EXISTS_posterTerror en el bosque es mala. Ya lo sabemos antes de verla pero igual le regalamos ochenta y un minutos de nuestras vidas. ¿Por qué? Porque El proyecto Blair Witch (1999) sí fue buena y el hechizo sigue vigente. Eduardo Sánchez hasta se podría dar el lujo de dirigir otra película de la misma clase y nos volvería a robar minutos de nuestra existencia. Sí la próxima fuese en el mismo bosque, con otros gomas con cámara en mano, pero buscando extraterrestres, nosotros caeríamos nuevamente frente a la pantalla. A veces el cine funciona así: hay películas que entretienen de lo malas que son.

Al igual que en El proyecto Blair Witch, Sánchez se nutre de una leyenda. Más popular que la regional bruja de Burkittsville, Maryland, en esta oportunidad quien imparte el terror es el Sasquach, o más conocido como el Hombre de las nieves o Pie Grande. Esta es la excusa para que nuevamente un grupo de yankis huevones, todos actores desconocidos, se metan en medio de un bosque extensísimo muñidos de cámaras para así lograr dos cosas: intentar captar al monstruo, y que la película parezca una historia real. Dado que ya nadie se come el verso de que lo que vemos son cintas encontradas, y que al monstruo lo conocemos de antemano en el afiche de la película, ninguno de las dos cosas vitales se logran. Pero Eduardo tiene suerte y la seguimos mirando.

¡Bu!: eso es lo que el espectador espera. Que en algún momento salte el monstruo y nos asuste. Lo esperamos cuando la protagonista tetona y el musculoso intentan echarse un polvo internados en el bosque, cuando uno de los pibes registra la casa y va abriendo puertas y placares; lo esperamos cada vez que se hace de noche y el protagonista, que ya sabe que merodea el Sasquach, sale como si nada a fumarse un porrito en soledad. Y el ¡Bu! no resulta nunca, ni una vez, pero la seguimos mirando.

Exists-Eduardo-Sanchez-3Es un gran mérito que la tetona no quede en tetas antes de morir. ¡Eso sí que es romper con el género! Pero hay algo que también quiebra el género aunque no es para elogiar. En Terror en el bosque hay muchas cámaras. Casi todos los protagonistas llevan una. Así se justifican muchos más planos que los que aportaba la única cámara de Blair Witch. También, casi al principio de la historia, uno de los tres varones aclara que pondrá cámaras en los árboles para intentar filmar al Sasquatch. Resulta que son montones, porque la acción se dispara a grandes distancias y siempre tenemos registro de todos los personajes corriendo delante del peludo. ¿No esperará Eduardo Sánchez que con esa única línea que pronuncia uno de los actores se justifiquen todas las tomas, no? En Terror en el bosque hay más cámaras que en la casa de Gran Hermano. Los cinco tipos se la pasan corriendo para no morir, y siempre quedan en primer plano. De terror.

¿Por qué los persigue? Eso es lo única intriga que tenemos, aunque no hay que ser brujo para adivinar la razón. El resto es más de lo mismo: ver en qué orden van muriendo, ver si alguno zafa y llegar al momento del primer plano del Hombre de las nieves. Esto último acontece. El bicho no genera mucho, la película no aporta nada. Aún así veremos la próxima, con extraterrestres, zombis, la llorona o lo que sea que justifique un par de yankis al pedo, corriendo por el bosque.

Terror en el bosque (Exists, EUA, 2014), de Eduardo Sánchez, c/Dora Madison Burge, Samuel Davis, Roger Edwards, Chris Osborn, 81′.