La 1 y la 2 son del montón, para el género y el cine en general. Se tientan en caer en la moralina evolucionista y caen. Creer en la historia del hombre -asumiendo que es la de la humanidad- desde Darwin es lo mismo que creerla desde el Zohar o el Génesis. Cuestionar desde lo irónico, lo trágico y lo hollywoodense, “lo humano”, contrastando con lo aparentemente “inhumano”, es un acto fácil de demagogia que, en el mejor de los casos, se resuelve con una buena historia. Ese fue el gran acierto en la saga de los 70. Ese fue el terrible desacierto que volvió ridícula la versión de Burton e hizo que la 1 y la 2, de Wyatt y Reeves respectivamente, sean del montón. Ese fue el enorme acierto que hace que El planeta de los simios 3, de Reeves nuevamente, sea absolutamente extraordinaria.

No hace falta haber visto la 1 y la 2 para entenderla. Apenas con la introducción de la película en sus placas basta para ubicar el in media res de esta tercera parte. Allí, César cuidando a los suyos; allí, el Coronel (genial Woody Harrelson) cuidando, a su modo (uno cruel, disciplinado y mesiánico) a los suyos. Cuidar a los suyos, en ambos casos, significa aniquilarse mutuamente. El mundo es enorme pero no hay lugar para que coexistan dos especies inteligentes. Ese es el meollo del asunto: después del “virus del simio” que devastó a casi toda la humanidad y que le dio a los primates la capacidad de razonar como humanos, hay muchísimo espacio en el planeta para que ambas especies coexistan sin la necesidad, siquiera, de acecharse. Pero no, la razón y la lógica deben ser de una sola raza. El don del lenguaje, para semantizar las cosas, sólo debe pertenecer exclusivamente a una sola especie. El Coronel tiene bien en claro este concepto. Por ello se hace llamar a sí mismo, a sus soldados y a sus sirvientes (tatuándolos) el Alfa y el Omega. César, no. Es “muy visceral” -como se lo recuerda el Coronel mientras lo tortura y hambrea después de capturarlo- como para entender que el problema de la disputa no es principalmente biológico: es totalmente existencial y filosófico. 

Desde el siglo XVI en adelante, la modernidad europea y su renacimiento infectaron al mundo con su peor enfermedad (heredada de las ruinas griegas socráticas y platónicas): asumir que todo sujeto está irremediablemente separado de su objeto, por eso la verdad sólo puede ser entendida como una representación y por eso también la verdad como representación sólo puede ser impuesta a través del determinismo. El determinismo como método de imposición de verdad es absolutamente análogo al poder de un ejército. En El planeta de los simios 3 queda más que claro el entuerto desde la primera escena en el bosque, con los soldados al acecho de una trinchera simia… Simios contra humanos y humanos contra humanos serán dueños de la verdad (del mundo, del privilegio de semantizarlo…) según la capacidad bélica y combativa de sus ejércitos. El cónclave de “guerra” en el título de esta película no puede ser más oportuno: acá no se quieren dominar, se quieren exterminar.

Yuval Harari, en su libro De animales a dioses (2016), afirma que el Homo Sapiens dentro de la historia evolutiva de la humanidad prevaleció sobre el neandertal, no por una diferencia física, ni genética, sino por su capacidad de organización para unirse en masa (y asentar por el número, el predominio) a partir de la narración y creencia comunitaria en ficciones:

“La inmensa diversidad de las realidades imaginadas que los sapiens inventaron, y la diversidad resultante de patrones de comportamiento, son los principales componentes de lo que llamamos ‘culturas’. Una vez que aparecieron las culturas, estas no han cesado nunca de cambiar y desarrollarse, y tales alteraciones imparables son las que denominamos ‘historia’. (…) La revolución cognitiva es, en consecuencia, el punto en el que la historia declaró su independencia de la biología. Hasta la revolución cognitiva, los actos de todas las especies humanas pertenecían al ámbito de la biología o, si el lector prefiere, de la prehistoria (tiendo a evitar el término ‘prehistoria’ porque implica erróneamente que incluso antes de la revolución cognitiva los humanos pertenecían a una categoría propia). A partir de la revolución cognitiva, las narraciones históricas sustituyen a las teorías biológicas como nuestros medios primarios a la hora de explicar el desarrollo del Homo Sapiens.”

