Jerichow (2008) es la quinta película del alemán Christian Petzold (Ghosts, Yella, Undine, Bárbara, Phoenix, Transit, entre otras) y es, también, una versión no acreditada de El cartero siempre llama dos veces (1934) de James M. Cain.

Jerichow es una historia clásica a la que Petzold -representante fundacional de la Escuela de Berlín y el nuevo cine germano- le ha dado una interpretación muy moderna que responde a las marcas características del director: el cuidado casi obsesivo de la forma, el drama en su mínima expresión y una narrativa de escasas y precisas palabras donde el silencio manda. Todo esto enmarcado en una fotografía exquisita en la que juega fuerte el uso de la luz natural y la narrativa en estricto y realista presente, algo no tan habitual en su obra.

El relato inicia en un cementerio, el ex soldado Thomas (Benno Fürmann) despide a su madre; es un hombre que lo ha perdido todo: su carrera, su futuro y sus lazos, y que tiene que (sobre)vivir en un mundo que le es ajeno sin trabajo y sin dinero.

Aquí aparece el eje que vertebra el relato. El mundo del trabajo y el dinero como recurso de subsistencia. Entonces, quizás, encontremos que más que una versión de “El cartero…” Petzold construye un (otro) relato en este presente con los personajes de Cain, pero sin la trama policial, la culpa y el castigo de la novela (o de la versión de Luchino Visconti).

Este mundo del trabajo aparece signado por lo precario, y eso queda claramente señalado en la exhaustiva secuencia de Thomas trabajando en la cosecha de pepinos, donde hombres y mujeres son la máquina cosechadora en condiciones de explotación.

Un día su suerte cambia, un accidente de auto (otro clásico del cine de Petzold) será el inicio de su relación laboral con Alí (Hilmi Sözer), un empresario de origen turco, verborrágico, alcohólico y algo paranoico, que lo empleará primero como chofer y luego como hombre de confianza. A través de Alí conocerá a Laura (Nina Hoss), la mujer del patrón que también trabaja (y mucho) para él, que tiene una deuda (en metálico y de un tipo triste de gratitud), y así el triángulo se completa.

Entran en escena el deseo y la pasión casi como una compensación a todo lo que se les niega, y en este escenario aparece la fuga hacia el futuro. Thomas y Laura pueden escaparse juntos pero “no es posible amar cuando no se tiene dinero”, dice ella, que busca, infructuosamente, un plan que la salve de su realidad.

Petzold parece apuntar su mirada a las grietas que suceden en los márgenes del capitalismo, que se traducen en la precariedad y en esas pequeñas trampas (ventajas?) que cuando son descubiertas se castigan con ferocidad.

En entrevistas de la época del estreno de Jerichow, Petzold habló de la elección del relato de Cain como una muestra de la “lucha de clases” a la americana. Podemos pensar en el retrato de la relación patrón-asalariado como la expresión de esa lucha en esta película en la que no se busca el reconocimiento (el “querer ser alguien”, como anhelaba el personaje de Lana Turner en la versión de 1946) sino escapar de esa realidad a la que parecen estar predestinados inexorablemente los protagonistas y será, precisamente, lo fortuito (¿el destino?) el que juegue a favor de los menos afortunados cuando los secretos sean revelados y todo estalle en una escena final que, quizás, sea de lo mejor que haya filmado Christian Petzold hasta ahora.

Jerichow (Alemania, 2008). Guion y dirección: Christian Petzold. Fotografía: Hans Fromm. Música: Stefan Will. Elenco: Benno Fürmann, Nina Hoss, Hilmi Sözer. Versión libre de El cartero siempre llama dos veces, novela de James M. Cain. Duración: 93 minutos


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