“Un documentalista no puede evitar usar la poesía para contar la historia. Yo llevo lo documental a mi ficción. Estas cosas van de la mano «. Chloé Zhao.

Nomadland, la multipremiada película de la directora chino-norteamericana Chloé Zhao (The Rider, 2017) puede pensarse a primera vista como una película de viajeros, de rutas, de paisajes, y esa sería una imperdonable reducción, porque este relato trasciende el paisaje, la aventura, los caminos y, tanto en lo que muestra como en lo que omite, construye una película política, quizás sin quererlo, que nos (me) interpela y nos conmueve.

Nomadland es cruda pero amorosa. Hay un amor en el retrato de eses personajes rotos por dentro, en el registro que roza el documental y también mucho para pensar, desde las edades de todes elles, los proyectos, el pasado, el futuro, el capitalismo, la burocracia, el dinero, el mundo del trabajo -de esos trabajos temporarios que los viajeros hacen para subsistir-, el desarraigo, el desapego por las cosas casi como una forma de resistencia. El territorio de los márgenes siempre lejos de las grandes ciudades capitales, porque esta no podría ser jamás una historia urbana.

Basada en el libro Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century de Jessica Bruder, el relato alterna el registro documental con la ficción: la presencia de Linda May, Charlene Swankie y Bob Wells, personificándose a sí mismos, compartiendo su experiencia con ella, articulando el relato con sus presencias e intervenciones y, de alguna manera, actuando como mentores de nuestra Fern y de otres como ella, es un gran acierto.

La historia se centra en el derrotero de Fern (una extraordinaria Frances McDormand), una viuda de unos 60 años (este será uno de los ejes de la película) que lo ha perdido todo, desde su casa hasta su pueblo, que no califica para una jubilación ni para un trabajo formal, que sobrevive en su furgoneta (devenida en casa) realizando trabajos precarios, estacionales, temporales. Un dato que aparece en la presentación del personaje es un intento de aferrarse a la vida tal como la conocía. Hay una mezcla de vergüenza y dignidad en esta nueva situación, porque Fern no se asume como una “homeless” sino que es alguien “que ha perdido su casa”. Y le llevará un tiempo reconocerse en esta nueva posición, aceptarse como una nómada más.

Y es ese momento en el que se asume como tal en que la película se parte en dos y aparecen las estrategias de la mano de estos personajes que ofician de mentores y que, a la vez, nos pintan un retrato de cómo transcurre su vida. Un dato más que interesante es la edad de estos “nómadas”, todes elles personas de 60 años o más, que (y este es el recorte que hace la directora/guionista) por diversos motivos han elegido esta vida que nada tiene de confortable (nadie anhela cagar en un balde) ni de romántico viaje de autodescubrimiento pero sí, y de esto no cabe duda alguna, se presenta de manera diferente según hayan sido las motivaciones de la elección y los recursos disponibles para llevarla adelante. Hace un poco de ruido que nuestra heroína aparezca como el único personaje que llegó a esta cofradía de viajeros sin otra opción, empujada al desarraigo y a esta especie de precario retiro de la vida en sociedad.

El afuera aparece para estes expulsades, paradójicamente, como amable y contenedor, y será Swankie la encargada de pintar (casi en un atisbo) ese otro afuera que la película omite. La necesidad de asumirse como “una mujer que viaja sola” con todo lo que ello implica, el deber de cuidarse y no dejar nada librado al azar, porque en esta realidad “siempre hay que tener un plan B”, porque ahora no es poesía sino que estamos realmente solos. Y a medida que el relato avanza Fern va construyendo una rutina dictada por la posibilidad del trabajo que a veces se presenta brutal para esta mujer que con el tiempo va endureciendo su mirada y sus silencios pero conservando la dulzura para cuando es necesaria.

En Nomadland todo es oscuro, frío, gris, precario, desangelado. Quizás esta apuesta estética sea lo más político de la película. Una fotografía exquisita y desapegada, en un registro casi documental, una banda de sonido maravillosa pero no invasiva. Diálogos precisos, naturales, y silencios que construyen un relato en el que los rostros, los gestos, las miradas narran sin necesidad de subrayar nada, a la vez que, en todo momento, nos interpelan.

Un párrafo aparte se merece Frances McDormand. Este es su primer papel después de haber ganado el Oscar por Tres anuncios por un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017). A sus 63 años, lleva mucho tiempo hablando de la necesidad de un cambio social frente a la percepción del envejecimiento. En 2014 contaba en una entrevista con Frank Bruni: «No hay ningún deseo de ser un adulto maduro. La madurez no es una meta. No se ve como un regalo. Algo sucedió culturalmente: se supone que nadie debe aparentar más de 45 años en cuanto a vestimenta, estética y actitud. Todo el mundo se viste como un adolescente. Todo el mundo se tiñe el pelo. Todo el mundo está preocupado por tener un rostro terso», declaraba. Podemos pensar que su participación en esta película es, también, una declaración de intenciones, la reivindicación y la visibilización de una mirada política sobre envejecer en una sociedad (y en la industria cinematográfica) de acumulación y consumo.

Algunos días después de verla seguía pensando en la película y me trajo a la memoria una escena de Laberinto en la que la protagonista llega a un lugar donde hay personajes (bastante viejos) que cargan en la espalda los objetos que construyen su historia y se mueven muy pero muy despacio y no van a ningún lado, como el retrato necesario de la edad adulta, detenido por la acumulación de cosas/recuerdos/objetos/fetiches que te anclan a un lugar. Nomadland, entre otras cosas, es el otro lado del espejo de esa escena. Aunque podemos pensar que, en ambos casos, a veces no se elige el lugar en el que une se termina quedando.

Nomadland construye un relato doloroso y profundo, amoroso y melancólico; es una película exigente que nos obliga a ponerle el cuerpo y está bueno que lo sea.

Puntaje: 8/10

Nomadland (Estados Unidos, 2020). Guion y Dirección: Chloé Zhao. Música: Ludovico Einaudi. Fotografía: Joshua James Richards. Elenco: Frances McDormand, David Strathairn, Linda May, Charlene Swankie, Bob Well. Duración: 108 minutos


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