film-plakat-origAtención: Se revelan detalles de la resolución del argumento.

Si en Argentina uno se sentase a ver una película sobre un futbolista al que le disparan con una ametralladora mientras estaciona su FIAT 600 frente a la ESMA, originándole así la pérdida de un brazo, no sería difícil que cualquier compatriota futbolero descubra que se trata de la historia de Victorio «El Manco» Casa. Pero si esa misma película se exhibiese en algún país de la antigua cortina de hierro, el gran futbolista de El Ciclón pasaría como un ilustre desconocido. En ese hipotético caso, el contexto sociopolítico puesto de manifiesto con la aparición de un ignorante vestido de verde y con fusil, ayudaría  a imaginar que transcurre en algún país de América Latina; sin embargo, tratándose de los años previos a los del cómplice devenido en Papa, difícil que algún espectador conozca al glorioso San Lorenzo de Almagro.

Aunque inconvenientes de este tipo pueden resolverse con una pequeña placa introductoria para situar al espectador, Andrea Sedláčková, directora de Fair Play, eligió dejarnos en pelotas al respecto y obligarnos a ver una película que, hasta casi llegado el final y por unos pequeños detalles, no sabemos en cuál de todos los países de la antigua Europa del Este transcurre la acción. Además, ¿la protagonista es una deportista real? Para no quemarnos la cabeza con traductores de Google, vamos a pensar que no.

Anna Moravcova (Judit Bárdos), entonces, es un personaje de ficción, por lo cual entramos a Fair Play como a una película deportiva. Pronto nos damos cuenta de que lo que vemos transcurre durante la Guerra Fría, y que en este desconocido país hay menos libertad que en la mesa de Mirtha Legrand. Pero, como de lo sociopolítico también hay poco rastro, nos centramos en la historia deportiva como si viésemos alguna de las Rocky, Carrozas de fuego o una parienta cercana de Nadia (1984), la genial biografía de Nadia Comăneci, la gimnasta rumana a la que casi todos conocemos.

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Todas las películas del género tienen, casi siempre, dos protagonistas: el o la deportista principal y su entrenador. Así como Daniel San y Miyagi, Anna y su entrenador transitan una relación casi paternal. Pero, a diferencia de los inofensivos Bonsai que mantenían alejados al karateka de los problemas, el entrenador de Anna -que si Cachito Vigil lo tiene adelante lo asesina- no tiene mejor idea que enchufarle falopa a Anna para mejorar su rendimiento.

Ahí Fair Play se vuelve bastante entretenida. Lindos paisajes, gran fotografía, y una historia que se cocina a fuego medio, con buen timing. Casi una hora cuarenta perfectamente al servicio de una atleta que se prepara para llegar y correr en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984 (también la directora nos escatima el dato de dónde serán los juegos para los que entrena hasta poco más de la mitad de la película). Pero Judit Bárdos, con su belleza y su gran actuación, nos hace olvidar esas ausencias y nos engancha hasta el momento en que todos esperamos un final épico que nos permita lloriquear un poco, ese gran momento en el que Rocky en silla de ruedas es capaz de matar a Godzilla, o Nadia les hace inventar a los jueces el tablerito con doble dígito porque hasta ese momento nadie había alcanzado el 10.

La trama política -el contexto- genera cierta confusión. Si bien ocupa un lugar importante en el argumento, es más que escueto y no se complejiza, dejando en claro que no es donde la directora quiso poner el foco. No es una película que intenta dar cuenta de la relación del deporte con el contexto socialista de los últimos años de la Guerra Fría. Fair Play es un entramado grande para contar algo bien pequeño: la moral de una atleta que elige correr con o sin «ayudín».

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Por eso en Fair Play, si bien no hay final épico, sí hay un momento para el recuerdo. Maldición cabalística para tener en cuenta: diez años antes de que la enfermera se lleve al más grande de todos los tiempos para dejarnos fuera del mundial, Anna Moravcova pronuncia la misma frase: “Me cortan las piernas”. Y no solo a ella, al espectador también. Daniel San no hace La Gruya, Rocky no venga a Apolo, chau ta ta ta ta tá ta de Carrozas de Fuego, Ayrton Senna no se estrola en la curva y se dedica a la política. En Héroes, el árbitro anula el gol contra Inglaterra por mano de Maradona. En Fair Play, Andrea Sedláčková deja afuera a locales y visitantes. Los locales sin festejos y los visitantes totalmente en pelotas.

Juego limpio (Fair Play, Alemanis/República Checa/Eslovaquia, 2014), de Andrea Sedláčková, c/Judit Bárdos, Anna Geislerová, Roman Luknár, Vlastina Svátková, 100′.


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