A lo largo de su filmografía, Paula Hernández colocó siempre a la mujer como protagonista absoluta de sus historias. A través de sus personajes, la realizadora expuso los lazos familiares, las relaciones sexo-afectivas, el trabajo y la forma de habitar el mundo de esas mujeres. Todas personalidades fuertes, quebradas y resilientes. En su último trabajo, Las siamesas (2020), la directora aborda el problemático vínculo entre madre e hija, tópico que ya había sido desarrollado de modo muy interesante en Los sonámbulos (2019). Mientras que en su anterior película tenemos una madre intentando proteger a su hija y a sí misma en un contexto familiar tan rancio como asfixiante, en Las siamesas el relato se ajusta exclusivamente a la historia y el devenir dos mujeres: Clota (Rita Cortese) y su hija Stella (Valeria Lois).

Desde el inicio es posible observar la dependencia entre ambas mujeres: lo primero que oímos son las demandas incansables de Clota sobre su hija; la requiere inclusive antes de levantarse de la cama a primera hora del día. Stella, agobiada, responde a cada pedido. Rápidamente aflora la imposibilidad que ambas poseen para el desapego mutuo. Dependientes la una de la otra, se necesitan y se retroalimentan, se aman y se odian. Aunque aparecen homologadas desde su imagen, peinados y tinturas artificiales, maquillajes recargados y vestuarios de estampados selváticos, en sus temperamentos aparecen profundas diferencias. La madre -una manipuladora profesional- exhibe una personalidad dual que fluctúa entre mujer cruel y vieja desamparada. Por su parte, la hija se presenta sometida a los mandatos familiares, por momentos aniñada y con poca capacidad de decisión.

Las dos mujeres emprenden un viaje desde su ciudad de origen -Junín- hasta Costa Bonita, en Necochea, con el objetivo de conocer los departamentos que Stella heredó de su padre recientemente muerto y definir qué hará con ellos. El camino que deben atravesar y el tiempo de convivencia forzada en el espacio reducido del ómnibus de larga distancia, resultan la ocasión ideal para ventilar todo aquello que estuvo guardado durante mucho tiempo. Ese espacio nos permite acceder a los secretos familiares, las pérdidas y las frustraciones de cada una. Como en toda road movie, en Las siamesas se combina de manera metafórica el recorrido por la ruta (en este caso complejo), con la transformación y el desenmascaramiento de los personajes. Apenas comenzado el trayecto, vemos cómo la mirada de Stella se encuentra llamativamente sumergida en el cartel indicativo de la salida del micro. Salir, justamente, es lo que ella necesita; emanciparse, lograr saltar ese círculo vicioso en el que se encuentra atrapada junto a su madre, quien no está dispuesta a ceder, ni a otorgar libertades.

El miedo es una constante que atraviesa todo el relato y que se refleja en los personajes: Clota se muestra miedosa, le teme a las noticias, a quedarse sola, a estar rodeada de gente, a la oscuridad, simplemente a todo. A la par, Stella intenta infructuosamente luchar con los miedos e inseguridades que mamó a lo largo de su vida. A ello se suma la escasa confianza que su madre depositó y deposita en ella. Desde la mirada materna, esa hija es incapaz de realizar cualquier proeza con éxito y su voz no tiene el más mínimo valor. Allí se encuentra la raíz de sus temores más íntimos. Esa atmósfera del horror se traduce en imágenes: la construcción de planos donde prevalecen luces y sombras, focos intermitentes, visibilidad reducida y contraplanos negados en sintonía con la oscuridad de la noche, la lluvia y el desamparo de la ruta, resultan en escenas terroríficas. Por momentos, la narración se torna sofocante: la cámara parece estar apenas separada de los personajes mientras los acompañá en sus movimientos; son planos muy cerrados que nos involucran directamente. El reencuadre a través de puertas, ventanas y otras figuras geométricas dentro de la diégesis, opera en este mismo sentido, generando así una sensación de extrañeza y opresión.

La variación en las condiciones climáticas es otra de las formas metafóricas que utiliza Hernández para manifestar el mundo interior de sus personajes. Ya lo había realizado en Lluvia (2008), donde una copiosa tormenta inundaba a los dos protagonistas durante toda la película, personajes que, aunque en situaciones diferentes, se encontraban librando batallas internas. En Las siamesas, durante casi todo el metraje el clima se mantiene cubierto; ese gris, esa inestabilidad, se equipara con la fragilidad del vínculo armonioso entre madre e hija. Cuando ese débil equilibrio se rompe, la lluvia se apodera de la pantalla para significar, además, el punto de quiebre en la vida de esas mujeres.

Basada en el cuento homónimo de Guillermo Saccomanno, Las siamesas se propone como una película pequeña, realizada sin artificios. Un drama sólido que se apoya en personajes complejos. Paula Hernández vierte en su film una delicada exploración en torno a la familia, el duelo, el deseo y la posibilidad o no de segundas oportunidades a través del siempre conflictivo lazo entre una madre y su hija.

Calificación: 9/10

Las siamesas (Argentina, 2020). Dirección: Paula Hernández. Guion: Paula Hernández y Leonel D’Agostino. Fotografía: Iván Gierasinchuk. Edición: Rosario Suárez. Elenco: Rita Cortese, Valeria Lois, Sergio Prina. Duración: 80 minutos. Disponible en Flow.


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