Una mujer en un escenario, un cuerpo en el espacio y en el tiempo. Así comienza Mi fiesta, con la llegada del personaje a un espacio y a un tiempo que se abre con la obertura de Tristán e Isolda. Cuerpo fragmentado por la luz en el plano detalle de un par de omóplatos, una mano, el rostro. Cuerpo que poco a poco encarna una voz femenina y su autobiografía amorosa.

A la dimensión performática del cuerpo en el espacio y en el tiempo se le suman los objetos que de a ratos nos sumergen en una especie de instalación, y se completa con la voz de esta experiencia femenina que no esquiva las violencias en nombre de la iniciación sexual y amorosa. Una voz, pero sobre todo un cuerpo como medio de expresión, gesto casi natural si se tiene en cuenta la procedencia de la dupla Mayra Bonard y Carlos Casella, integrantes del grupo de teatro danza de los 90 El descueve.

El cuerpo de Bonard emite su voz para contar pero también se activa en relación a los objetos: en la escena que abre la narración vemos el cuerpo enrollado con una cuerda para luego desenrollarse y revolear esa misma cuerda con una copa atada a un extremo. Al compás del revoleo por sobre la cabeza, la voz nos cuenta el encuentro con el primer amor tan vertiginoso como la copa en peligro de caída. La narración habla de espacios cerrados, en los que se concentran los primeros impulsos sexuales y eróticos de esta joven mujer: la escalera de un edificio, un cuarto en un coqueto departamento, el tiro federal, etc. En Mi fiesta se despliegan fuerzas que se tensan y se relajan, se envuelven y desenvuelven. El cuerpo es puesto al borde de una suerte de riesgo durante la hora que dura la obra. Es un cuerpo apretado, deformado, que transita por texturas y materiales: el vidrio, el plástico, la fruta; y, a la manera de invitados, nos hace partícipes a los espectadores de las sensaciones de esos contactos.

Mi fiesta propone el vértigo, el humor, el extrañamiento, nos lleva por diferentes tonalidades a la manera de una partitura musical. En Mi fiesta el tiempo es musical: las acciones y la narración, transitan diferentes ritmos, intensidades y recaen en el silencio, en la interrupción de la continuidad a través de la repetición de frases. La presencia de canciones y piezas reconocibles como la de la obertura o “Agua de beber” de Moraes/Jobin en el universo de la obra aparecen intervenidas, reformadas y transformadas, se transforman en otra cosa diferente al original. El tiempo y el espacio en Mi fiesta son materia, son tan protagonistas como el cuerpo poderoso y sutil de Bonard.

La narración alcanza su extremo final con la maternidad, y es en este punto cuando la narración de Bonard se vuelve poética, se escapa de los espacios cerrados para salir hacia el afuera, al contacto con la naturaleza y a la ternura con los hijos. Las imágenes de la naturaleza, en las que resalta el vuelo de un colibrí, llevan al espectador hacia un estado de reposo. Como cuando los invitados dejan la fiesta y se encuentra cierta paz en medio del desorden.

Mi fiesta, una obra de Mayra Bonard y Carlos Casella, sobre relatos autobiográficos de Mayra Bonard. Idea/ Performer: Mayra Bonard. Dirección: Carlos Casella. Textos: Pedro Mairal. Música: Diego Vainer. Luz: Matías Sendón. Espacio: Bonard, Casella, Sendón. Vestuario: Cecilia Allassia. Producción ejecutiva: Marlene Nordlinger. Asistencia de dirección: Cintia Dattoli. Dirección de imagen gráfica: Pablo Bordenabe. Fotos: Robert Bonomo.

La obra se re-estrena vía streaming el jueves 20 de agosto y se puede ver hasta el domingo 23. Las entradas se adquieren por www.tickethoy.com


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