Por Hernán Gómez.
Ahora, ¿qué se viene?

Hice una serie para el INCAA. Se llama Dos por una mentira. Salió del mismo concurso que le permitió hacer Fantasmas de la ruta a Campusano. Son trece capítulos, y es una especie de telenovela con giallo y un costumbrismo medio deforme. Otra vez comedia, pero con un tono diferente, más estilizada que Diablo, y parecida a una telenovela. Hay un asesino de ventrílocuos, un mundo paralelo a la realidad, con un toque argento, algo de expresionismo, y un humor más mogólico. Con el paso de los capítulos se va volviendo más estúpida. Comienza  seria y solemne, y se va volviendo bien idiota. Sergio Boris es un cantante de boleros muy famoso, mujeriego y merquero. Se suicida y va poseyendo a su imitador, que también protagoniza Boris. Al mismo tiempo, hay un asesino de ventrílocuos que copia crímenes de películas, y un policía que investiga los asesinatos. Transcurre en el mundo de los imitadores. Entre otros, está Paul Stanley y Gabo Correa hace de un imitador de Freddy Mercury, que es como un gay de armario con el que se hacen muchos chistes idiotas. Y hay grandes momento de actuación. El resultado me gusta mucho, tuve algunos temas de producción, porque nunca termina de alcanzar la plata, pero el nivel de realización que tuvimos es tremendo para el presupuesto con el que contábamos.

¿Cómo fue la experiencia? ¿Dista mucho del cine?

El tema es que ninguno de nosotros había hecho mucha televisión, algo que me planteo Fabián Forte, quien dirigió un par de capítulos y fue el asistente de dirección. Hicimos todo lo posible para tener el ritmo de  TV, cosa que logramos hacia la mitad del rodaje, pero al final nos quedo bastante cinematográfico. Como todo el mundo, tuvimos que hacer algunos malabares en el montaje a lo último. Para lograr el final que queríamos, el proceso de edición  fue como abrirte el cerebro con un serrucho. Casi todos los capítulos están muy buenos, y me encantan la actuación y la foto de algunos. Me pone muy contento el resultado y aprendí mucho. Hubo mucha improvisación de los actores y eso estuvo buenísimo. Siempre buscando un cierto preciosismo,  sombra y todo eso.

Yo suelo escribir pensando mucho en locaciones y acá como me cague en todo, veinte locaciones. Me puse mil palos en la rueda. No me importó nada, pensé: “después vemos cómo lo hacemos”, y fue un laburo groso. Tuvimos mucha suerte de que Sandra, la directora de arte, consiguiera un PH con tres casas a punto de demoler, por una plata que le servia al dueño y a nosotros. Ahí pudimos construir todo: el interior del cementerio donde transcurren muchas escenas, la casa del protagonista, la del asesino, la oficina del policía, y una cosa al lado de la otra. Terminábamos una escena, la desarmábamos y armábamos otra cosa, y seguíamos. Nueve semanas filmando siempre en mismo lugar, que simplifica todo. Eso nos salvo la vida.

 
¿Cómo hiciste con la música? Porque la TV te da otra libertad.
La música de la serie la hizo Ale Soler, que es montajista y músico. Es una idea muy interesante, porque me gusta mucho cómo editan los montajistas que también son músicos, como Robert Rodriguez. Pegan planos con toques musicales que me gustan mucho. Al final Ale no puedo hacer el montaje, pero sí la música con varios leitmotivs: para los asesinatos, para el policía, para las escenas de sexo, para las de sexo mala onda. También fueron mis primeras escenas de sexo, experimentamos mucho con el montaje.

Había una novela, o una serie, que se llamaba Dos por una mentira.

Es una especie de homenaje, y la serie, en general, trata el tema del plagio. Cada capítulo es el título de un libro que fue película, o de alguna película influyente: Noches sin lunas ni soles, y otras por el estilo. Copiamos crímenes de películas famosas, y se convierte en algo medio subnormal.

También te va dar acceso a otro público.

La verdad, no sé que va a pensar la gente de canal siete cuando veo esto. Tengo un poco de ansiedad por saber cuándo sale al aire. Ya estuvo la de Sola, que hace de Oesterheld, Combatientes también tuvo aire, todas salimos del mismo concurso. También puede ser que en algún momento la proyecte INCAA TV. Por contrato, en Argentina es del BACUA (Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino).

¿Se filmaron muchas de estas series?

Si, salieron mucha: Los pibes del puente, del año pasado, Fantasmas de la ruta, de Campusano, otra era La defensora con Virginia Inoccenti, también del mismo concurso. Después había otro concurso que daba más guita, del que salió la de Albertina Carri, que también tuvo aire.

¿Qué costo tiene un capitulo de estas series?

Cien lucas por capitulo, puede llegar a ciento veinte también. Estás hasta las pelotas con el presupuesto, porque es todo cine, y el cine es muy caro. Calculá que los técnicos se llevan un cuarto de tu presupuesto general. Un par de personajes que hacen de víctima cobran cuatrocientos pesos.

Está bueno que gente como ustedes pueda filmar y vaya quedando un registro de la época.

De esta administración me parece fabuloso que muchos puedan acceder a filmar gracias a ella. Yo salí de mi casa con un guión e hice una película. Antes tenías que entrar en el circuito del INCAA, muy viciado de contactos, buscar algún productor al que le cayeras bien, y todo eso. Falta la cuota de pantalla y algunas cosas más, pero igualmente la mano cambió.
 

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