Un libro encuadernado en rústico bordó presenta la placa de la productora Warner Bros en su logo resplandeciente, invitando al espectador a ingresar a un mundo de ficción, pero no de cualquier ficción, sino a esa perteneciente a la época dorada de Hollywood, donde era usual la utilización de ese tipo de recurso para dar inicio a las películas. Una ficción, además, marcada por los productos de la WB. Ese mundo presentado en pantalla corresponde al ideal fílmico de un director cuyo genio estaba mediado por su gran admiración, su absoluto fanatismo hacia el cine y su amor incondicional a las películas.

La trama devana una serie de malentendidos que tiene como protagonistas a tres valijas y sus respectivos dueños, quienes buscan desesperadamente hacerse de y cuidar su objeto de deseo. En el caso de Judy Max (Barbra Streisand), ese objeto de deseo es Howard Bannister (Ryan O’Neal), aún a expensas del futuro matrimonio de éste, y ese ahínco marcará el ritmo acelerado de la película, trajinado por un caos que una vez iniciado no dará respiro en pases cómicos, lógico-verbales e identitarios al comienzo, para estallar luego en el pastelazo propio del humor físico del slapstick –donde todo es circo- y la algarabía de un diálogo feliz y nostálgico de las formas clásicas del género cómico. ¿Qué pasa, doctor? funciona como un homenaje a la screwball comedy, pero sobre todo como una actualización de La fiera de mi niña (Howard Hawks; 1938). El homenaje comienza desde el nombramiento mismo de los personajes: Bogdanovich nombra a su protagonista masculino “Howard”, y tanto la configuración de los personajes como el triángulo amoroso responden al modelo hawksiano: un personaje masculino reservado, una prometida mandona y remilgada que le pide al protagonista frenar sus impulsos, y la tercera en discordia que llega a subvertir el rol femenino, comprometiendo al comienzo y facilitando al final una importante donación de dinero. Además, el personaje de O’Neal interpela varias veces al espectador al otro lado de la pantalla, rompiendo la cuarta pared como lo hiciera Cary Grant, en ese recurso de puesta en abismo recurrente en Howard Hawks. En ¿Qué pasa doctor?, el personaje masculino está representado, tanto en sus maneras como en sus intereses, por el pasado. Se avoca al estudio de fósiles, rocas ígneas y el desarrollo musical de los hombres de la prehistoria, mientras que el personaje femenino está ligado a una idea de mujer moderna: recorre no solo universidades sino las calles, en una especie de trotamundos intelectual que muestra una soltura sexual que su contrapartida, Eunice (Madeline Kahn), no posee.

La película se estructura alrededor de la figura de Streisand, donde se la pone en el papel de estrella desde que la película abre con su interpretación de You’re the Top, de Cole Porter, en una declaración de amor que funciona al interior de la película, desde un personaje hacia otro, así como en el universo externo al mundo representado, desde el director a una forma de cine. Es decir, todo ese aparato del Star System se pone en funcionamiento para celebrarse a sí mismo, a la estructura de ese Hollywood de la época dorada. Si en Howard Hawks los primeros planos de Ketherine Hepburn eran exclusivos para mostrar sus ojos de enamorada ante el personaje de Cary Grant, aquí Bogdanovich profesa su amor por la estrella dedicándole primeros planos que la contemplan a ella con la misma fascinación de quien contempla un huracán, uno que desde la primera escena arrasa con todo a su paso, subvirtiendo el correcto funcionamiento social (le toma apenas unos cuantos segundos de iniciada la película ocasionar que un panadero eche a perder su masa y que los autos choquen a su pasar).

La contraparte de Judy es Eunice (Madeline Kahn), una mujer controladora, armada con una voz chirriante y que no tiene el menor escrúpulo en usarla. Esas características no solamente la transforman en blanco predilecto del personaje de Streisand, sino que funciona como opuesto necesario para plantear dos tipos de mundos: La que está anclada en la realidad, la opresiva, o la que está del lado de la chifladura encarnada por el cine y las artes.

La preponderancia de la figura femenina fuerte, activa y central en las comedias del ‘30 ponía en tela de juicio ciertos valores e instituciones, pero en el caso de Judy Max, esos valores puestos en jaque están reactualizados por una generación en plena lucha feminista del ’70, por lo que el personaje de la mujer trabajadora y ocupadora del lugar masculino ha trocado ahora en intelectual y conocedora de la cultura. En ese personaje se pone de manifiesto no solamente la encarnación de Bugs Bunny –desde el título, el diálogo, gestos y posturas- y Katherine Hepburn, sino a quien rescata, a quien recupera películas como Casablanca (Michael Curtiz; 1942), otra producción de la WB, y a la que se cita de manera positiva, o Love Story (Arthur Hiller; 1970), producida por la Paramount, con una mención menos feliz por parte de los protagonistas. La diferencia en la calidad tiene que ver no solamente con una cuestión de productoras, sino también con una distancia epocal, porque para Bogdanovich ese cine setentoso se convalida especialmente cuando retoma, como lo hicieran muchos de los hijos artísticos de Roger Corman, a los grandes directores de la era de los estudios. Esto no solamente tiene que ver con la cita directa sino con recursos y formas.

En ese sentido, si una de las características fundamentales de la screwball comedy era el doble sentido, debido a que significaba un recurso para sortear la censura impuesta por la implementación en aquella época del código Hays, ya en el ’70, con el código por completo extinto para hacer frente a la embestida del aparato televisivo, los directores podían hacer uso de la puesta en pantalla explícita de todo aquello que por cuestiones políticas había quedado relegado a la sutileza. Sin embargo, en ¿Qué pasa doctor? se retoma el uso del doble sentido como un código de complicidad con el espectador, que se manifiesta en la forma de manejar con inteligencia el lenguaje para no subestimar, justamente, la inteligencia del receptor -hay un juego constante con el significado de las “rocas ígneas” de Bannister, que comienza con un chiste del taxista en la primera escena, rocas que él cuida y custodia celosamente como parte de su personalidad melindrosa-. Porque después de todo, el cine de Bogdanovich trata sobre la complicidad para con el espectador sobre códigos comunes, sin por ello restar la cuota de sorpresa necesaria para que asome el humor. Un cine que, de entrar el espectador en el código, permite redoblar el disfrute al convidarle ese juego metatextual. Pero, si en películas como Míralos morir (1968) y La última película (1971) el cine era un lugar apagado en contraposición a la realidad, dejando un mundo arrasado por la nostalgia y el desencanto, en ¿Qué pasa, doctor? el director no se contenta con anhelar los buenos tiempos, sino que se sumerge en esa utopía catódica para compartir un diálogo amoroso con el cine, con el “Gran Cine”, el de los Maestros, el del Olimpo, del que hoy Bogdanovich forma parte.

¿Qué pasa, doctor? (What’s Up, Doc?, EUA, 1972). Dirección: Peter Bogdanovich. Guion: Buck Henry, David Newman, Robert Benton. Fotografía: László Kovács. Edición: Verna Fields. Elenco: Barbra Streisand, Ryan O’Neal, Madeline Kahn, Kenneth Mars. Duración: 94 minutos.


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