Jaques Audiard es hijo de Michel Audiard, uno de los grandes guionistas del cine francés de la segunda mitad del siglo XX. Audiard padre fue un guionista de eso que conocemos como cine comercial y firmó los guiones de grandes películas ATP al servicio de directores como Jaques Deray, Georges Lautner y Robert Enrico que se encontraban lejos de las cumbres artísticas que representó la “nouvelle vague” con su irrupción vanguardista allá a fines de la década del 50 del siglo XX.

Quizás debido a ese linaje vinculado al cine popular algo se incorporó por ósmosis en el ADN de Audiard hijo. Desde sus inicios, con ese excelente policial melancólico (y tan pertinente para pensar este tiempo de convivencia naturalizada con la marginalidad) que es Miren a los hombres caer (1994) -con el notable dúo protagónico integrado por Jean-Louis Trintignant y Mathieu Kasovitz-, pasando por ese otro ejercicio cercano al polar adaptado a nuestros tiempos que es Lee mis labios (2001) y llegando hasta sus películas consagradas como El profeta (2009) y la premiada Dheepan (2015), Audiard hijo construyó una carrera exprimiendo los géneros al máximo. París, Distrito 13 es una película coral que tematiza el amor en el mundo contemporáneo a partir de varias historias centradas en la vida de cuatro jóvenes que viven en un barrio situado en las afueras de París, “Les Olympiades”. A los protagonistas del film los vincula y conecta cierto aire de época, entre melancólico y lúgubre, como si fueran personajes salidos de un ensayo de Byung Chul Han o de Zigmunt Bauman. París, Distrito 13 tiene algo del espíritu callejero del cine pionero de Rohmer, cruzado con un formalismo estético más deudor del cine comercial, dicho esto sin ningún tipo de consideración peyorativa. Como si algo del Audiard padre, en su amor por un cine clásico y directo, hubiera sido adquirido de manera innata por su hijo.

En tanto ensayo fílmico sobre el desamor y la soledad, la película de Audiard se apropia con inteligencia de los elementos del como un melodrama, en su variante postmoderna. A pesar de que algunos personajes están más delineados que otros, el director nunca usa un psicologismo barato para definirlos desde su personalidad; en su película hay misterio y ese misterio con el que los personajes deben convivir hace que la película funcione de inicio a fin. A partir de un guion en el que entre otros participa la notable Céline Sciamma, París, Distrito 13 consigue entrecruzar la vida de personajes de la misma generación y determinados por circunstancias como son la precariedad laboral, la subjetividad atravesada por la tecnología y la incertidumbre afectiva. Todos los jóvenes de este cuento moral contemporáneo navegan entre el deseo y una vida adulta signada por la fragilidad y la incertidumbre. Esa circulación dentro de una geografía delimitada se inicia con una volcánica relación entre Émilie (Lucie Zhang) y Camille (Makita Samba), un profesor universitario muy creído de sí mismo. Émile, por su parte, trabaja de vendedora en un call center y busca un compañero de cuarto que le dé un ingreso ayudándola en su economía cotidiana. La relación específicamente comercial mutará en un intercambio no solo económico sino sexual. Audiard filma ese vínculo de un modo enérgico. Las escenas sexuales son muy intensas y el director las construye con pericia, capturando tensiones entre los amantes que se sumergen en su efímero vínculo amoroso.

Desde el inicio, París,Distrito 13 muestra mayor empatía con Émile, en tanto que Camille destila ironía y cierto cinismo que inspira rechazo, sobre todo debido a la frialdad que muestra en el trato con su padre y su hermana. A medida que avanza, la película problematiza en las causas de ese modo de vincularse con los demás por parte de Camille que es el personaje que conecta todas las historias narradas. Audiard narra de modo poderoso esa sexualidad efervescente que pareciera ser el punto de partida sobre el que las subjetividades dañadas por ese modelo económico (podríamos definirlo como un postneoliberalismo) intentan construir un cierto sentido a su existencia. La abulia de estos tiempos plagados de zombis y precarizados laborales se construye a partir de dispositivos que nos intentan alejar la soledad que siempre se encuentra acechante. La paradoja del film es que la tecnología que aliena, enloquece y aísla, también termina funcionando como tabla de salvación en el episodio que vincula a Nora (Noemí Merlant) y Amber Sweet (Jehnny Beth). Nora es una chica con un pasado vincular traumático y abusivo que estudia derecho y es confundida con una camgirl. Producto de esa confusión Nora termina alejándose de su círculo íntimo y dejando los estudios. Mientras intenta curar sus heridas conoce a Camille, quien cambió su carrera docente por la más modesta administración de un negocio inmobiliario.

La primera media hora centrada en el encuentro y desencuentro entre Émilie y Camille, marcada por el cinismo y la deshumanización, muta en la práctica de la empatía que une a los personajes, filmada desde esa lejanía que permite conmovernos sin caer en ningún tipo de golpe bajo. Finalmente, tanto Émilie y Camile como Nora y Ambar Sweet se encontrarán después de muchas idas y vueltas. Ese final triunfante y feliz, propio del mejor melodrama en el que el amor triunfa ante todos los males de este mundo, es el último acierto de una película áspera y esperanzadora al mismo tiempo. París, Distrito 13 es lluvia con sol. Necesitamos más películas como ésta.

Calificación: 8/10

París, Distrito 13, Les Olympiades (Francia 2021). Director: Jaques Audiard. Guionistas: Céline Sciamma, Lea Mysius, Jaques Audiard. Basado en novelas gráficas de Adrián Tomine. Fotografía: Paul Guilhame. Montaje: Juliette Welfling. Elenco: Lucie Zhang, Makita Samba, Noemí Merlant, Jehnny Beth. Duración: 105 minutos. Disponible en Mubi.


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