La nueva película de Néstor Frenkel se llama Los visionadores y articula varios universos y dimensiones diferentes que confluyen a su vez y forman un objeto, aunque virtual, objeto al fin. Los visionadores es, casi de igual forma, un recorrido por el cine nacional y las drogas, el policial y buena parte del cine de los 80s y algo de los 90s. Además es una película autónoma que se compone de un collage de escenas, actuaciones, ángulos de cámaras y zooms.

El primer mundo en el que hace pie es en principio de lo más surreal que uno podría imaginar, pero hoy por hoy es el más fáctico de todos: Los visionadores integra este nuevo subgénero de películas de pandemia, pensada y articulada desde el encierro, con material de archivo y fotos fijas, que presentan el pase a una historia que a su vez es metáfora de aquella adicción al cine, en este caso al querido formato de VHS, que tenía al videoclub como territorio del descubrimiento diario, vestigios de un mundo extinto.

Con el tiempo veremos cientos de películas de pandemia, pero será difícil que alguna combata más efectivamente las angustias de estos tiempos de encierro ecuménico. Los visionadores es una película oportuna, feliz, y que no le tiene miedo al juego de espejos, a reflejarse y a reflejarnos en una sociedad que fue y es, a un cine que fue y ya no es. Escuché por ahí que ese cine de los 80s es una página negra, un cine precario y demás. Sí, no es el más feliz; eran años complicados en el país y ese cine iba de la sala a la TV en horario de protección al menor y se hacía tremendamente popular. Pero casi todo el material que se ve es de producción post dictadura y eso ya en su momento era una novedad feliz, las temáticas, aunque torpes y con unos paredones éticos y morales ridículos, abordaban tópicos imposibles un tiempo antes y novedosos para los espectadores en esos años.

No olvidemos que el cine nacional afrontaba su peor momento ya en esos años, que terminaría desembocando en 1994 con la producción de tan solo 11 películas y la Ley de cine que reformula una estructura para mejor. No es un documental sobre ese cine, no, pero sí un testimonio de esas producciones y una puesta en valor de cierto desparpajo. La película de Frenkel pone dentro de una cajita feliz a toda una generación y a los que no vivieron aquel tiempo los anoticia de manera gozosa. Es una ficción, claramente, construida en base a un montaje preciso, punzante, que articula la fibra que Frenkel maneja muy bien: la comedia colmada de ternura por ese mundo que brota ante la cámara como en Construcción de una ciudad (2008) o Amateur (2011) que tienen además el representativo gusto local. No importa la idiosincrasia, Frenkel mejora en el consumo interno, en el sentido más feliz del término. Seguro que su cine puede funcionar en cualquier parte del mundo, pero yo celebro lo que nos convida a nosotros.

Otro de los mundos que reabre es aquel del «directo a video», producciones que se concebían solamente para el videoclub, que además extremaban la idea de exploitation local. Con la primavera democrática asomaron con fuerza esas películas que, además de tetas y culos, podían exhibir mujeres fuertes orinando sobre tumbas o a Silvia Peyrou amputando el pene a un violador para construir un mítico fotograma con su fatuo trofeo, mientras por un costado florece el cartel de FIN.

Los mundos continúan apareciendo en ese juego de reflejarse una y otra vez y culminan en la Rannix. Rodolfo Ranni es un protagonista inestimable de ese cine, que a diferencia de Mario Pasik o Gerardo Romano, construyó un  estilo con su economía de recursos notable, con ese pelo entre pegado y peinado, con bigote o sin él. La fotogenia fue gigantesca siempre y ese pasadizo que Ranni abrió a tiros y golpes de puño, que nos llevaba por ciertos anaqueles del videoclub amigo y al cine argentino en alguna trasnoche cuando solo había cuatro canales, nos llevó también a extraviarnos, a ingresar en ese universo con aroma a Pino Colbert y aires de domingo a la tarde. En la Rannix también viven un montón de actores y actrices que fueron parte de nuestras vidas casi a diario, ya que alternaban cine y televisión. En las últimas películas de Frenkel no encontraba ese aire vital, cálido y feliz de otros tiempos, pero con Los visionadores ese espíritu volvió a colmarnos de felicidad en este mundo mezquino.

Calificación: 9/10

Los visionadores (Argentina, 2021). Dirección, Edición: Néstor Frenkel. Guion: Néstor Frenkel, Sofía Mora. Fotografía: Diego Poleri. Sonido: Fernando Vega. Música: Gonzalo Córdoba. Producción: Sofía Mora. Producción Ejecutiva: Sebastián Rotstein. Intérpretes: Damián Dreizik, Federico Rotstein, Santiago Calori, Javier Ntaca. Duración: 51 minutos. Disponible en Vimeo.


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