Para saber cómo es la soledad

Con mucho trabajo, esfuerzo y talento, Liam Neeson se hizo un lugarcito como el último de los héroes prácticamente irrompibles y altamente rentables y repetidos que empezaron a llover desde aquellas tan distantes cajitas de videohome, y a tono lo hacen cada vez más paisano y patriota aunque sea irlandés. Pero al mismo tiempo aporta o bien un poco más o un poco menos a la receta: viene de un pasado actoral absolutamente distinto al subgénero, su contextura si bien robusta no es la de las action figures lustrosas de los 80-90 y no sólo no es irrompible sino que casi siempre arranca muy de abajo y ya algo roto y va dejando jirones. Y a la vez -a menos que la razón de su aventura o infierno sea rescatar a alguien de su propia sangre- su nobleza surge a pesar de él mismo.  

Por sobre todas las cosas el Neeson de acción es un solitario. En este doble programa que se nos apareció en las plataformas en estas semanas llega a una exégesis de la soledad, pero aun cuando en la saga Taken el tema era salvar la vida de su hija, el tipo es naturalmente desde su presencia un desclasado: aunque esté profiriendo aquel one liner que se convirtió en meme que invoca el “te busco, te encuentro y te mato” (con indudables resonancias de spaghetti western), su mirada, la expresión invariablemente desolada de sus cejas enarcadas y esos ojos cada vez más hundidos nos involucran en su vulnerabilidad y su desesperación. Así entonces, reedita film tras film al héroe a pesar suyo y si bien hace rato que podría aparecer tras los títulos rompiendo la cuarta pared y diciendo “¿otra vez me toca a mí?”, en este back to back que bien podría coronar una función del (snif) extrañado Cine Electric (cita de Marcos Gustavo Vieytes, 2021), El protector (The Marksman) y Riesgo bajo cero (The Ice Road) son altamente disfrutables y en ambas hay pedal a fondo –son películas de ruta que no road movies- en este personaje paradójicamente conflictuado y a su vez de tan pocos trazos. Y más que un par de coincidencias. 

Rotos y mal parados 

El protector muestra a Jim Hanson, al igual que el Mike McCann de Riesgo bajo cero, bien debajo en la escala social y laboral. Es un héroe de guerra con medalla que apenas sobrevive en su hacienda a metros de la frontera con México y muy pronto se quedará hasta sin ella: le resta tan sólo la camioneta, el fiel perro Jackson, un rifle y el retrato de su mujer fallecida (otra vez el rostro de Neeson: su expresión, la foto y el lejano parecido a Natasha Richardson y las circunstancias trágicas en que Liam perdió a su mujer nos convocan a un abrazo simbólico a este encorvado y envejecido actor que sin embargo labura como si no hubiera pandemia). Las circunstancias harán que este patriota -que se entera que se queda sin su casa cuando está enrrollando la bandera que orgullosamente iza a diario en el patio- cambie drásticamente su destino cuando deba a pesar de su idiosincrasia de guardián de frontera gratuito proteger a un niño mejicano de las garras de un cartel de drogas que –a tono con estas tramas- viene barriendo parejo al resto de su familia. 

Robert Lorenz, frecuente colaborador de Clint Eastwood y a quien dirigió en Curvas de la vida, toma una historia que se adivina desde el vamos por ultra transitada y hace lo que puede echando mano a, precisamente, las constantes del personaje elaborado por su protagonista a través de ya tantas películas y su experiencia con un referente clásico como Eastwood y la influencia de su obra que le permite salir –aunque no mucho- de lo rutinario del asunto: no es este tampoco “un mundo perfecto” ni muchísimo menos,  tan sólo una fuga bien filmada con aprendizaje mutuo entre un viejo agotado, descreído, malhumorado y solo y un niño que aunque sepa que sus tíos esperándolo en Chicago son su salvación, le retruca algo así como “no me importa un carajo venir a tu país”. Al cabo que ni quería, pero resulta que él también está perdido en el mundo. Finalmente, la mano de Lorenz provee algo de impronta de road movie a El protector. Todo esto con la esperada tensión y también una fotografía y montaje que remite más a las películas ruteras de Jack Starrett de los 70 que a las rápidas, furiosas y de edición demencial de la saga de Diesel y compañía.  

