durante los años previos. Si esa tensión terminó resolviéndose con el paso de los años, de manera más o menos concreta en relación con las Fuerzas Armadas, no ocurrió lo mismo con el resto de las fuerzas. Por el contrario, la sensación es que mientras el Ejército, la Marina y la Aeronáutica fueron perdiendo peso como factores de poder, las Policías –tanto la Federal como las provinciales- fueron acentuando sus márgenes de discrecionalidad y su capacidad de presionar a los poderes políticos.

El cambio que implicó pasar de una inseguridad “política” marcada por lo ideológico a una inseguridad de lo cotidiano, provocada especialmente por la incapacidad –o la negación directa- de los gobiernos democráticos para sortear las recurrentes crisis económicas y el incremento de la pobreza, puso a la policía en el espacio represivo central. De allí que, como algunos policías lo admiten en el documental, han sido usados como “mano de obra barata” para reprimir a la población y sostener los sistemas económicos de los cuales también ellos eran víctimas. Lo que intenta afirmar Su Versión es, de alguna manera, el “descubrimiento” de que los policías son víctimas del gobierno de turno. Que ese carácter de víctimas está centrado especialmente en un salario indigno del trabajo que realizan. Y que ese cambio en la percepción de sí mismos los lleva a la necesidad ya no solamente de peticionar ante las autoridades, sino y por sobre todo, de requerir la aceptación de su sindicalización como parte de una fuerza trabajadora.

El recorrido del documental –situado especialmente en las huelgas de las policías provinciales de diciembre de 2013, en particular en las provincias de Córdoba y Buenos Aires- implica un camino de doble vía. Por un lado, el registro de lo que ya existe y que funciona como una instancia subterránea, que intenta llevar adelante los reclamos de la policía de una forma organizada. Una serie de pequeños sindicatos, ninguno de ellos legalmente reconocidos, operan en cada provincia como una suerte de avanzada de ese proceso de sindicalización. En ese sentido, el documental funciona como revelador de ese movimiento que funciona por debajo de lo que se observa habitualmente. Por otro lado, sigue a esos mismos sindicatos en la búsqueda de obtener el reconocimiento legal, ya sea a través de instancias judiciales –las audiencias en la Corte Suprema en el año 2015- como en la obtención de apoyos corporativos a partir de las reuniones que se exhiben en la CGT o en ATE. Es en este camino en donde se asienta la idea de sostener los derechos de la policía y que sean reconocidos como lo son el resto de los trabajadores.

De allí que Su Versión funciona de acuerdo a eso que plantea su título –aún con las resonancias ambivalentes que podrían acercarlo a la idea de “subversión”, en referencia a la revuelta, a la ilegalidad en que se mueve-: se articula como la versión de la sindicalización policial vista desde quienes la promueven o quienes la practican. Desde ese lugar, el planteo es preciso y concreto: la legalización de los sindicatos traería aparejado como consecuencia directa no solamente la protección ante los abusos de los superiores, sino la posibilidad de reclamar por mejores condiciones de trabajo, denunciar actos de corrupción y no servir como brazo armado del gobierno de turno. Resulta obvio que esa versión resaltará el costado benéfico, incluso en los escasos momentos en que la formulación de los reclamos adquiere un carácter más concreto (realizar medidas manteniendo guardias, de manera restringida en cuanto a cantidad de gente, sin uniformes y sin armas). En todo caso, las imágenes de los momentos en que los policías se movilizan para sus reclamos parece adherir a esa idea (especialmente en la presencia en la Corte, tanto como en el reclamo ante el gobierno de Vidal a comienzos de 2016). El contraste, en todo caso, se verifica cuando se opone a ello, las imágenes de las huelgas de 2013, en las que se los ve uniformados y con las armas reglamentarias, y sin garantizar guardias, como se vislumbra en los saqueos que se produjeron simultáneamente.

