Luego de la fallida Escuadrón suicida (David Ayer; 2016), Warner Brothers se lanza con las aventuras de Harley Quinn en busca de su emancipación, en una película cuya mezcla de trash y parodia no termina de salvar de las aguas al personaje, ni a la franquicia de DC.

La ruptura de Harley Quinn (Margot Robbie) con el Joker es el puntapié inicial para que la antiheroína comience su viaje de transformación no solo para la emancipación que reza el título, sino para poner en crisis su moralidad. Ya sin la “protección” de su ex pareja, Quinn cae en la crisis del abandono y la vulnerabilidad, dando paso a todos aquellos a quienes injurió en el pasado para la revancha. Entre ellos, Roman Sionis / Black Mask (un gran Ewan McGregor) es quien lleva adelante la acción y es el responsable de que el grupo heroico finalmente se concrete.

Es el personaje principal quien introduce y acompaña al espectador en todo momento, narrando lo que pasó, lo que pasa, lo que va a pasar. Hay un juego con el tiempo del relato que dinamiza la narración y la fuerza, al tiempo que representa la forma de contar propia de la mente trastornada de Quinn, quien ordena el relato como puede. La dinámica temporal intenta aggiornar un guion trunco en lo que respecta al tratamiento de los personajes. En la primera media hora de película -e incluso un poco más-, la protagonista es retratada con un patetismo plástico que pretende usufructuar de manera amarillista las relaciones tóxicas del personaje.

Su transformación, por minúscula que sea, se da gracias al colectivo de mujeres que termina aunándose en contra del enemigo común. Un grupo de mujeres que étnica y etáreamente busca la universalidad termina uniéndose en una sororidad cortada por la actitud del personaje de Robbie. Encastrada en la formación de Aves de presa, Quinn puede resaltar su antiheroismo, pero no deja de ser un personaje aniñado con intenciones de mordacidad que no terminan de llegar a la acidez ni a la comicidad pretendidas bajo los tintes de la  autoconciencia. Al estilo de Deadpool pero sin éxito, la película se conforma a sí misma como ficción en base al pastiche pop de un personaje que devela leyes que culturalmente están instaladas. En especial en lo referente a los tópicos del cine policial del 80 (las frases trilladas que usaban, cómo el policía díscolo reactivaba la acción una vez que lo suspendían y demás). Además, hay muchas referencias no solo a Escuadrón suicida, sino también a otras películas que van desde Whip It hasta Volver al futuro, con la inclusión de un personaje que, si bien está salido del cómic, tiene todo para ser catalogado de tarantiniano: una mujer fuerte que busca rehacerse para vengar la muerte de quienes masacraron a su familia. Con lista incluida. Imposible obviar la referencia a Kill Bill.

Lamentablemente, ese conocimiento cultural y genérico no termina siendo útil a la narración ni a solidificar un guion que no cesa de caer en lugares comunes. Muy por el contrario, haciendo uso de la voz en off la protagonista relata lo sucedido y recita en voz alta todas sus patologías mirando directo a la cámara, gesto coronado por la pregunta autorespondida: “¿Sabes lo que es un arquelín? Algo que está hecho para servir.” El personaje cosificado en busca de su individualización.

Durante los primeros treinta minutos, el personaje es ultrajado y violentado varias veces para plasmar la dominación que se ejerce sobre aquello que no es más que un arlequín y cuya historia se cuenta con facilismo, e incluso vagancia. El problema radica en que soslaya la narración para centrarse en las escenas de acción. Cuando la película se quita la carga de presentar la situación para contextualizar a quienes no conocen el bagaje de Quinn, se explaya en escenas de pelea que resultan dinámicas y originales, donde lo circense del cine sale a relucir en formas de brillantina y pases de slapstick que no aminoran la violencia.

Finalmente, la premisa del empoderamiento, de la exaltación del poder femenino y demás estamentos hoy políticamente correctos quedan como meros ganchos mercadotécnicos: la película de Cathy Yan se despliega bajo las alas del entretenimiento y la acción. Es ahí donde mejor funciona, cuando abandona los estandartes y se rinde al goce de las escenas de acción vertiginosas, en ambientes empotrados en claroscuros y luces de neón, con movimientos de cámara rápidos y sucesiones de planos que cortan la imagen al igual que una viñeta. Es ahí donde el dinamismo y la fluidez se hacen presentes, junto con una estética trash que sobreimprime escritos digitales por sobre la imagen detenida y que pretende «imitar el cómic»; una forma que, si bien está vetusta, dinamiza lo engorroso de la progresión del guion.

Calificación: 5.5/10

Aves de presa y la fantabulosa emancipación de una Harley Quinn (Birds of Prey and the Fantabulous Emancipation of one Harley Quinn; EUA; 2020). Dirección: Cathy Yan. Guion: Christina Hodson. Fotografía: Matthew Labatique. Edición: Jay Cassidy, Evan Schiff. Elenco: Margot Robbie, Ewan McGregor, Mary Elizabeth Winstead. Duración: 109 minutos.


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