casa3Taika Waititi y Jemaine Clement escriben, producen, dirigen y protagonizan una de las comedias de terror paródicas mejor logradas en muchísimo tiempo. Se valen, principalmente, de dos géneros que han atravesado una notable decadencia en los últimos -tranquilamente- diez años; el de vampiros, con una importante tradición literaria y folclórica, y el mockumentary o falso documental, subgénero que surge en el cine posmoderno de la mano de Rob Reiner y su This is Spinal Tap (1984) y que explota los códigos formales del cine documental con tendencia a la comedia. Casa vampiro, pequeña coproducción entre Nueva Zelanda y Estados Unidos, retrata la convivencia de un grupo de vampiros que comparten una casa en Wellington durante los meses previos a La mascarada diabólica, un importante evento que reúne a la sociedad secreta a la que éstas y otras criaturas legendarias del terror pertenecen.

Cada uno de los vampiros está perfectamente delineado dentro de las distintas variantes que se han ido desarrollando tanto en la literatura como en el cine. Viago (Taika Waititi), principal narrador y presentador de la película, es un vampiro de trecientos setenta y nueve años que reúne todas las características del vampiro romántico, aristocrático, con un gran sentido de la elegancia y una notable ambiguedad sexual. Vladislav (Jemaine Clement), de ochocientos sesenta y dos años, es el típico vampiro medieval, con un gran apetito sexual, un ego insufrible y un pasado de barbarie que incluye decapitaciones, empalamientos y otros métodos crueles. Ya su nombre remite directamente a Vlad Draculea, el noble romano que inspiró al Drácula de Bram Stoker. Deacon (Jonathan Brugh) tiene ciento ochenta y tres años y se encuadra dentro del vampiro moderno, de aspecto reventado y espíritu bohemio, diferenciándose del resto por tener orígenes plebeyos. Es, en principio, el más joven y por lo tanto el más rebelde, pero terminará desplazado por Nick (Cori Gonzalez-Macuer), un recientemente convertido que supone, además, una crítica al detrimento que ha significado para el género la relectura conservadora de Crepúsculo, convertida en un producto de consumo adolescente sin espíritu romántico y aniquilando su misticismo. Tanto Deacon como Nick son iniciados por Petyr (Ben Fransham), de ocho mil años de edad, lo que infiere una cierta preferencia de este último por los jovencitos. Petyr responde al imaginario expresionista alemán de la criatura, caracterizado como Nosferatu, primer vampiro llevado al cine por Murnau en 1922 y luego por Herzog en 1979. Por su edad es el menos sociable, el único que no habla y que vive recluido en un sótano repleto de huesos.

Pero no sólo los personajes fantásticos determinan estereotipos. Los secundarios que acompañan a la troupe principal presentan rasgos ineludibles anclados en «la realidad» de los mortales. Jackie (Jackie van Beek) es la asistente de Deacon, una mujer de clase media, casada y con hijos, que entrando en sus cuarenta le reclama constantemente a su amo que la convierta para detener el paso del tiempo y, de paso, transformar a su marido en su sirviente. Por otro lado se encuentra Stu (Stuart Rutherford), un programador de software que ayuda a los vampiros a descubrir las herramientas del mundo moderno al que intentan adaptarse. El único humano al que se le permite vivir en la casa es un personaje retraído, inexpresivo y claramente virgen, que termina funcionando casi como una mascota. La empatía que el grupo siente por Stu es inmediatamente contagiada al espectador; de hecho, no hay un personaje en toda la película que no genere una conexión inmediata, uno de los rasgos que pueden hacer de ella uno de los mejores estrenos de lo que va del año, y que ya viene cosechando muy buenas críticas luego de su paso por las últimas ediciones del Festival de Mar del Plata y del BAFICI.

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El título que le pusieron en nuestro país puede hacer pensar que estamos ante una parodia del estilo de las Scary Movie u otras, incluso peores, como las infumables Casi 300 o Epic Movie pero, lejos de caer en un pastiche grosero que rejunta chistes sin demasiado sentido, What We Do in the Shadows (vale decir, Lo que hacemos en las sombras) define y elabora claramente las convenciones que deconstruirá, restituyendo y actualizando el nonsense al mejor estilo Monty Python. Waititi y Clement, que tienen una amplia trayectoria en la comedia teatral y cinematográfica neozelandesa, hábilmente traspolan las rutinas vampíricas a situaciones cotidianas relacionadas con la amistad, la convivencia, el amor y la vida moderna (la división de tareas en la casa, elegir qué ponerse sin poder verse en el espejo, los recaudos que hay que tomar a la hora de elegir morder a alguien, los enfrentamientos callejeros con una pandilla de licántropos, etc.), manteniendo una lógica interna que se sostiene hasta el final.

Casa vampiro (What we do in the shadows, Nueva Zelanda/Estados Unidos, 2014), de Taika Waititi y Jemaine Clement, c/Taika Waititi, Jemaine Clement, Jonathan Brugh, Cori González-Macuer, Stuart Rutherford, Ben Fransham, 86′.


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