5967-blanco-fuera-negro-dentro_168La película El blanco afuera, el negro adentro (Branco sai, preto fica), ganadora de la Competencia Latinoamericana del Festival Internacional de Mar del Plata, da cuenta del enfrentamiento entre dos potencias. Una de ellas es Brasilia, una ciudad concebida en su momento como segunda capital de Brasil, universo predominantemente urbano y esteticista. El director de la película, Adirley Queirós, contaba en el marco del festival: “Brasilia es una ciudad que fue construida en el medio de la nada en los años 70; en esa construcción participaron 80.000 obreros que estaban radicados allí y a los que, con una operación militar de una semana, se los erradicó y se los llevó a un lugar a 40 km. de Brasilia porque ‘no se podía ver una favela tan cerca de la ciudad tan bonita y tan diseñada’: de ahí surge Ceilândia”.

Ceilândia es pensada por Queirós como la otra potencia, no como región dominante sino como el poder arrollador que se despliega en un hecho artístico; de hecho, el mismo manifestó su intención de “hacer volar Brasilia en pedazos” con una película “de venganza”. En la película se hace referencia a una bomba. “La idea de la bomba es atacar a Brasilia, que es como una maqueta, como un lugar inmaculado, blanco, fálico, es el centro de poder, y es muy distinto de su periferia”.

486316973_640Es en el hecho estético donde existe, para el director, una reparación de lo irreversible; no solo en la catarsis de los protagonistas, que lo son también de los acontecimientos originarios del drama, sino en la posibilidad de que una pregunta surja en el espectador. La película opera como algo que se arrastra desde hace años en los cuerpos y se actualiza en un universo de restos. ¿Qué hace con estos restos Queirós? Busca una estructura: piensa en un esqueleto que pueda amalgamar tales restos, organiza una interesante transición, una mixtura entre ficción – dominando la sustracción de tópicos de ciencia-ficción –  con crónicas de un pasado crudo que no cesa de reactualizarse. Planos detalle de fotos que eternizan el interior de locales bailables de los años ochenta brindan una oportunidad para plasmar en imágenes mentales lo fundacional en el relato: una feroz represión policial que tuvo lugar en esa década en dichos locales y que dejó marcas indelebles en los cuerpos con afectación de su motricidad.

La negritud, gran protagonista de la película, relegada como subjetividad en el cine y en la Historia, capturada en general por el punto de vista del blanco conquistador y esclavista que la condena al lente del documental clásico, en el caso de El blanco afuera, el negro adentro, irrumpe en cuadro y se apodera del campo. En representación de la negritud se hace  presente uno de sus protagonistas, Marquinhos, amigo a la fuerza de por vida de su silla de ruedas; otro es Sartana, al cual le falta una pierna y se presenta como un erudito en la mecanicidad y las posibilidades de las piernas ortopédicas; completando el cuadro de personajes centrales, un viajero del tiempo – la apuesta por entero ficcional – cuya misión es hallar las evidencias de la responsabilidad del aparato del Estado en la represión en las favelas.

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La ficción y las posibilidades del cine antes del advenimiento de la misma se contaminan mutuamente en el entramado de imágenes, presentando un mundo en general cerrado sobre los “personajes”; con frecuencia, el trabajo en el cuadro de Queirós elige la cara de Marquinhos, cuyo lugar de resistencia es una radio clandestina desde un reducto tan indefinido como fascinante, que incluye una suerte de montacargas – fabricado para la ocasión  – en el cual entra el cuerpo en su silla de ruedas, inmortalizado desde un violento contrapicado que jerarquiza no la documentalización habitual de la discapacidad, sino sus posibilidades en la estructura del relato. La materia prima de los espacios de la película es de metal, con un rol más perceptual que escenográfico. Pedazos de metal que nos invitan a juntar las piezas de un mundo pos apocalíptico: en este  después de, el resultado es un hecho estético integrado en un rap (“el rap en Brasilia es una música muy política para nosotros”, destaca Queirós), en un grito, en una apócrifa transmisión radial, en una bomba, en un llamado a alguien que se encuentra en algún lado; en definitiva, en un acto de resistencia.

El blanco afuera, el negro adentro (Branco sai, preto fica, Brasil, 2014), de Adirley Queirós, c/Marquim do Tropa, Cláudio Irineu Shokito, Dilmar Duraes, DJ Jamaika, 93′.


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