Pues bien, El planeta de los simios 3 plantea estas hipótesis en mayor o menor medida a través de una historia clásica, impecable, con estructura de western, donde Reeves se luce tanto en la manipulación de los efectos especiales como en las dosis de suspenso, crueldad, desesperación, humor, acción, ternura y confrontaciónpsicológica que monta sobre su film de casi dos horas de duración… En esta historia, el Coronel ha creado una suerte de ficción evolucionista y mesiánica -ayudada por una irónica mutación del “virus del simio” en relación al habla y el lenguaje humano- con la que agrupa y posiciona a sus soldados rebeldes del alto mando del norte para dotarse como un ejército de fanáticos dispuestos a llegar al límite, al final de toda posibilidad
del Sapiens como dueño del planeta. En esta historia, César sólo quiere (sobre)vivir y agrupa a sus simios en una sola conjuración: “Simios, juntos, fuertes”. Retórica más, retórica menos, ambos líderes piensan lo mismo para los suyos. Por eso, a pesar del profundo odio que se tienen, se respetan. El acto de misericordia, de dignidad que le ofrece César al Coronel en su confrontación final así lo demuestra. No hay medias tintas. No hay posibilidad de consenso, de negociación. Es el Alfa y el Omega para ambas razas y en esta tensión de todo o nada, Reeves entreteje una historia potente, con personajes secundarios geniales como Bad Ape, el gorilla traidor, o la extraordinariamente bella, Nova (Amiah Miller) que sumarán momentos (más que escenas) entrañables configurando un clímax apoteósico para un final épico, mechado de un dramatismo genuino, sin golpes bajos, y con una bellísima carga paródica -más que irónica- en cuanto a los determinismos propios de la naturaleza y sus formas de reestablecer equilibrios desbalanceados en el mundo.

Representación contra conjuración… Formas de aprehender conciencias y establecer comunidades en el mundo… Formas humanas y simias… El simio inteligente, como sucedió en la saga de los 70, no es mejor que el humano inteligente: las pasiones -siempre shakespeareanas- lo dominan por igual… Miedo, traición, amor, venganza, confianza, desconfianza, odio, compasión, son comunes a ambas especies y generan los mismos conflictos puertas adentros, entre comunidades, tribus, manadas de semejantes. César es tan terrible como el Coronel. No obstante, la verdad, de uno u otro lado, está, simplemente, en la supervivencia de la especie, del grupo. La muerte es el límite-embudo de todo devaneo de razón biológica, física o, inclusive, metafísica: para tener alguna verdad de algo, de lo que sea. Primero, hay que estar (quedar) vivo. César, poreste motivo, no es el Omega de nada, es, simplemente, el Alfa de su especie dotada artificial y químicamente de razón con, apenas, como bien lo explican las placas de la introducción, 15 años en el mundo que, contradiciendo los demonios de Herzog en Encuentros en el fin del mundo (2008), domestican y cabalgan caballos en señal de dominación y superioridad al resto de las especies animales que la rodean -como los humanos-.

Intensa, cautivante y, sobre todo -como la gran Logan (2017), de la cual no hablé ni volveré a hacerlo- emocionante, El planeta de los simios 3 articula la definición de una saga mediocre con un final maravilloso donde los matices no existen, donde la vida no se juega treguas y donde, principalmente, ser simio (para no ser hombre) supone asumir una condición de supervivencia extrema en la que la verdad no es ninguna representación, sino una maravillosa conjuración que se opone a los determinismos a través de los símbolos -conmovedora escena, realmente, la de Nova alimentando a César- y que fagocita dichos determinismos como imposiciones de verdades y ficciones a través del sentimiento profundo de la camaradería, del juntos, fuertes sin moralinas evolucionistas, éticas de cotillón, ni demagogias de circunstancia modernas.

 

El planeta de los simios: La guerra (War for the Planet of the Apes, Estados Unidos, 2017), de Matt Reeves, c/Andy Serkis, Woody Harrelson, Amiah Miller, Gabriel Chavarria, 140′.


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