El problema es la idealización de las situaciones, sin contrapesar con el contexto en el que se producen. Reducir el problema a la resistencia de las cúpulas policiales y políticas, aun cuando estas existan y sean poderosas, es una lectura sesgada que omite otros contextos. Plantear, como lo hace el abogado de la CTA, esa otra gran idealización –que es una construcción histórica que solo los mayores de 50 años podrían llegar a reconocer- de la confianza en el “policía de la esquina”, es omitir la forma en que cambió la sociedad en el último medio siglo, pero también desconocer los cambios que se operaron hacia el interior de las estructuras policiales. En la versión de los policías que se agrupan en diferentes sindicatos provinciales, no hay referencias directas al funcionamiento de las estructuras en las que se insertan, el peso que las acciones del pasado y del presente -los lazos con el narcotráfico y con el robo organizado, el uso de las armas para reprimir y matar – imponen sobre la desconfianza hacia la policía que tiene la población.

El único momento en que parece haber un relato –breve- que se contrapone a la versión policial, es cuando un miembro de una agrupación marxista leninista plantea que en principio, desde la óptica de los trabajadores, la policía es el enemigo. Y que hasta que no haya una policía del pueblo –lo cual solo se lograría con una revolución, según él- ese será el lugar de la policía: el de la represión de la movilización social. El intento de desarticular ese discurso desde un joven policía no deja de ser interesante, pero no resuelve la discusión. En todo caso, es en ese momento en que queda reflejada la a-historicidad del planteo, en tanto una y otra vez, las visiones policiales reniegan de la historia institucional, reduciendo la estructura a los arrestos individuales o de pequeños grupos que logran articularse hacia el interior de las mismas.

Lo notable es que en el planteo de la sindicalización –acompañado por la CGT peronista, por ATE y por dirigentes reconocidos de diferentes tendencias políticas como Ricardo Alfonsín, Vilma Ripoll y Alejandro Bodart- lo que queda fuera es la referencia a los cambios y la profundización de los planes de estudio para la carrera policial. Eso que en algún momento se puso en marcha para las Fuerzas Armadas –y que plantea un documental como Palabras pendientes– es un tema que parece intocable para el resto de las fuerzas de seguridad, y que ni siquiera aparece en quienes plantean una visión sindical algo más clara –en todo caso, solo se refieren a ciertos “slogans” que se repiten en la instrucción pero sin ir más allá de eso-. La democratización de las fuerzas de seguridad, en todo caso, planteada solo desde la sindicalización, parece ser una mirada restringida, limitada, en tanto focaliza únicamente en las recomposiciones salariales, pero sin apuntar a la transformación de la institución. La ausencia de esos elementos le da al documental una perspectiva algo limitada a sostener una versión, sin contraponerla a otras a las que da por sentadas, pero con las que no se entabla una discusión en Su versión. Lo más importante, en todo caso, es poner el tema en circulación, en tiempos en los que el tema ha formado parte de la agenda política por la movilización de la policía bonaerense del mes pasado (que por otra parte, no respondió a las formas que plantean los sindicatos), y ofrecer al público una voz que habitualmente queda sepultada por otras interesadas en mantener las instituciones sin ningún tipo de cambio. Pero quizás la clave del tema se encuentre en esas palabras que cerca del final dice Gala Villegas: tal vez, primero, los policías deban reconocerse a sí mismos como trabajadores, tomar conciencia de ese lugar, para después recién encarar las formas de organización de esa fuerza. Mientras tanto, el riesgo sigue siendo que se vuelvan a producir movilizaciones como la que llevó a la Policía de la Provincia a rodear la Residencia Presidencial de Olivos, en algo más parecido a una demostración de fuerza que a una petición a las autoridades.

Calificación: 5.5/10

Su Versión (Argentina, 2020). Dirección: Santiago Podestá. Guión: Santiago Podestá, Juan “Elvis” Pereyra, Natalia Tito. Cámara: Demian Santander, Alejo Rebora, Luciano Sette, Santiago Podestá, Fernando Urdapilleta, Federico Scilleta, Martín Rodríguez, Pablo Chehebar, Juan Zaldua. Sonido Directo: Diego Franco. Edición: Daniela Pormi. Música Original: Santiago Podestá. Disponible en Cine Ar Play.


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