En el inicio vemos a un hombre de clase media levantarse de la cama de una habitación en penumbras para comenzar su día. Al ingresar a la ducha, el zoom in hacia el vidrio de la mampara multiplica su imagen. Diego Lerman sitúa entonces uno de los temas de su última película, El suplente (2022): la cuestión de la crisis de identidad que atraviesa al protagonista.

Efectivamente en la primeras escenas vemos a Lucio (Juan Minujín) en el circuito literario atendiendo a la presentación de su libro. En esa mesa se discute sobre problemáticas intelectuales del campo literario y Lucio dirige al auditorio una pregunta que considera importante en esta época de sujeción a las tecnologías: “¿para quién escribimos poesía?”. Seguidamente vemos a Lucio tomar su cargo de profesor suplente de literatura de un curso de una escuela con órbita en un barrio vulnerable y nuevamente su imagen se duplica sobre el vidrio de la recepción. La crisis de identidad se dibuja aquí entre el escritor de los círculos literarios y el docente de un barrio popular. Pero también se juega la misma crisis respecto de su lugar de hijo en relación a su padre, conocido como “El Chileno” (Alfredo Castro), aquejado por una enfermedad en estado avanzado, de su lugar como padre respecto de una hija adolescente que se resiste a seguir su deseo de ingresar al prestigioso Colegio Nacional, e incluso respecto de su lugar como hombre respecto de su ex-mujer, de quien se encuentra separado hace relativamente poco. Los primeros planos sobre Lucio lo toman con rostro apesadumbrado y su vestimenta en la gama del azul y del gris traducen desde la puesta en escena el estado anímico de agobio y pérdida de referencias que lo atraviesa en este momento.

En la primera parte de la película se trata de los esfuerzos de Lucio por interesar a los alumnos en la literatura, algo que de entrada consideran inútil en medio de sus condiciones de vida vulnerable, donde claramente se ven enfrentados con otro tipo de problemas: mala alimentación, violencia familiar, acecho de bandas de narcotráfico, etc. En este punto, el film se emparienta con el cine de Laurent Cantet, especialmente con Entre les murs (2008) y L’ Atelier (2017). En esta línea el director utiliza con inteligencia las referencias literarias durante las clases de Lucio, que no se presentan por mera erudición sino al servicio de una trama que hibrida el relato intimista con el realismo social y con elementos del policial. Desfilan por allí Almafuerte, poeta que canta a las masas; la definición de Borges sobre la poesía, la figura retórica de la paradoja y el policial de enigma, buscando el docente acercarse a la realidad cotidiana de sus alumnos y tocarles alguna fibra que los cause con la literatura.

El Chileno está trabajando en el proyecto de un comedor popular, con el apoyo del intendente, pero sus fuerzas comienzan a abandonarlo. Al mismo tiempo el territorio está disputado por una banda narco local, comandada por El Perro Olmos, que intenta desplazar al intendente. En medio de esta lucha de poder la vida de Dilan, uno de los alumnos del colegio, va quedar amenazada por los narcos cuando se descubra una gran cantidad de droga oculta en el baño de la escuela. La política y sus organismos responden a este hecho militarizando el colegio con gendarmería, llevándose detenidos a algunos alumnos y estableciendo vigilancia sobre los asisten a las aulas. Aquí se establece una paradoja: se busca restablecer un orden ejerciendo violencia desde las fuerzas de seguridad y estigmatizando la pobreza. Se desdibujan las fronteras con que fuera recibido Lucio por sus compañeros docentes, “Bienvenido a la barbarie”, quedando la barbarie del lado de los presuntamente civilizados que ven en los jóvenes a unos criminales sobre los cuales debe caer todo el peso de la fuerza, en vez de pensarlos como víctimas de la vulnerabilidad social, presas fáciles de ser utilizados por los verdaderos criminales.

En la asamblea de docentes se produce una grieta entre los que dicen defender a las familias trabajadoras y consienten continuar impartiendo clases en ese estado de situación y aquellos que están del lado de la defensa de los derechos de los alumnos. Lucio es testigo de cómo se llevan detenido a un alumno de su clase y de la deserción escolar de Mayomi (Amely Mejía) – una alumna que tiene condiciones pero cuyos padres le prohíben estudiar debido a considerar que el ambiente es peligroso- y de Dilan (Lucas Arrúa), quien deja de concurrir al estar amenazado por los narcos. La escuela, condescendiente con los organismos de poder, se vuelve expulsiva con sus propios alumnos.

En este punto es interesante reparar en el título del libro que presenta Lucio en las escenas del comienzo: Orilla. De esta manera el director consigue captar en ese pequeño y maravilloso detalle tanto el dilema ético que se juega para Lucio (de qué lado se va a colocar en esta coyuntura: del lado del aparato de la burocracia político-judicial o del lado humano del compromiso con los alumnos) como la función de la poesía en tanto letra que hace borde entre el saber que se escribe y el goce resonante de la lengua. La relación de Lucio con sus alumnos va a sufrir un viraje cuando él muestre su compromiso para con ellos. Entonces allí despunta la pregunta por el estatuto de la transmisión: un maestro no es aquel que transmite un contenido o que cumple con una función, sino aquel que la encarna atravesado por un deseo que lo anima; aquel que puede poner a sus alumnos en el lugar de una causa que lo interpela.

Finalmente es interesante detenerse en el título de la película: Lucio no es sólo suplente de un cargo escolar, es suplente en tanto sucesor del legado de compromiso social de su padre, pero también aquel que suple con su amor por la ficción literaria aquello que hace falta en situaciones de complejidad social: el alma humana, indispensable para no desfallecer ante la adversidad.

En El suplente Diego Lerman consigue un logrado retrato de la realidad escolar en contextos vulnerables y sostiene su ética del humanismo solidario para con los más desprotegidos del tejido social, a contrapelo de la imperante ética del individualismo del corte neoliberal.

Calificación: 9/10

El suplente (Argentina, 2022). Dirección: Diego Lerman. Guion: Diego Lerman, María Meira, Luciana de Mello. Fotografía: WojciechStaron. Montaje: Alejandro Brodersohn. Elenco: Juan Minujín, Lucas Arrua, BarbaraLennie, Alfredo Castro, María Merlino, Renata Lerman, Rita Cortese. Duración: 110 minutos.


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