El cortometraje. En 2011 se estrena un sensacional cortometraje llamado Implantación, con dirección de un equipo de trabajo integrado por Fermín Acosta, Romina Ballester, Sol Bolloqui, Matías Revello y Lucía Salas. Una cámara hurga en el complejo de viviendas de Lugano 1 y 2. La cámara del grupo de LaSiberia Cine (Acosta, Bolloqui, Salas) decide internarse en el lugar, pero no para narrar su historia. A modo de documental apócrifo dividido en capítulos, una voz en off da cuenta de un sitio que de movida se promueve a partir de un registro de extrañamiento. Dicha alocución (masculina) es trabajada desde una cadencia lejana; una voz modificada mediante un trabajo con el sonido. La pregunta sobre quién relata no se suscita en el documental convencional: ya se presenta desde ese registro familiar que incluye de entrada la confianza del espectador. En cambio, aquí la voz resucita la posibilidad de ese interrogante.

La estructura misma del corto es directamente proporcional a la distancia que plantea esa voz.  Implantación plantea el mito de ciertas versiones que hablaban de una tierra desolada, previa a la construcción del barrio. “No había personas, no había animales. Solo una alfombra verde, como un páramo o un pedregal”, masculla la voz, quien denomina a la construcción de los terrenos como “la estructura” y a sus habitantes desde un cierto corrimiento de la especie humana, por más que cuando la cámara los enfoca frontalmente el espectador se encuentra con semejantes, no con subhumanos. Tal divorcio entre la voz y las imágenes ponen en evidencia la impronta social del trabajo de LaSiberia: el narrador instituye un otro, o refiere a ello.  El insert de momentos de animación y la inclusión de una maqueta que emula las edificaciones, integran registros complementarios al planteo. No se da cuenta de los contextos históricos, aunque sí se mantiene la referencia a dos tiempos: el del proyecto y la construcción, y el de un aquí y ahora provisorio. Confirmando la imposibilidad de actualizar las situaciones, alude a que “los responsables de la implantación han desaparecido”. (*)

La nueva apuesta. En este mes de julio se presenta en el Centro Cultural Recoleta tras su paso por el BAFICI 2016 y otros espacios en el país, una nueva Implantación. Esta vez dirigida solo por el trío que integra la productora, el cual decidió transformarla en largometraje. Y con un concepto de imagen que difiere en varios aspectos al planteo de 2011.

La nueva versión abre con imágenes de archivo documental de excavadoras funcionando en la construcción del futuro complejo. Seguidamente, el acto durante el cual el dictador Alejandro Lanusse inaugura ceremoniosamente el lugar en 1973. Discurso de apertura desde un solemne optimismo, dado que el barrio fue promovido al futuro como mega proyecto. Construido en un amplio perímetro, solucionaría el problema de vivienda de muchísimas familias con escasos recursos. Pero el montaje del acto con planos actuales de los edificios, brinda un contraste de lo más violento.

La estructura apócrifa a partir de la cual se concibió el corto aquí desaparece. La lente tiene como misión la exposición más llana posible de la vida de los habitantes del complejo. Esto pareciera atentar contra el concepto mismo de puesta en escena. Pero lo que sí hereda es el efecto de extrañamiento, aunque con otra finalidad: la promoción de aspectos perceptivos de lo que la primera impresión presenta como pura cotidianeidad.

Modos del plano secuencia. Los directores eligen, por ejemplo, el exterior en las adyacencias de los edificios a partir del trabajo con el plano secuencia, o sea desde la resignación del corte en función de la promoción del tiempo. Un tiempo nada gratuito. Los niños del barrio juegan, se divierten lo más anárquicamente que les dan los cuerpos. La cámara gira 360 grados en un plano general de los jardines comunes a los edificios del complejo. Sus voces en medio del juego, y el recurso del fuera de foco en noche cerrada, dejan percibir un sistema de riego por medio del cual en el lugar “llueve” casi como una garúa. Los niños se dejan extrañar por el agua, la integran. La alternancia en dicho momento entre la imagen en foco y fuera de foco llama al espectador a organizar el universo. A diferencia del corto, el extrañamiento no se organiza desde una verdad apócrifa; tampoco desde la promoción metafórica. En este caso, irrumpe la cotidianeidad modificada por recursos de cámara, pero conservada en su matriz originaria: los niños son niños, no “seres”. En la nueva Implantación, la relación posible con las imágenes –armónica, conflictiva u hostil– se plantea sobre todo desde los planos secuencia en sus variadas formas. Como, por ejemplo, la que sigue el itinerario nocturno de un grupo de preadolescentes con cámara en mano.  De todos modos, el plano secuencia dominante en la película es el del plano fijo, o mejor: el plano lo más fijo posible. La composición de los cuadros parece pensar mucho más en un marco como delimitación de los límites de la pantalla; lo que se encuentra más allá del límite no parece tener mayor relevancia.

Personajes. Las historias de los habitantes del barrio se hacen presentes sin necesidad de texto, más allá de que se materializan las voces de aquellos a quienes la película les confiere entidad como personajes. Alguno que otro relatará aspectos anecdóticos de su vida, o dejará asomar  momentos casi monosilábicos que se apoyan en el peso de los vínculos sin necesidad de palabra explícita. Miradas que revelan, en general, en ambientaciones con luz mortecina, y a contraluz. Una mujer joven toca la guitarra; acto seguido, un montaje con fotos -que incluye su embarazo y la relación posterior con su beba- da cuenta de una vida anterior. El silencio en el plano se presenta necesario para que el espectador organice esa vida. La Iglesia Jesús Salvador y sus fieles, pibes que entrenan en el arte de la improvisación rapera, el monólogo de un treintañero que alardea sobre sus levantes callejeros. Historias de vida a partir de un concepto de imagen más inefable que verbalizable. La alternancia de las vidas con planos, vistas y croquis de la zona suministrados por la Sociedad Central de Arquitectos, aportan un corte en las escenas como meseta perceptual.

Ver. La mirada se organiza en función de una simbolización del mundo circundante; en cambio la visión se apoya en la mera –y nada menos– percepción visual como instancia fisiológica. La película da a ver, para luego pensar las imágenes. Es en la visión de todas y cada una de las situaciones que luego encuentra su montaje propio cada espectador de Implantación.

(*) Aquí se puede ver el cortometraje Implantación (2011): https://vimeo.com/51977653

Implantación (Argentina, 2016), de Fermín Acosta, Sol Bolloqui, Lucía Salas, 77′.


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