Hugo del Carril brilló alto, como una estrella o, más aún, como un lucero. Supo hacerse lugar como cantor y actor, en una época en que la sombra platónica de Gardel opacaba a otros grandes cantores. Hubo después una segunda etapa, la de la militancia política y la de su comienzo en la dirección cinematográfica, ambas simultáneas. Y hubo aún una última, la de la persecución política, cárcel, prohibiciones y silencios forzados. Luego el relativo olvido y las dificultades económicas hasta su muerte en 1989. La revalorización de su figura no se dio por el aspecto más conocido para el gran público: su carrera de cantante, ni por la dignidad con la que sostuvo su pasión política peronista, durante los años buenos y los de la represión por parte de dictaduras y gobiernos de legalidad dudosa. El rescate de Hugo del Carril comienza por su cine, revisto y valorado por una nueva generación de críticos y cinéfilos que, despojados en buena medida de los prejuicios de épocas anteriores, pudieron ver la singularidad de su cine y, de ahí en más revalorizar todas las etapas de su vida artística.

A esta generación o, mejor aún, a otra más nueva, pertenecen Daniela Kozak y Florencia Calzon Flores, autoras y compiladoras de “Más allá de la estrella…”, un libro que, luego de los que le dedicaron los investigadores Gustavo Cabrera y César Maranghello, podría ser el definitivo. Aunque esta idea debe ser relativizada, “Cada nuevo libro sobre cine argentino es una fiesta”, dice con acierto Paula Félix-Didier en su prólogo; otra manera de decir que cada libro suma y que nada es definitivo en lo que al cine y su historia respecta.

Es cierto en cambio que éste libro abre un abanico del que ninguno de los aspectos de la vida pública de Del Carril queda excluido. Desde la imagen de galán y cantor que proyectó en la pantalla, según el análisis de Fernanda Calzon Flores, en la que se destaca su rol de sucesor de Gardel, a la figura del galán cantor, condición indispensable para llegar al estrellato (que en menor medida, me permito agregar, reunieron Charlo y quizá Ignacio Corsini, pero que truncó la carrera de un gran cantor como Oscar Alonso quien, corrido por su físico para nada agraciado, se fue del país por muchos años buscando plazas menos exigentes).

Los capítulos de Alejandro Kelly Hopfenblat y Emeterio Diez Puertas están dedicados a relatar el desarrollo de la carrera de Del Carril en México y España respectivamente. México en especial lo consagró como uno de sus ídolos más grandes; allí cantó y protagonizó tres películas. Muchos años después, viviendo las dificultades económicas de sus últimos años, Del Carril dijo en un reportaje: “Si me hubiera quedado en México hoy sería millonario en dólares”. En cambio volvió a su país, a seguir cantando, a dirigir su primer film (“Historia del 900”, 1949) y, en el mismo año, grabar su legendaria versión de La Marcha Peronista. Esa elección fue decisiva en su vida, porque si bien luego trabajó en España como actor y cantante según el detallado estudio de Emeterio Diez Puertas, impulsado por productores de los tres países, que trataban de crear un mercado hispanoamericano propio y unificado, comenzó a sufrir, tanto en España como en Argentina, las dificultades de producción y los choques con la censura que, en adelante, marcarían el resto de su carrera. Este es también el análisis de Juan Manuel Romero, que analiza tanto su compromiso político como las diferencias que tuvo con Raúl Apold, el hombre fuerte del primer peronismo en la industria del cine. Leyendo el artículo de Romero y el siguiente de Fernando M. Peña, se puede decir que aquí comienza la etapa épica de la vida artística y personal de Hugo, su lucha quijotesca por llevar adelante su obra, contra la burocracia peronista primero, contra la cárcel, las persecuciones y prohibiciones de la dictadura militar de Aramburu luego, y contra los cambios sociales y culturales que sobrevinieron a la caída de Perón.

Colección Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken.

Peña analiza la filmografía de Del Carril con su acostumbrada originalidad, que no es otra cosa que erudición más una mirada precisa hacia el núcleo del relato del que se trate, cualidad poco frecuente en la crítica cinematográfica actual. Ello le permite clasificar la filmografía delcarriliana, dividiéndola entre los motivos románticos, las puestas expresionistas, un marcado sentimiento trágico que lo hace oscilar entre el drama y el melodrama, y una forma narrativa dura y directa, que conformó su estilo hasta el final.

Julia Kratje, en cambio, realiza su análisis desde la óptica de los estudios feministas, analizando los personajes femeninos y sus desarrollos, encontrando en ellos algunas características inadvertidas en cuanto al lugar de la mujer, el deseo y su expresión y otras conductas y actitudes poco comunes en el cine de la época.

Daniela Kozak enlaza su análisis de la obra de Del Carril con sus ya conocidos estudios acerca de la crítica local, enlace feliz que abre nuevas perspectivas para ambos aspectos. La crítica de cine estaba cambiando en la Argentina de los 50´. Nuevas miradas, influidas algunas por el cahierismo; otras, más cercanas a la política, demandando neorrealismo; o las que, deslumbradas por los nuevos directores de la década (el trío Bergman, Fellini, Antonioni), exigían un compromiso estético y filosófico que no encontraban en nuestro cine. Para ellos, antiperonistas además, Del Carril era un buen artesano sin el suficiente bagaje intelectual. Del análisis de Kozak podemos concluir que esa divergencia, esa antigua grieta entre realizadores y crítica, afectaría no solo a la obra de Hugo del Carril sino a la de muchos de sus colegas veteranos, y se transformaría en uno de los motivos del divorcio entre el público mayoritario y el cine local que empieza a darse en esos años.

Esta es una de las lecturas que permite el libro de Kozak y Calzon Flores, capaz de dar lugar a otros tantos estudios como lectores reúna.

Mientras tanto, nos queda esta revisión omnicomprensiva de la obra, y en buena parte de la vida de Hugo del Carril, un gran artista, un hombre digno, que merecía un trabajo como “Más allá de la estrella”.

Más allá de la estrella. Nuevas miradas sobre Hugo del Carril, editado por Florencia Calzon Flores y Daniela Kozak, realizado con apoyo del programa de Mecenazgo y el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken. El libro reúne artículos de Alejandro Kelly Hopfenblatt, Emeterio Diez Puertas, Juan Manuel Romero, Fernando Martín Peña, Julia Kratje y las editoras.

Este libro cuenta con un micrositio alojado en la página web de la Asociación de Amigos del Museo del Cine, desde donde se puede descargar completo de manera gratuita en los formatos EPUB y PDF: https://museodelcineba.org/mas-alla-de-la-estrella. Además, se puede comprar en el Museo del Cine, en librerías y en sus respectivas tiendas virtuales.

Las fotos utilizadas para este texto (portada e interior) pertenecen a la Colección Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken.


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