El salario del hielo 

Un poco más original ya desde el escenario es Riesgo bajo cero, que vuelve a llevar a nuestro torturado héroe al frío que había sido su galería de tiro en Infierno blanco (The Grey, 2011) y Venganza bajo cero (Cold Pursuit, 2019). Acá Mike Mc Cann es un camionero en equipo con su hermano mecánico Gurty, veterano de guerra con habilidades extraordinarias así como graves secuelas mentales del conflicto, desocupado y contratado de urgencia para llevar equipamiento tan pesado como delicado a través de una ruta no helada sino literalmente de hielo –es decir sin suelo debajo, un río congelado- hacia una mina de diamantes que explotó en circunstancias nada claras matando a algunos obreros y dejando otros tantos atrapados.  Una vez más Liam Neeson se carga al hombro lo de «la patria es el otro» y aquí con el aliciente de una tentadora paga que los puede sacar de perdedores a ambos hermanos y comprar su propio camión. 

Aún con música country sonando desde el equipo a bordo, acá el protagonista cambia sombrero por gorro y camisa a cuadros por campera y los paisajes no son el mapa rutero del sur norteamericano y sus fábricas, ciudades, bosques, valles y montañas sino la llanura congelada de un río canadiense que de tan simétrica (línea recta de la ruta, paisaje de páramo y un viaje cuyo mayor riesgo es que se abra el piso) no podía sino desembocar en un temprano y sorpresivo slalom cuando todavía no calentaron motores, cargándose primero a un Laurence Fishburne que debe laburar a reglamento ya que últimamente no llega a la mitad del metraje casi nunca. Y ya que estamos con locaciones, aun las obvias como puramente formales referencias a esas enormidades llamadas El salario del miedo (Clouzot, 1953) y su remake, Sorcerer (Friedkin, 1977), son aquí brutalmente despojadas de los ominosos escenarios donde éstas se desarrollaban –montaña y selva respectivamente- para poner en este caso a los héroes descartables en una infinita pista de patinaje. 

A propósito, partir del ajuste de cinturones la diferencia de paisaje aquí no hace sino acentuar la soledad de los buenos: el improvisado equipo de camioneros y acompañantes donde puede haber un traidor, y en un espacio completamente distinto (en la oscuridad, cercados por escombros y con oxígeno cada vez más limitado)  los obreros en agónica espera mientras los conspiradores –que al espectador le son tempranamente descubiertos y al escritor/director Jonathan Hensleigh no le queda otra que ponerle interés, acción y emotividad al kilometraje, no siempre con igual fortuna- son dibujados como la típica corporación malvada y se sabe que los malvados duermen bien. 

En suma, esta dosis doble de Neeson no aporta ningún estimulante nuevo para una pandemia que viene trayendo desde hace muchos años el cine de acción que es la previsibilidad y la rutina, y menos aún si agregamos que nos están vedados los cines, es decir, los espacios naturales para disfrutar este tipo de aventuras. También casi podemos estar seguros del próximo capítulo de este sacrificado «everyman» que cada vez arrastra más su osamenta y podemos adivinar su vía crucis. Será por eso que lo esperamos con los brazos abiertos.

Calificación de las dos películas: 7/10

El protector (The Marksman; Estados Unidos, 2021). Dirección: Robert Lorenz. Guion: Chris Charles, Danny Kravitz, Robert Lorenz. Fotografía: Mark Patten. Música: Sean Callery. Reparto: Liam Neeson, Katheryn Winnick, Teresa Ruiz, Juan Pablo Raba, Dylan Kenin, Luce Rains, Jacob Perez, Dominic Cancelliere, Chase Mullins, Alex Knight, Ming Wang, Grayson Berry, Kellen Boyle. Duración: 108 minutos.

Riesgo bajo cero (The Ice Road; Estados Unidos, 2021). Guion y dirección: Jonathan Hensleigh. Fotografía: Marcus James, Tom Stern. Música: Max Aruj. Reparto: Liam Neeson, Laurence Fishburne, Amber Midthunder, Holt McCallany, Matt McCoy, Martin Sensmeier, Matt Salinger, Paul Essiembre, Marcus Thomas, Lauren Cochrane, Gabriel Daniels, Bj Verot, Chad Bruce. Duración: 103 minutos.