1. Lo imprevisto cambia la vida de cualquier persona. Es cierto. Karin Cuyul, directora de Historia de mi nombre señala ese momento imprevisto desde el comienzo del documental. Lo cifra en el fuego, en el incendio de la casa en la que vivía con su madre y sus hermanos. Un incendio del que no se buscan las circunstancias que le dieron origen. Que se produce un par de días antes que Karin se marche para estudiar en otra ciudad. Ella remarca que su historia se divide en un antes y un después de ese incendio, como si las cenizas de esa casa que no quieren ver cuando está finalmente sucumbiendo, estuvieran destinadas a poner al descubierto algo que hasta ese momento no se podía ver. El vacío. El agujero negro en la historia. La página en blanco de la historia familiar, que quizás haya entrevisto en la cara de su madre, con un rictus que nunca antes había visto.

2. Pero esa división tajante en todo caso proviene de otro lugar, de otro momento. Estaba en un estado germinal dentro del cuerpo de la niña que se fue convirtiendo en adolescente hasta que el incendio, el traslado a otra ciudad hicieron su parte. Esa división empezó un día en un remoto paraje chileno llamado Agoní, en el que visitaron a un hombre y sus padres abrieron una puerta que quizás nunca debieron siquiera entornar. Cuando le dicen que le pusieron Karin por la hija de ese hombre al que ella no conoció más que esa vez.

3. A fin de cuentas, ese “todo” que se perdió en el incendio eran no más que objetos que recordaban los lugares por donde la familia había pasado en esos años hasta llegar allí. Objetos prestados que arrastraban en su camino, los únicos recuerdos atesorados por la niña. “Mis padres nunca sacaron fotos” descubre después del incendio. No hay imágenes de ese pasado que se hayan perdido en el incendio. Como si en todo caso, el incendio fuera una parte más de una historia en la que los recuerdos no eran imágenes de la familia, sino solo eso: recuerdos, historias repetidas con el paso del tiempo hasta quedar fijadas como verdades.

4. La historia de Karin para el documental es un completo fuera de campo. No hay imágenes propias de ese pasado que se relata y que intenta desentrañar el por qué de su nombre. Pero  es una estrategia que se repite: deja en fuera de campo también a Karin Eitel, la mujer por la que le pusieron su nombre. Cuenta la historia, refiere su carácter de detenida durante la dictadura pinochetista, recuerda las referencias a la tortura, al interrogatorio transmitido por televisión en horario central. Pero no hay imágenes de la otra Karin, ni siquiera cuando cerca del final, refiere el encuentro en Santiago, en el que solo parecen persistir las mismas dudas que la llevaron hasta ella. Tal vez sea eso que menciona en algún momento de sus propias dudas: estar buscando entre las ruinas de algo que ya no existe.

5. Las estrategias que asume la directora para romper esa imposibilidad que deja a su historia fuera de toda imagen son dos. En la primera, recurre a archivos ajenos, a grabaciones en vhs de la década del noventa en la que aparecen otras familias, otros niños, como si en ellos buscara reconocer su propia figura esquiva en el pasado. Buscar, en fin, su propia imagen en la de otros. La búsqueda se extiende en los archivos de los colegios por los que pasó. Más videos que articulan los lugares comunes del pasado, actos escolares, premiaciones, juegos. Una niña convertida en reina en su lugar, en el que ella iba a estar si se hubiera quedado dos días más en esa ciudad. Una niña en la que está convencida de verse a sí misma. Pero la madre dice “No, esa niña no eres tú”. La imagen propia que se disuelve, como su nombre que no es propio, sino de otro. La necesidad de apropiarse y de entender que en el nombre y en las imágenes puede estar ella.

