1. Bongwan (Kwon Hae-hyo), dueño de la editorial que lleva su nombre, dialoga con Areum, su nueva empleada en el primer día de trabajo. En un momento, Bongwan, dice: “Lo que se puede describir no es la realidad”. Areum (Kim Min-hee), en cambio, manifiesta no ser la dueña de su destino, que puede morir en cualquier momento y que –vaya paradoja- todo es menos grave de lo que parece. El día después (Geu-hu en el original) se mueve antes y después de ese momento, entre esas coordenadas. La realidad que no puede escribirse y la ficción que no puede ni debe interpretarse como realidad. Y la constatación de que nada de lo que vemos en los personajes es tan grave como parece.

2. La primera escena de la película –un hombre que se levanta a las cuatro y media de la mañana y empieza a desayunar, su esposa que lo ve raro e intuye la existencia de una amante, la risa del hombre ante el planteo de la mujer- se mueve ya en ese desfasaje. El planteo conflictivo se disuelve en la risa del hombre, incrédulo ante lo que escucha. La realidad que aparece en el imaginario de la esposa, descripta como una aseveración que no tiene (¿no tiene?) sustento en la realidad. Escribir la historia, incluso en la imaginación de una persona/personaje, es despegarse de la realidad y reconstruir sucesos en los que lo real y lo imaginado se mezclan, se confunden, sin que, como en este caso, haya más indicio que un gesto.

3. El desfasaje incluso se potencia. El día después al que hace alusión el título de la película no es un día específico, ni son sucesos que ocurran al día siguiente de otros. La idea del “día después” es la del “llegar tarde”. Esa primera escena es equívoca: en ese punto, la reacción de Bongwan puede parecer la de quien no ha hecho nada y no puede entender el planteo que recibe de parte de su mujer. Pero las escenas siguientes delinean el panorama de otra manera: Bongwan borracho abrazando a su secretaria en la escalera, y después rompiendo en llanto luego de correr, indican que esa historia construida por su esposa está desfasada temporalmente. Es ella la que llega tarde, la que se encuentra en el día después, cuando ya no hay nada de lo que creía que había.

4. Esa situación es una consecuencia de la forma en que se mueven los personajes en el interior de la trama. Bongwan, el hombre, intenta siempre avanzar en línea recta, hacia delante. Toma decisiones, aún las equivocadas, que lo llevan a desplazarse siempre hacia una instancia superadora: la relación con Changsook (Kim Sae-byeok), la ruptura posterior, tomar a una nueva empleada, permitir el regreso de Changsook. En Bongwan, el tiempo se borra como instancia de varias dimensiones. Como un puro presente, el pasado se niega o queda confinado al pasado. No es casual en ese sentido que después de la ruptura no haya sabido nada de su amante: un llamado de su parte hubiera implicado la existencia de ese pasado que de alguna manera se quiere mantener en ese lugar. Pero hay una escena que pone de manifiesto, de manera casi violenta, ese carácter. Cuando Areum vuelve a visitar la editorial y se establece una nueva charla con Bongwan, él no la recuerda y solo piensa que puede haber bebido algo con ella en alguna oportunidad. Y dentro de esa misma charla, es notable el relato que hace de los motivos por los cuales volvió con su esposa. Bongwan dice que su mujer se apareció con su hija en la casa que él compartía con su amante, y que en ese momento comprendió que debía vivir por su hija. Esa hija que al partir con su amante ya existía, pero que decidió dejar en el pasado, hasta que su esposa vuelve a hacer presente.

5. Las mujeres de la historia, en cambio, se mueven apelando a la circularidad. Son como boomerangs que el protagonista arroja hacia delante, pero están condenadas a volver al punto de origen. Si ello le sirve a Hong Sang-soo para experimentar su habitual juego de repeticiones y variaciones –la más notoria es la escena de la charla con Areum al comienzo y el final de la película-, también le permite usarlo como contrapeso a la linealidad de Bongwan. El retorno de la esposa, el de Changsook después de un par de meses de alejamiento, el de Areum que vuelve a la editorial después de un tiempo, manifiestan el peso del pasado en sus vidas, que no puede ser negado. Pero a la vez que lo ponen en escena, obligan al protagonista a posicionarse ante él. De allí que esas fugas hacia delante que plantea Bongwan en cada decisión que toma, se vuelvan nuevamente circulares, retornos al mismo punto de partida al que pretende ignorar.

6. Lo interesante es que aún cuando el tiempo funciona como eje central de los movimientos de los personajes, la puesta de Sang-soo tiende a relativizarlo en la imagen. La indefinición de los tiempos en que ocurre cada una de las escenas –en especial en el comienzo y en la elipsis notoria del final- refuerza la impresión de un presente continuo del personaje central que involucra el pasado. No se trata simplemente de un rompecabezas que el espectador debe armar, ni de la evocación del personaje: se trata más bien de una zona difusa que no es ni lo uno ni lo otro y en donde la ausencia de lo explícito permite manipular los tiempos hasta diluir su aspecto cronológico o evocativo.

7. Aún cuando, como dice Areum, nada es tan grave como parece, hay algunos elementos remarcables respecto de los personajes que pueden verse como variaciones en el esquema habitual del director. Si el eje de la relación entre el hombre y su amante se corre ligeramente hacia una instancia diferente de relación entre personajes en escalas diferentes (del habitual profesor/alumna al dueño/empleada), hay aquí una debilidad todavía más marcada en los personajes masculinos. Bongwan es, como otros ejemplares de ese universo, el tipo que inevitablemente bebe soju hasta emborracharse y convertirse en otro, muchas veces al borde del patetismo. Pero aquí, en todo caso, el patetismo asoma en la primera escena con Changsook. Lo que viene después es un hombre al cual las mujeres cuestionan una y otra vez. Una esposa que no le cree y no le permite volver a la casa. Una amante que lo trata de cobarde. Una empleada que lo acusa de descarado. Bongwan no puede reaccionar ante ninguna de las acusaciones, como si asumiera que hay algo de verdad en esos planteos, y sus decisiones posteriores son fugas hacia delante. Que esos elementos, a fin de cuentas, parecen apuntar a otorgarle un mayor espesor dramático al habitual camino de idas y vueltas en las relaciones de los protagonistas de los films de Sang-soo, y correrse un tanto de esa ligereza que parece acercarlo más a la comedia. No parece casual tampoco, en ese sentido, que haya vuelto a poner en el centro de la historia a un personaje masculino. Our Sunhi y Nobody’s daughter Haewon, por caso, protagonizadas por personajes femeninos, son películas luminosas, en las que ese cambio de perspectiva parecía acomodarse mejor a la fluidez de las historias. El día después, en todo caso, es una renuncia parcial a ese tipo de fluidez para tratar de hallar otra, un poco más oscura, en la que los hombres parecen caer un escalón más debajo de su debilidad.

El día después (Geu-hu, Corea del Sur, 2017), de Hong Sang-soo, c/Kwon Haehyo, Kim Min-hee, Kim Sae-byeok, Cho Yunhee, 92′.


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