tortugasninjas¿Qué tal si hacemos una remake de una película exitosa de los ’90, que cuente más o menos la misma historia, pero con nuevos diseños, menos gracia y en 3D? ¿Escucháis el sonido de las cajas registradoras? Alguien en alguna parte está ganando otro millón de dólares. Y después lo acusan a uno de retrógrada cuando se enoja con las remakes. «Vos decís eso porque estás en contra del progreso, que avanza, avanza, imponiéndose sobre las grandes cúspides tornasoladas del horizonte». Bueno, no. Está todo bien con las remakes, siempre que estén bien hechas. ¿Y qué sería que estén bien hechas? Ah, la trampa de las buenas y malas películas. Algo tan difícil de describir y sin embargo tan evidente. Tortugas Ninjas versión 2014 es una película mala. Punto. Ni siquiera es lo suficientemente mala como para volverse atractiva, a fuerza de parodia y predilección bizarra. Simplemente es aburrida. Floja, demasiado promedio.

Antes de continuar, tengo que aclarar que la historia original siempre me pareció atractiva. Cuenta la leyenda que el cómic del que surgió (realizado en blanco y negro por Kevin Eastman y Peter Laird) pretendía ser una parodia/homenaje de esa obra maestra que es Ronin, de Frank Miller. El éxito del cómic finalmente desembocó en una serie animada para la televisión de gran repercusión y alcance entre el público infantil. La gran diferencia entre la adaptación para la televisión fue que estaba claramente dirigida a un público infantil y, además de quitarle violencia a las historias, el diseño de los personajes sufrió una metamorfosis que convirtió a las tortugas en criaturas estéticamente agradables para los niños. Luego, Archie compró los derechos de adaptación de la serie animada y relanzó los cómics, que el público local recordará por sus famosas contratapas anaranjadas, con la promoción de Sylvapen. Aunque el proyecto inicial fue explotar el éxito de la serie animada, lo cierto es que estos cómics adquirieron cierta autonomía y valor, al contar sus propias historias. Me pregunto si algún día serán reivindicados.

Pesa un inmenso malentendido con las Tortugas Ninjas, acaso porque le den su fama al público infantil, siempre esquivo e incierto. No puedo dar fe del valor del cómic de Kevin Eastman y Peter Laird porque no lo he leído, pero recuerdo con gran cariño la serie animada y las historietas de Archie. Es cierto que yo era niño entonces y que hay un vínculo sentimental con el pasado, pero he releído y vuelto a ver la serie ahora y sigo encontrando un gran desborde de imaginación, sentido del humor y la incorporación del discurso de la ciencia ficción en altas dosis de parodia y absurdo.

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Finalmente se realizaron tres películas con resultados irregulares. Me entero leyendo en wikipedia que en el 2007 se realizó una cuarta película. A alguien se le ocurrió que para esta nueva versión de 2014 sería una buena idea recomenzar la saga desde cero y volver a contar, más o menos, la misma historia de siempre. Otra vez. En pocas líneas, es así: una mutación genética producida por una sustancia de laboratorio llamada mutágeno convierte a cuatro tortugas y una rata en seres antropomórficos que viven en los subterráneos, en las alcantarillas, también comen pizza y se entrenan en artes marciales. La rata, llamada Splinter, hace de guía y padre putativo de las cuatro tortugas. Cada una de las tortugas (que llevan nombres de pintores del Renacimiento) tiene un poder u habilidad especial. Leonardo es el líder, Rafael es quien tiene la fuerza, Miguel Ángel aporta su sentido del humor y Donatello es un genio con las computadoras. Por diversas circunstancias terminan combatiendo el crimen y se convierten en algo así como superhéroes. Las circunstancias especiales que crearon el mutágeno no pueden volver a reproducirse, sin embargo el mutágeno corre por las venas de las tortugas y el  científico malo quiere apoderarse de la sustancia con planeas maquiavélicos. Mmmuejejé.

Si bien es cierto que las Tortugas Ninjas tuvieron mala fama entre el gran público y siempre ha quedado relegado a ser meramente un entretenimiento para los más chicos, esta película no aporta esencialmente nada a sacar a más de uno del error. Por el contrario, confirma esa intuición que tienen muchos de que es una historia que sólo puede interesarle a los más chicos. Creo que el único punto a favor es que está Megan Fox. Qué linda que es, la puta madre. Lástima que no se parece mucho que digamos a April O’Neil, pero a quién le importa.

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Tengo la sospecha de que esta nueva adaptación quiso, de alguna forma, recuperar ese viejo espíritu que animó a la serie original y, por eso mismo, han rediseñado a los protagonistas para que luzcan más fieles al viejo cómic. Pero un diseño menos aniñado no alcanza para reivindicar esta gran y delirante historia. Si es cierto que esta nueva adaptación quiere que estos personajes y esta historia sean considerados seriamente por un público más amplio, fracasó mil veces. Ahora bien, puede que simplemente hayan querido hacer otra película sin pretensiones, de esas que se consumen hoy y se olvidan mañana. Si es eso, diría que salió bien.

Algo interesante que sucede con las remakes es que, a veces, actualizan el público. Sospecho que los que no conocen la serie original (los más jóvenes de los espectadores) podrán sentir cierto afecto por estas tortugas ninjas adolescentes mutantes. Quizás muchos vuelvan su mirada atrás y descubran parte del potencial que encierra la historia y los personajes, cuyo nivel de delirio esconde un valor inmenso.

Tortugas Ninja (Teenage Mutant Ninja Turtles, EUA, 2014), de Jonathan Liebesman, c/Megan Fox, Alan Ritchson, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Noel Fisher, Will Arnett, Danny Woodburn, William Fichtner, Whoopi Goldberg, 101′.


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