Entre navajas y secretos es un retorno para nada nostálgico a la vertiente de los relatos policiales del enigma, destinados a adivinar si el asesino fue o no el mayordomo: el famoso whodunnit. Johnson no oculta el homenaje. La reverencia a aquellos relatos sofisticados que funcionan como piezas de relojería está, pero espanta toda mueca evocativa con una fuerte dosis de humor, haciendo que el tributo devenga en… ¿sátira? No, no llega a eso. Sí quizás a una celebración jocosa, una parodia cómplice y respetuosa de los rasgos arquetípicos del subgénero. Un punto medio que sabe también a “mitad de camino”. A ese ni chicha ni limonada que transpira la película lo rescatan las grandes interpretaciones de un elenco robusto, diálogos filosos y divertidos, y un guion no demasiado ingenioso, pero sí efectivo y sin fisuras. 

Tras la celebración de su cumpleaños número 85 en la enorme mansión que habita, es encontrado muerto el famoso y millonario escritor Harlan Thrombey (un Christopher Plummer de apenas 90 añitos). Los policías que acuden al lugar califican el caso como un suicidio, pero el afamado y excéntrico detective que los acompaña, Benoit Blanc (Johnson le propone a Daniel Craig la travesura de componer un bufón de su James Bond, coincidiendo con su quinta interpretación del agente 007), insiste en discutir la carátula del hecho, encontrando en cada uno de los miembros de aquella extensa y conflictiva familia, motivos para borrar del mapa al patriarca. Mr. Thrombey había elegido su aniversario para limpiar de maleza el jardín familiar y durante el agasajo amenazó a su yerno Richard (Don Johnson) con contarle de su aventura a su hija mayor Linda (destacada Jamie Lee Curtis), dejó de girarle dinero a su nuera Joni (Tony Collette) por robar el dinero para la Universidad de su nieta, despidió de la editorial a su atormentado hijo menor Walt (Michael Shannon), y borró del testamento a su nieto, el flojo de Ransom (Chris Evans, cambiando su traje de Capitán América por el de un Isidorito Cañones versión yanqui). Los interrogatorios se tornan un desfile de colas de paja de los que brotan torrentes de verdades customizadas. Pero el enigma que más fuerte alienta la llama del detective es saber quién fue el sujeto que lo contrató anónimamente para resolver el caso.

El rasgo sobresaliente del film es que su tono leve y descontracturado no opera como taparrabos de un guion caprichoso y rudimentario. Por el contrario, Entre navajas y secretos asume la necesidad de sostenerse en un guion riguroso. “La dona dentro de la dona», dice Blanc. Como los cuchillos del afiche, todos los elementos del guion se encuentran milimétricamente calibrados para señalar el pequeño hueco en el corazón de la historia que devela todos los misterios a la vez. El resultado es un film que divierte e intriga por igual.

A poco de andar, el autor del crimen, interrogante por antonomasia de los films de ¿quién lo hizo?, se resuelve sin haber pisado siquiera la mitad de película. Otra picardía más de Johnson, que reemplaza la clásica zanahoria que empuja a los relatos policiales, por otra: el extenuante derrotero del culpable eludiendo ser descubierto, mientras de su mano (desde su mirada) se nos van revelando los interminables giros de la intriga, esos que durante toda la película jugamos a adivinar, mientras esquivamos sus trampas y pistas falsas.

Es un momento de desconcierto para la platea, al que se sobrevive confiando en que el gato encerrado de la maniobra nos depara un final suculento. Crece aquí, hasta constituirse en indiscutible protagonista, el personaje de Marta Cabrera, la enfermera pura bondad del octogenario difunto interpretada con solvencia por la actriz cubano-española Ana de Armas, quien (¿casualmente?) acompañará a Daniel Craig en Sin tiempo para morir, la vigésimo quinta película de la saga James Bond. Con ella a cargo del punto de vista, el whodunnit vira a thriller, la sorpresa a suspenso y el personaje que paga los platos rotos es Benoit Blanc, quien estaba llamado a ser el jugador del partido y ha devenido en partenaire por el inesperado “cambio táctico” de Rian Johnson. El sagaz detective tendrá sus minutos finales a toda pompa, pero la singularidad de este simpático personaje ve sacrificado su peso en la historia y nos deja con las ganas.

Con Marta Cabrera asoma el flirteo de Johnson con la crítica social: el problema de la inmigración, la xenofobia y los reflejos de autopreservación de una casta aferrada como garrapata a sus privilegios. Que la nacionalidad de Marta sea trocada una y mil veces por todos los países de América Latina durante la película es un buen ejemplo de la liviandad con la que se toma este aspecto el director. En un guion con varios pasajes ingeniosos, que este elemento de la historia asome dibujado a mano alzada y pleno de lugares comunes no puede ser atribuido a los límites del género.

En este motor alimentado de risas y misterios, todos los elementos remedan las reglas de la intriga sin dejar de respetarlas y por eso es que en cada uno de ellos resuena lo de ni chicha ni limonada. La casa y su mobiliario irrumpen como protagonistas y nos anclan en el género, pero aún cobijando los mejores pasajes de la película, la puesta de cámara no termina de exprimir ese espacio. Los enormes intérpretes del elenco son sin lugar a dudas un acierto de la película, pero luego de una gran presentación, a Johnson los personajes se le van cayendo de los bolsillos y llegan al final del relato sin terminar de ser aprovechados. Desparpajo puede significar falta de timidez o falta de orden, y en Entre navajas y secretos por momentos se siente que aplican ambas acepciones.

Aún así, más allá de sus bemoles, Entre navajas y secretos cumple un rol interesante en la cartelera actual. Así como la temperatura del aceite no la advertimos hasta que la primera milanesa lo toca y estalla crujiente, la súbita acumulación de películas que retornan a “lo clásico” despertó un tropel de espectadores que, nos venimos a enterar, estaban en su punto máximo asfixia. Recuperado el aliento, hoy asoman como una turba iracunda empeñada contra todo aquel que no le rinda honores. “Esto es cine” braman los Torquemada del canon, sin que termine de entenderse si las antorchas las apuntan hacia la crítica amanerada, a la cinefilia genuflexa frente el esnobismo autoral, hacia los propios próceres reverenciados por haberse distraído con películas que no iban al hueso, o hacia todos a la vez. En medio de esta reacción tanguera ante películas que enfocan al espejo retrovisor, Entre navajas y secretos aparece como un recreo descontracturado en lo probado, un guiño cómplice y al paso a los mausoleos del género, una celebración de lo clásico sin olor a naftalina.

Calificación: 6.5/10

Entre navajas y secretos (Knives Out, Estados Unidos/2019). Guion y dirección: Rian Johnson. Música: Nathan Johnson. Fotografía: Steve Yedlin. Edición: Bob Ducsay. Elenco: Daniel Craig, Chris Evans, Ana de Armas, Jamie Lee Curtis, Michael Shannon, Don Johnson, Toni Collette, Christopher Plummer y Frank Oz. Duración: 130 minutos.


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