oscuridad_aficheEl día trajo la oscuridad marca el regreso de Martín Desalvo a la dirección, luego de su opera prima Las mantenidas sin sueños (codirigida con Vera Fogwill y ganadora del Cóndor de Plata a mejor debut en 2008). De filiación válida con la sueca Criatura de la noche (Låt den rätte komma, 2008) de Tomas Alfredson, y notable por el tratamiento del suspenso psicológico, la película nos instala en un paisaje soñado, lindante a la costa, en una comunidad pequeña y boscosa. Un locus amoenus alejado de las estridencias de la ciudad que acoge a Emilio y a su hija Virginia (Mora Recalde).

Emilio debe abandonar la casa para atender a una sobrina enferma y deja sola a Virginia,  a cargo del cuidado del hogar. Al tiempo que el padre se va, Anabel (Romina Paula), una prima casi desconocida de la familia, llega a la casa con fiebre y síntomas de agotamiento. Virginia deberá acompañar a Anabel mientras dure la emergencia y entre ellas se irá entretejiendo una tensión fácilmente reconocible por el espectador.

Este es el inicio de un viaje que nos llevará desde el día hacia la oscuridad vampírica a través de un deliberado uso de las transiciones en la creación de “lo siniestro”. El uso estilístico de la epidemia, la familia y  el secreto representan solo la punta del iceberg desde donde el director arrojará las primeras pinceladas de una atmósfera inquietante. La narración se funde en la fotografía y la imagen constituye un interpretador semiótico voraz y eficiente. Los peñascos en la costa, la subida de la marea, el paisaje tupido del bosque, todo contribuye a crear una verdadera atmósfera de lo sublime rural que alimenta ese ambiente hambriento de prodigio. A modo de ilustración, basta el ejemplo de Anabel, con su pelo negro que contrasta con su palidez mortecina y su silueta lánguida que recuerda inexorablemente a una Ligeia de Edgar Allan Poe (o a la misma Annabel Lee, más cercana en la filiación de su nombre).

En oposición, el film escamotea abiertamente – y tal vez como planteo estético- el salvajismo del vampiro. Escenas como la cacería, el mordisco, el engullimiento, son veladas o sugeridas. Sabemos los hábitos nocturnos de la joven a través de sucesivos indicios pero nunca la vemos en su frenesí sanguíneo. En eso la película es categórica y propositiva.

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Sin embargo, sí respeta cierta aura erótica y sexual ligada a la figura del monstruo. El sexo  se muestra como un impulso vital oculto para una de las jóvenes, pero que conforma también el despertar de la vida reuniendo en él los referentes a la muerte. De esta manera, se configura el vaivén antitético que comulga en la simbología de Eros y Thanatos en permanente conflicto, pero retratado en la película por la fortaleza que siempre detentó el vampiro: la confluencia de inmortalidad y  juventud. Anabel llega a la vida de Virginia para despertarla hacia el deseo.

El vampiro, pensado entonces desde una sutil caracterización lésbica, puede ser considerado como una representación de la corrupción de la inocencia por un amor que no es natural, y esto acentúa su naturaleza subversiva en el sentido de que  necesariamente acentúa la alteridad: el otherness. Desde ese punto de vista, ambas actrices demuestran solidez y versatilidad para ir transitando las mutaciones que irán viviendo lentamente sus personajes.

El día trajo la oscuridad (Argentina/2013), de Martín Desalvo, c/Mora Recalde, Romina Paula, Luciano Suardi, Pablo Caramelo, 76’.


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