Petzold descubre a Petzold en Polizeiruf 110, la serie policial que con más de cincuenta años de permanencia en la televisión alemana logró saltar el muro de las disidencias y proyectarse hasta el presente de la unificación. De los más de trescientos episodios que la componen Petzold dirige tres: Círculo (Kreise, 2015), Lobo (Wölfe, 2016) y Escena del Crimen (Tatorte, 2018), tres asesinatos, tres enigmas y tres desafíos para la observación perspicaz y el olfato deductivo de la pareja de detectives que -capítulo tras capítulo- va abriéndose paso entre oscuridades ajenas al tiempo que lucha con sus propios fantasmas.

En Polizeiruf 110 Petzold descubre a Petzold y le quita las máscaras. La identidad, uno de los temas recurrentes en sus películas, se expone en este caso en el marco del policial. ¿Quién era esa mujer que debía llegar a Hannover para una entrevista de trabajo en Yella (2007), ¿Qué escondía aquella médica de pueblo que debía escapar de Alemania del Este en Bárbara (2012)? Esa identidad furtiva -que pivotea siempre en torno al ocultamiento del pasado de los personajes, de una motivación que los impulsa hacia el futuro o que se circunscribe, literalmente como en Ave Fénix (2014), a la identidad perdida tras la máscara o el disfraz- instala una pregunta recurrente que atraviesa cada una de estas películas: ¿Quién es Yella Fichte? ¿Quién es Nelly Lenz? ¿Quién es Bárbara? Ese es el interrogante con el que se presenta a las protagonistas, el que sintetiza el misterio en torno a la identidad, el que captura la atención del espectador al poner sobre los hombros del personaje todo el peso de la trama. ¿Quién es? se preguntará también Petzold en cada episodio de Polizeiruf 110.

Una escena disruptiva, violenta en extremo, abre cada episodio. En Círculo, el cuerpo de una mujer yace muerto en el bosque, sus pertenencias están desparramadas a su alrededor. Al mismo tiempo un acompañante de ocasión roba el auto de la propietaria de un emporio industrial que requiere sus servicios; allí están también esas pertenencias, su cartera, su dinero. En Lobo, una desconocida es encontrada muerta en su departamento con el rostro comido por un animal; el gato que descubren tenía por mascota está desaparecido; a ese primer caso le suceden otros asesinatos con el sello indiscutible de la animalidad; una fiera salvaje merodea la ciudad esperando el momento oportuno para descargar su furia salvaje. En Escena del crimen,una madre conduce con su hija hasta un estacionamiento casi desierto, se detiene, baja, se acerca hasta otro auto, la puerta se abre y recibe un disparo. Corre hasta el automóvil en donde se encuentra su hija, el asesino la sigue, vuelve a dispararle y termina de ultimarla, luego escapa. La niña vio todo, pero qué es exactamente lo que vio. Hay algo hitchcockiano y depalmiano en estas historias en donde la identidad resulta falseada: engaños que pueden ser premeditados o simples errores de percepción: hombres que parecen lobos, mujeres que no son tales, fisonomías que se diluyen y se mimetizan con el rol. La identidad se disfraza en el universo de Petzold e intenta confundir.

Si la clave de todo policial está en descubrir quién es el asesino, en Polizeiruf 110 esa pregunta es algo más que un señalamiento o una atribución. Es obviamente eso pero además es una pregunta por la identidad en la más profunda y existencial de las acepciones. Como en Yella, su exteriorización hay que encontrarla en el gesto; allí están los indicios, allí anidan las pistas para Yella y su compañero, estafadores profesionales y maestros en los artilugios de la gestualidad y su desciframiento. Tras el bastión del gesto, a veces impenetrable, se oculta, agazapada, la respuesta sobre el quién. En ocasiones, detrás de la máscara se abre un abismo de oscuridad y desesperación, un paraje inaccesible donde se oculta una vieja herida. Petzold no juzga a sus personajes, y clausura la posibilidad de que lo haga el espectador; las circunstancias los justifican: actuar, y actuar de ese modo, es necesario. Aunque actuar signifique mentir, signifique engañar, robar o, como en Jerichow (2008), matar. Hay algo impulsivo, imperativo e inexorable en su conducta, en esa fuerza que los empuja a salir de la encrucijada en la que se encuentran por todos los medios posibles. En ese contraste entre las acciones, contundentes e inevitables, automáticas (casi instintivas) y una interioridad inaccesible y opaca parece radicar el misterio y el atractivo de los personajes de Christian Petzold.

Es esa extraña combinación la que define sobre todo a Constanze Hermann (Bárbara Auer), la analista de escenas del crimen de Polizeiruf 110, la encargada de ponerse en los zapatos del asesino y retroceder sobre sus pasos para responder la pregunta obligada detrás de la brutalidad que se despliega ante sus ojos: ¿quién? Y, sobre todo, ¿por qué? Petzold la retrata observando, analizando; su rostro también es una máscara impenetrable, el velo a descorrer para acceder a esa sustancia profunda, viscosa e inasible que evade las definiciones y rehúye las palabras. Su historia es un enigma, las sombras (un pasado y un presente de alcohólica que lleva con elegancia felina) la envuelven también a ella igual que a sus victimarios. Junto a su compañero Hans von Meuffels (Matthias Brandt) protagoniza una danza intelectual en la que los gestos y las miradas son los protagonistas; el director nos los muestra pensando, absortos, escudriñando los espacios en busca de una revelación.

Polizeiruf 110 (o Policía 110, una expresión que hace referencia al número telefónico para denunciar un hecho policial o solicitar ayuda, un equivalente al 911 local) es inquietante y oscura, pero hay también momentos luminosos en las canciones que puntean cada episodio, en las películas y en el placer intelectual compartidos por la pareja de detectives, y en ese amor que se insinúa entre ambos en las noches en vela y en ese caminar sigiloso tras los pasos de una verdad siempre escurridiza.

Kreise (Alemania, 2015). Guion y dirección: Christian Petzold. Fotografía: Hans Fromm. Reparto: Matthias Brandt, Barbara Auer, Sascha Alexander Gersak, Annette Paulmann, Luise Heyer, Jan Messutat, Daniel Sträßer, Justus von Dohnanyi, Robert Besta. Duración: 90 minutos.

Wölfe (Alemania, 2016). Guion y dirección: Christian Petzold. Fotografía: Hans Fromm. Música: Stefan Will. Reparto: Matthias Brandt, Barbara Auer, Sebastian Hülk, Michael Witte, Jasna Fritzi Bauer, Anna Unterberger, Teresa Weißbach, Ercan Durmaz, Nicholas Reinke, Rainer Egger, Oliver Bürgin, Michael Rothmann, Henning Peker, Karolina Horster, Kyra Sophia Kahre, Daniel Flieger. Duración: 90 minutos.

Tatorte (Alemania, 2018). Guion y dirección: Christian Petzold. Fotografía: Hans Fromm. Reparto: Matthias Brandt, Barbara Auer, Maryam Zaree, Bettina Mittendorfer, Stephan Zinner, Wiebke Puls, Sascha Maaz, Anna Maria Sturm, Michael Witte, Aurelia Schikarski, Anna Drexler, Till Firit, Stephan Buschmann. Duración: 88 minutos.


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