El estreno comercial de una película de animación nacional es por sí solo un acontecimiento en el cual detenerse, habida cuenta de la poca tradición del cine local en este género y su escasa visibilización. Me refiero a El Patalarga (2019), película de la directora argentina Mercedes Moreira, realizada de manera independiente y artesanal a través de la técnica de animación con recortes o cut up.

La película arranca en blanco y negro presentándonos la leyenda de El Patalarga. Se trata de un mito creado para que los niños del pueblo no molesten a los adultos, con sus travesuras y su bullicio, durante la hora de la siesta, la cual marcan las estoicas campanadas de la iglesia. El Patalarga se inscribe así en la tradición de monstruos como El hombre de la bolsa o El hombre de la arena, al cual refiere el célebre cuento de E.T.A. Hoffman. El tratamiento en clave de noir anticipa un ambiente de corrupción moral que se despliega a lo largo del film, al tiempo que la música ominosa y la no aparición concreta del monstruo crean un clima de misterio y miedo.

Los protagonistas son tres amigos: Teto (Charo López), Maru (Inés Efron) y Ramón (Tamara Kipper). Ya en plena pubertad, Ramón y Maru han dejado de creer en El Patalarga, mientras que Teto, más infantil, todavía cree en su misterioso poder. La rivalidad y competencia viril entre Ramón y Teto se dirime a través de luchas de arte marcial en videojuegos, destreza en la que Teto se destaca como vencedor imbatible. De manera que Ramón lo desafía a jugar la revancha a la hora de la siesta, y promete demostrarle que el monstruo no existe. Pero Teto se rehúsa, todavía tiene miedo de El Patalarga.

En esta línea, nos encontramos a nivel de las fobias infantiles que atraviesa todo niño a cierta edad, pero que perduran en Teto. En el centro de estas fobias generalmente encontramos la representación de un padre imaginario que amenaza con la castración. La angustia ante la prohibición del padre está al servicio de habilitar el abandono del goce masturbatorio y del lazo amoroso con la madre, para pasar a la ampliación de vínculos exogámicos fuera el ámbito familiar. Cuando la fobia persiste, el monstruo o el animal fobígeno aparecen como un sustituto de una operatoria paterna de separación respecto de la madre que resulta fallida. Esto se aprecia en la situación de Teto, apegado a una madre amorosa que lo trata como su bebé maravilloso y sin presencia de un padre que opere como corte.

De su desafío, Ramón retorna completamente asustado, diciendo que vio al Patalarga (Peto Menahem). Maru sostiene que tiene que haber una explicación lógica, que posiblemente haya visto otra cosa y fueron su imaginación y temor los que actuaron para animar a un monstruo feroz. Maru, como mujer que es y precisamente porque en tanto tal  no tiene nada que perder (a diferencia del varón), se muestra mucho más valiente e intrépida que sus dos amigos, que parecen dos bebés, tomados como están por la cobardía. A tono con las reivindicaciones feministas de la época, la película se corre de los estereotipos clásicos y representa a través de Maru a la futura mujer como inteligente, bonita y en un rol de lucha activa.

La aventura de los niños por descubrir la verdad tras la leyenda de El Patalarga es la trama que puede resultar más entretenida y atractiva para los niños. Al mismo tiempo, es una película que ofrece un interesante retrato de la corrupción política y, al mismo tiempo, adquiere el carácter de un interesante juego en las sutiles referencias y homenajes a películas o cuentos emblemáticos del género de terror o de aventura, que pueden descubrirse en It, Hansel y Gretel, Los mosqueteros o E.T., entre otros.

La película da cuenta de lo poco que los adultos escuchan a sus hijos, minimizando y desvalorizando sus palabras al situarlas rápidamente como fantasías. Al mismo tiempo, incluye un interesante cuestionamiento a la clase política a través del personaje del intendente Chanchurro (Fabio Posca), donde la manipulación a través del terror se vuelve la clave para mantener el control de la población y también para ganar sus votos y perpetuarse en el poder.

La aventura de los niños desenmascara entonces el artificio del terror y, en una inversión en el juego de las apariencias, revela que el verdadero monstruo malvado es el político que se vende con una apariencia de bondad y honestidad.

El protagonismo de los niños en calidad de héroes es una de las aristas más interesantes del film, a la luz de un cine monopolizado por las franquicias de superhéroes. Estos niños queribles son héroes de carne y hueso, personajes con los cuales cualquier niño o adulto pueden identificarse ya que carecen de superpoderes o armas de gran calibre, y además se encuentran  (tanto en sus costumbres como en su habla) fuertemente anclados en nuestra idiosincrasia.

Los protagonistas no se constituyen entonces como justicieros que en nombre del bien recurren a la violencia, como suelen hacerlo los superhéroes. El poder de estos niños no es otro que el de la empatía y la solidaridad para con el diferente y el más vulnerable. Estos son los valores que la película apunta a recuperar para que aspiremos a una sociedad donde prime la justicia social, la inclusión y la igualdad. Y es precisamente en este mensaje, que se desprende sin subrayados, y en la deconstrucción del estereotipo del superhéroe (sumado a la buena labor realizada tanto en lo técnico como en el arte), donde radica toda la potencia y el valor de la bienvenida El Patalarga.

Calificación: 7/10

El Patalarga (Argentina, 2019). Dirección: Mercedes Moreira. Guion: Edi Roca. Fotografía: Joaquin Zelaya Sánchez. Montaje: Juan Barragán. Elenco (voces): Charo López, Inés Efron, Tamara Kipper, Azul Fernández, Peto Menahem , Fabio Posca. Duración: 70 minutos.


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