6. La segunda estrategia es la de la reconstrucción del periplo. Volver al origen y remontar su propia historia de viajes familiares en donde, sí, solo quedan ruinas. La visión es (casi) siempre desde el interior de un auto. El auto puede detenerse, pero ella persiste desde adentro (“Siempre pensé que el interior de un auto era el lugar más seguro”). No vemos ni siquiera su sombra, sino solo su mirada a través de la cámara. Partir de Antofagasta, llegar a Chiloé, volver a irse a un lugar que no se nombra. El auto recorre lugares que ya no tienen rastros de su paso, o que son apenas recuerdos (la casa abandonada al filo del océano, el barrio en el que su madre hacía trabajo social con las víctimas de la dictadura o quizás no). La reconstrucción es de alguna forma, el intento de comprender por qué sus padres elegían mudarse, cambiar de ciudades una y otra vez. Un primer esbozo aparece cuando entrevista a su padre, y éste menciona el problema puntual en Chiloé cuando trabajaba en la intendencia municipal. “Diferencias políticas” dice. “Se dieron cuenta que no pensaba igual que ellos”, agrega. La madre da otra referencia cuando dice que hizo la campaña por el candidato socialista que enfrentaba al intendente.

7. Dos indicios aparecen como referencias que permiten reconstruir (parte de) la historia –ya no el recorrido por sí solo-. Dos elementos que aparecen como recuerdos compartidos con los hermanos. En el primero, la imagen de la infancia en la que encuentran un papel del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En el segundo, el video de la visita de unos tíos que el hermano recuerda haber visto alguna vez. En ese video están las únicas imágenes de la familia en aquella época: imágenes esquivas que apenas muestran por unos breves segundos a los padres, a cada uno de los hijos (a la madre solo la hemos visto antes cuando aparecía en una entrevista que le habían hecho en el colegio en Chiloé), entremezclados con los visitantes. Un video enterrado en la historia familiar y que el recuerdo exhuma para traerlo a la vida, para verlo por primera vez.

8. El recuerdo de ese papel hallado en la casa está acompañado de su consecuencia: nadie debe enterarse de que ese papel está en esa casa. En ese episodio parece resumirse toda la historia de la familia. La persistencia de una historia secreta. La existencia de algo que no debe ser dicho. El silencio como elemento central de la vida. Silencio que se mantiene cuando Karin recurre a la otra Karin y el resultado es que las sospechas persisten, las certezas no llegan y la historia permanece oculta.

9. La búsqueda del origen del nombre propio es la de la construcción de una historia igualmente propia que el silencio familiar ha negado. Sin fotos, sin imágenes, sin relatos, la familia como ente se descompone, se deshace en los recuerdos de lo que fue y de lo que el incendio y la separación de los padres solo fueron consecuencias necesarias. Es notable que lo que logra el documental es enlazar la trama política con la personal como elementos indisolubles. No solamente porque Karin nace en los tiempos de la campaña por el No en 1988, sino porque el silencio personal, la ausencia de elementos que hablen del pasado, están ligados con la nunca explicitada militancia de los padres, resumida en una confesión final que parece más una colección de evasivas –decir algo para no concretar nada- que la asunción de ese pasado como propio. Tal vez tenga que ver con eso que señala la directora cerca del final. Que los padres sienten que no vienen de ninguna parte, pero no por el desarraigo de los espacios físicos que habitaron (y de los que partieron una y otra vez) sino porque “el lugar de donde ellos eran no existe: lo soñaron y se desvaneció”. En un país donde todo puede desaparecer –los cuerpos en fosas comunes, los que arrastran las catástrofes en una tierra proclive a los terremotos y tsunamis-, el descubrimiento, la aparición de la historia personal, termina por revelar que en ese trayecto lo que se perdió fue otro mundo. Y que eso que se perdió, permanece en el silencio, en lo no revelado, como una marca de un fracaso que no se quiere recordar.

Calificación: 7.5/10

Historia de mi nombre (Chile/Brasil, 2019). Guion y dirección: Karin Cuyul. Producción: Joséphine Schroeder, Dominga Sotomayor y Ana Alice de Morais. Fotografía: Felipe Bello. Montaje: Nicolás Tabilo. Música: Banda Los Prehistöricos. Duración: 78 minutos. Disponible en Puentes de Cine (www.puentesdecine.com).


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