publicspeakingmoviepostPor Marcos Rodríguez.

Tres años antes de filmar la gran El lobo de Wall Street, mientras filmaba La isla siniestra, Martin Scorsese se las arregó para filmar el pequeño gran documental Public Speaking, sobre la figura de la escritora Fran Lebowitz. Escondido detrás de cámara, de nuca a la cámara, a un costado, Martin se hace a un lado en esta película para dejar que Lebowitz pueda desplegarse en toda su destreza verbal. Sus encuentros (la mayoría filmados en el bar Waverly Inn de Nueva York) son el marco para lo que parece a la vez una conversación íntima y una conferencia minuciosamente preparada, un monólogo humorístico puntuado cada tanto por la risa incontenible de Martin Scorsese (a estas alturas, casi un personaje en sí mismo).

En un rincón del flujo verbal infinito de Lebowitz, ella dice que cree que su trabajo ideal sería ser jueza de la corte suprema, porque ella siempre sabe cuál es la sentencia correcta, y lo que le sorprende, cuando lee sobre algún caso que se presenta ante la corte, es todo el tiempo que les toma llegar a la sentencia que ella supo desde un primer momento que debían adoptar.

Dentro de otro flujo infinito que lleva la marca de Scorsese (la orgía de sexo, drogas, diálogos a cámara y actuaciones deliciosamente grotescas que es El lobo de Wall Street), encontramos un pequeño punto en el que estas dos películas se conectan: una escena corta, pasajera al final de la película, cuando Jordan Belfort empieza su camino de caída y comienza a responder por sus actos ante la ley. Frente a Belfort (Leonardo Di Caprio desencadenado) de pronto encontramos a Fran Lebowitz sentada detrás de un estrado, con una bata negra y martillo en mano, pasando sentencia. Una escena que casi no existe, excepto para aquellos que hayan visto Public Speaking o por lo menos conozcan a Lebowitz.

Es apenas un detalle, un instante en un torrente de tres horas de desenfrenos: incluso dentro de la salvajada que es El lobo de Wall Street Scorsese esconde otra forma de humor: el chiste interno, el guiño entre amigos.

 7c27e6e9080cf6a73568d672cef8d2bePor Marcos Vieytes

Ya vi la última película de Scorsese dos veces y las dos veces me pregunté qué función cumplía la escena de Jordan Belfort con la jueza que menciona Marcos Rodríguez. Aunque sea cuestión de segundos, el relato se demora demasiado en una escena que podría no haber existido y en la que Di Caprio no habla a pesar de que su discurso verbal, exaltado como el de Scorsese o Tarantino, conduce la película de principio a fin.

Al margen de ese aspecto en el que pienso recién ahora y que me permite darle sentido a la escena, el largo primer plano de la jueza, personaje que no había aparecido hasta el momento ni volverá a aparecer, le de un carácter todavía más enigmático y ligeramente excéntrico dentro de la puesta en escena.

Me recuerda aquella otra de duración similar en la que le dictan sentencia a Jackie Brown. A diferencia de esta, protagonista y funcionario judicial parecen establecer cierta complicidad. Pero es la del espectador lo que buscan ambas, o más bien su curiosidad asociativa, y para ello esta apenas altera el ritmo de edición y la distribución jerárquica de los planos sin violentar el flujo general del relato.

jb-sid-and-pamPodemos saber o no que la jueza de la película de Scorsese es la tal Fran Lebowitz o que el juez de la película de Tarantino era Sid Haig (La casa de los mil cuerpos), compañero de correrías blax y sexploitation de Pam Grier en The Big Doll House y Foxy Brown, aunque lo más probable es que lo ignoremos por completo o lo hayamos olvidado.

Lo más interesante del asunto es la comprobación de un mínimo pero deliberado cortocircuito perceptivo que nos da la posibilidad de registrar esa extrañeza como tal y nos pone en la pista de un fuera de campo más en el que indagar, sea que luego funcione como punto de fuga intertextual más o menos gratuito o que su revelación agregue sentido al núcleo del relato.

Aquí pueden leer un texto de Nuria Silva, otro de Luciano Alonso, otro de Emiliano Oviedo y otro de Hernán Gómez sobre El lobo de Wall Street, y uno de Roberto Pagés sobre Martin Scorsese.


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