1.Madres jóvenes comienza con un desencuentro. El de Jessica (Babette Verbeek), que espera en una parada de autobús, infructuosamente, la aparición de su madre, que la abandonó cuando era niña. Hay un momento de duda, marcado por cierto temor que lleva a Jessica a esconderse, a mirar desde un espacio seguro a una mujer que espera. Pero no es su madre, no es la persona que la espera. El desencuentro que desarma la expectativa es la señal que vuelve a sumir al personaje en el desamparo, cuando va en el auto que la lleva de regreso. Allí se revela otra dimensión de ese desamparo: Jessica está embarazada y vive en un hogar para madres solteras.

2.Las historias de los personajes centrales de la película están marcadas por ese hilo común: adolescencia, maternidad, desamparo, hogar de protección. Pero lo que parecen intentar cada una de ellas es recomponer una idea de familia. Lo intentan con sus madres, aunque en algún momento hayan tomado distancia de manera forzada. O con sus parejas, los padres de sus hijos. En cada caso, lo que aparece es el obstáculo, lo que deriva en la imposibilidad de recomponer los vínculos. Madres que tienen sus propios problemas, parejas que quieren terminar las relaciones, recaídas en conflictos que las llevaron a ese lugar de indefensión. El mundo es –sigue siendo- un lugar difícil de habitar para las mujeres, jóvenes y madres.

3.Porque en definitiva, lo que las une primordialmente es eso: la condición de madres y adolescentes. De embarazos no buscados, no deseados. De tomar la decisión de proseguir con el embarazo, como si cada una de ellas no pudiera evitar la repetición de las historias de sus madres. Aunque haya alguna que lo reconoce y alcanza a decirle a su madre que no quiere terminar como ella, esa diferencia quedará marcada por la decisión que se toma luego de dar a luz. La película se sitúa en un momento en el que la duda inicial –abortar o seguir el embarazo- ha sido resuelta a pesar de las presiones del entorno –en especial en el caso de Jessica, por los padres de su novio de entonces. Lo que queda es la compleja decisión que implica el después: quedarse con el hijo o darlo en adopción. Y también, si se quiere formar una familia o si la vida a partir de ese momento es la de una madre sola con su hijo.

4.Lo que revela la película de los hermanos Dardenne es que toda decisión implica una instancia crítica, compleja. Si el hogar les permite un refugio transitorio, lo hace a condición de un aprendizaje –“aquí se les enseña a ser madres”, dice una de las mujeres- que establece una base para el desprendimiento futuro. El relato atraviesa un arco temporal en el que las protagonistas pasan de las diferentes etapas de ese primer contacto con sus hijos al momento en que van a tomar la decisión de cómo seguir sus vidas. De allí que si el comienzo las muestra en un estado de expectación casi detenido en términos espaciales, el tramo final se muestra como una reconducción a un espacio de salida y de reintegración en la sociedad. En el medio, Perla (Lucie Laruelle) perderá la relación con su novio, que ha pasado un par de meses detenido; Ariane (Janaina Halloy) romperá definitivamente el lazo con su madre, mientras decide no repetir sus errores; Julie (Elsa Houben) conseguirá un trabajo y una casa donde vivir con su pareja, aunque una recaída en el consumo de drogas amenace su concreción; y Jessica encontrará finalmente a la madre que la abandonó, solo para preguntarle qué sintió en aquel momento y poder confrontarlo con sus propias sensaciones. No es que Madres jóvenes postule un final feliz, sino que propone para las protagonistas un posible camino para encauzar sus vidas, nuevas derivaciones hacia algo nuevo que permita dejar atrás ese pasado.

5.En la superficie, Madres jóvenes podría confundirse con una película como las de Ken Loach. Hay algo de esa búsqueda en territorios de complejidades sociales que se asientan en grupos desclasados que pareciera asemejarlos. Pero los Dardenne establecen rápidamente sus diferencias. En principio porque eluden la caracterización clasista de sus personajes, o al menos la reducen a un segundo plano, conscientes de su peso, pero capaces de entender que no debe invalidar o ponerse en un lugar preponderante por sobre los conflictos que atraviesan los personajes. El hecho de que la película sitúe su centro de gravedad en el hogar, les permite eludir el riesgo de cierto miserabilismo en el que cae el inglés en sus peores momentos, pero también despejar del conflicto el lugar que ocupan las soluciones que brinda el sistema. Es posible que en Inglaterra ese sistema no funcione, o lo haga de una manera carente de empatía –como se retrataba en Ladybird, Ladybird (1994), por ejemplo-, pero aquí lo que se sostiene es que funciona como red de contención, a la vez que establece una serie de reglas –por ejemplo, el castigo a Pearl por ausentarse, dejando solo a su hijo por tres días. Pero es también esa perspectiva la que establece un modelo diferente de interacción social. No se trata solamente del hecho de que la cámara de los Dardenne esté siempre cerca de sus personajes –no para asfixiar, sino para compartir el espacio, para captar las emociones que brotan del movimiento de los cuerpos-, sino que esa cámara está puesta al servicio de la historia de un colectivo. Porque allí donde Loach se situaba en una épica personal que luego tenía repercusiones colectivas, los Dardenne sostienen que toda salida de un conflicto es colectiva –lo que se advierte incluso en una película que tiene un personaje central casi excluyente, como Deux jours, une nuit (2014)-. Esa individualidad en la historia de sus protagonistas se cruza una y otra vez con la solidaridad expresada y puesta en marcha puertas adentro, y cuya manifestación mayor es la reunión en la que una de las jóvenes comunica que seguirá su vida con su hija. La resolución de las historias personales refleja ese espíritu: si la idea sigue siendo que nadie se salva solo, la apuesta de Madres jóvenes es por ratificarla.

Madres jóvenes (Jeunes meres, Bélgica, 2025). Dirección y guión: Jean Pierre Dardenne y Luc Dardenne. Fotografía: Benoit Dervaux. Edición: Marie-Helene Dozo. Elenco: Babette Verbeek, Elsa Houben, Janaina Halloy, Lucie Laruelle, Samia Hilmi, Jef Jacobs, Gunter Duret, Christelle Cornil, India Hair, Joely Mbundu. Duración: 105 minutos.

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