
*El cuadro de Dalí que se menciona en el diálogo entre madre e hija –y que luego aparece en uno de los planos de la película- remarca la estrategia. Es un cuadro en el que aparece Gala, de espaldas, mirando por una ventana. Viento del este (Maia Gattás Vargas, 2023) está marcada por las ventanas. Por la mirada de la espera, de algo que quizás venga o que se espera que llegue. Maia espera a su padre, Luis, que un día desapareció cuando fue a pescar en el Río de la Plata en San Isidro. La espera del padre se confabula con una búsqueda –si algo no viene hasta uno, hay que salir a buscarlo. Si no hay recuerdos personales, por la edad, por el momento, hay que recuperarlos de los otros.
*La herencia que Maia recibe de su padre son tres objetos: un vaso, un sueter, un trofeo de pesca. Objetos que no dicen nada porque su relación con Luis es vaga, acaso caprichosa en el recuerdo de su madre y su tía. Pero también recibe un apellido. Y un origen extraño, en tanto sus bisabuelos llegaron desde Palestina. Hay algo que es más poderoso que los objetos. Hay preguntas que desde el presente intentan interpelar al pasado (¿sabría lo que significa su apellido? ¿sabría escribir en árabe?) aunque no haya posibilidad de respuestas. Hay posibles caminos que implican revolver una memoria física familiar que recupera algo de su figura. Algo que sea un poco más que esa foto en la que se lo ve en una playa sin nombre, frente al agua, como la que un día se lo llevaría.
*La madre y la abuela escribían diarios personales. Un relato cotidiano que da cuenta de lo que en el futuro se va a olvidar. Un registro que, tal vez como sucede con las fotos familiares, nunca se vuelva a ver. Posiblemente porque con el tiempo se vuelve ajeno: como el relato del otro que ya no es. Maia es la que vuelve a ellos. Los lee, hace que su abuela los lea, los pone delante de la cámara. Se concentra en el tiempo de la desaparición de su padre. El de su abuela refleja la desesperación de la búsqueda y el deseo de que termine “esta terrible agonía”. El de su madre, en esos días, son hojas en blanco. Una mudez escrita (una conciencia de que eso que ocurrió no va a poder olvidarse como el resto de las cosas). Cuando la voz vuelve, parece como si no hubiera ocurrido nada, como si ese hombre no hubiera sido tragado por las aguas del Río de la Plata. El duelo, el largo duelo de la madre: un camino opuesto al de la hija, que va en busca de lo que no puede decirse.
*No hay imágenes del padre en movimiento. No es posible saber cómo se movía, cómo se paraba, cómo hablaba. Una cinta perdida entre montones guarda un breve tesoro. Maia lo busca con su abuela a partir del recuerdo de su madre. Un casete guarda la grabación de la voz de Luis cantando una canción folklórica. No hay más pistas que esa. Buscar en off: el sonido de las cintas adelantándose y frenando dan cuenta de ello. Lo que queda es aferrarse a la posibilidad. La voz aparece. Son unos pocos segundos mezclados con el sonido de una guitarra. La grabación es deficiente, casera, algo típico de esa época. Pero está allí: la voz del padre aparece y se va enseguida. Rebobinar, volver a escuchar: hacer que mecánicamente parezca que dura más tiempo en el aire.
*Jaffa, la ciudad palestina, fue destruida por una invasión del ejército israelí. Maia cuenta que las casas fueron derribadas, pero que la costumbre de poner cercos de cactus hizo que al resurgir desde sus raíces, se pudiera saber con precisión el límite de los espacios de cada casa. Los objetos que parecen escondidos, cubiertos por la tierra o los escombros, en algún momento resurgen, vuelven a mostrar el contorno de lo que fue. El relato familiar, la voz en la cinta, los objetos que sobreviven son como esos cactus para la historia de Luis: le dan una forma no del todo definida, pero que acerca a pensar quien fue, cómo era antes de desvanecerse en el agua.
*El viento del este, el aire que viene desde Palestina es el que trajo a la familia Gattas a la Argentina en el pasado. En el presente, sigue estableciendo un diálogo que excede el significado de los apellidos (Gattas significa “hombre debajo del agua”; Di Giambattista, apellido de la madre, “de Juan el Bautista”) que los liga al río Jordan. Las aguas devuelven a uno y otro lado del océano, los objetos que dan cuenta de lo perdido. Restos de lo que naufragó y que cada tanto, el agua deja en las costas. El relato del director palestino que vuelve a la orilla para encontrar esos rastros de Jaffa es aquello a lo que se aferra Maia. Ella también vuelve. A esa costa del río donde se perdió su padre, esperando que algún día, algún objeto, algún fragmento, vuelva a nombrarlo. A contramano de una madre que cerró el duelo a partir de las páginas en blanco de su diario, la hija sigue yendo, y en ese ir, sostiene la memoria contra toda forma de olvido.
Viento del este (Argentina, 2023). Dirección: Maia Gattás Vargas. Guion: Maia Gattás Vargas, Marcelo Burd, Sophie França. Fotografía: Maia Gattás Vargas. Edición: Sophie França. Duración: 75 minutos.
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