Cuando uno dice psicópata con personalidad disociada y no está hablando de psicoanálisis sino de cine lo primero que se le viene a la mente es Norman Bates, su madre, la música de Bernard Herrmann, el cuchillo en la bañera. Particularmente para mi historia de ñoño cinéfilo el final de Psicosis (1960) en el que Norman Bates es analizado por una junta de psicólogos que lo miran entre perplejos y horrorizados una vez que descubrieron sus crímenes (y entonces él les suelta eso de que es incapaz de matar una mosca) es uno de los momentos icónicos de la historia del cine y una referencia ineludible a la hora de ver cualquier película que sea protagonizada por algún psicokiller con transtornos de personalidad múltiple.

En Fragmentado pareciera que el realizador indio M. Night Shyamalan hubiera tenido esta referencia de manera omnipresente y, teniendo en consideración el resultado final, pareciera que esto resultó una decisión más que acertada. Sobre todo si uno considera sus largos y sinuosos últimos años de carrera en los que el misticismo le fue comiendo los talones a sus primeras y por demás interesantes realizaciones en las que, además de ese espiritualismo marca de fábrica, también se dejaban observar muchas ideas relativas a la puesta en escena , a cierto manejo del suspenso y a una cinefilia utilizada siempre en pos de que funcione el pulso narrativo de la historia (la tríada Sexto sentido, El protegido y la injustamente ninguneada Señales fueron los mejores ejemplos de esto). En ese sentido, en Fragmentado se observa una economía de recursos para contar lo que se quiere contar (la película esta filmada prácticamente en su totalidad en interiores y en gran parte de la trama la atención se la llevan cinco personajes) que le da la razón a esta cuestión de que menos muchas veces es más. De entrada en Fragmentado está clara la idea de narrar un cuento sencillo con armas nobles y esa sencillez se logra de manera orgánica durante toda la película

Aquí Shyamalan parte de la historia del psicópata con múltiples personalidades llevando esta patología hacia un extremo que el realizador de El protegido resuelve con pericia evitando caer en la inverosimilitud. El protagónico absoluto es de un notable James Mc Avoy que lleva bajo su peso la responsabilidad de trasmitir dramatismo y tensión al relato. El hecho de que gran parte de la película transcurra en interiores refuerza un clima de agobio y encierro.

El villano interpretado por Mc Avoy es un psicópata con múltiples personalidades (23 para ser más exactos) y toda la película se plantea como una larga espera a que se desencadene la personalidad más aterradora de todas, la que vendría a completar su galería de personajes (la 24 denominada con el sugerente nombre de “la bestia”). A su vez estas personalidades son diferentes no solo desde una problemática psíquica. Cada mutación ( y aquí se observa cierta marca de fábrica del realizador indio relacionado con el terror sobrenatural o con lo que también podríamos denominar policial místico) afecta físicamente al personaje protagonizado por Mc Avoy, de esta manera su cuerpo y no solo su psiquis se alteran a medida que las personalidades se apoderan de él, aprisionado en un laberinto psicótico . El trabajo de desdoblamiento que realiza Mc Avoy entre sus 24 partes disociadas es sin duda uno de los puntos más altos del film de Shyamalan (haciendo recordar en otro registro al Jerry Lewis de El profesor chiflado) porque toda la película está sustentada en la verosimilitud que el actor de X men, días del futuro pasado y El último rey de Escocia pueda darle a esta caracterización. La narración está anclada y sustentada en ese real y extremo tour de force. Otro punto alto es la relación que entabla este sujeto alienado por sus múltiples criaturas con su psicóloga (notable en su lánguida humanidad la gran Betty Buckley) que como el protagonista vive sola y prácticamente aislada de la sociedad.

Si bien en un primer momento uno podría pensar que Fragmentado es una película que tiene una concepción antropológicamente negativa sobre el género humano (todos estamos finalmente solos y esa soledad nos enajena hasta límites inimaginable), la nobleza del film radica en que así como Shyamalan hace gala de ese pesimismo también le da aire a personajes que, frente a esa oscuridad y alienación, y a pesar de ellas entablan una denodada lucha por su supervivencia. Esta tensión metafórica entre luz y oscuridad sostiene la tensión dramática pero nunca cae en subrayados pretenciosos a los que el realizador indio fuera tan propenso en otros momentos.

La película a su vez está narrada en una adecuada escalada progresiva de suspenso que debe explotar cuando esa última personalidad que se está gestando a lo largo de todo el relato vea la luz siendo la cacería final entre Mc Avoy y sus víctimas un momento de goce placentero para los amantes del suspenso clásico.

Mas allá de las virtudes actorales de Mc Avoy o del retrato de una personalidad disociada, Fragmentado es una buena película y no el monólogo alucinado de un alienado, es un todo en el que cada una de las piezas funciona y potencia el relato en su totalidad. Así como por un lado se desarrolla un juego de identificación y rechazo entre este psicópata de personalidad múltiple y su psicóloga, paralelamente a esta trama se desarrolla otra subtrama (la de las tres jóvenes secuestradas toda la película por Mc Avoy) que ayuda a sostener toda la  tensión del edificio narrativo.

Como en un juego de mamushkas  una de las tres jóvenes secuestradas revive a su vez, producto de esta situación traumática, un trauma anterior que finalmente la ayudará en su lucha sin cuartel por la supervivencia con el personaje interpretado por Mc Avoy. Es interesante como el realizador trabaja esta historia paralela por medio de flashbacks que crecen en intensidad y que potencian desde la tragedia psicológica (otra vez Freud y su concepto de lo ominoso haciendo de las suyas en el buen cine de terror) complejizando la trama principal.

Las tres chicas secuestradas por este psicópata luchan por sobrevivir durante toda la película y esa lucha (la lucha de estos oprimidos frente a un oponente desconocido y aterrador) es lo que finalmente  termina dando luz y humanidad a esta fantasía macabra con la que Shyamalan confirma que está definitivamente de vuelta con su cine místico, en el que el suspenso se mixtura con cierto terror recuperando a su vez un sobrio pulso narrativo. Una buena noticia para un género que en la actualidad carece básicamente de ideas que no sean el refrito y el impacto visual disociado de la narración.

Fragmentado (Split, EEUU) 2016 de M Nigth Shyamalan, con James Mc Avoy, Betti Buckley, Jessica Sula, Haley Lu Richardson, 117′.


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