Son épocas, éstas, de Lali Espósito como revulsivo político: la artista que incomoda al poder gubernamental libertario con autotune y una canción sobre una dominatrix que sirve también de cortina musical, simultáneamente, tanto para una publicidad de bebida alcohólica como para la de un shampoo mediopelo. Son épocas del filósofo Eial Moldavsky diciendo que tuvo relaciones sexuales con Lali Espósito, justamente, para tres doritos después, estar pidiendo disculpas de forma pusilánime por haber contado dicho entremés porque no se aguantaba cinco insultos seguidos en las redes sociales.

            Son épocas del Pibi Grimson, de la Pepona, de Laje, de Castiñeira. De Migue Granados y el hijo bobo de Adrián Suar. De Mariana Brey, el novio de Lali, el Trinche y cuanto virgocho haya dado vueltas que no tenga miedo de mostrar sus vulnerabilidades en un stream y reírse grotesca y patéticamente de ellas.

            Son épocas de Grabois cultivando perejiles y Lila Lemoine mal dopada diciéndole a los médicos que, si no les gusta lo que ganan en sus trabajos, se busquen otro.

            No, no son épocas, éstas, de Sonny Hayes.

            Sonny Hayes (interpretado por Brad Pitt) en F1 (2025) de Joseph Kosinski, es un piloto de carreras de autos pura sangre, sesentón. Bien yanqui. Muy curtido. Solitario. Totalmente “old school”. No se sabe una de más porque aprendió todas las necesarias y por la fuerza. Las cicatrices en el cuerpo se lo dicen. Sus dolores crónicos en ese mismo cuerpo lleno de cicatrices se lo confirman.

            Sonny Hayes sabe lo que tiene que entrenar por día, lo que tiene que tomar, lo que tiene que comer, lo que tiene que hablar. Sabe todo lo que hay que saber de un auto y su manejo. Sabe todo lo que hay que saber para subirse a un F1 y triunfar. Por más que nunca lo haya hecho; por más que cuando tuvo la oportunidad, un accidente brutal lo dejó afuera de las pistas en los 90 del gran Senna y el por entonces joven Michael Schumacher, según cuenta la leyenda en la misma película.

            Sonny Hayes es un piloto que busca, todavía, por ello, su vuelta perfecta. Que la quiere hacer a más de 320 Km/h en la prueba del automovilismo más elitista de todas: la Fórmula 1. Diez escuderías. Veinte pilotos. La tecnología más avanzada del mundo. No más. Nadie menos. Hayes, ahí, casi treinta años después de perderlo todo, buscando reivindicarse. Probarse a sí mismo que pertenecía a esa elite de la elite.

En F1 (2025) de Joseph Kosinski, para todo fanático nuevo o viejo de la F1, lo que se sucederá en la misma será absolutamente inverosímil. Ya sea por reglamento o por leyes elementales de la física y la mecánica, casi nada de los trucos y truquetes de Sonny Hayes arriba del APXGP regenteado por su amigo Rubén Cervantes (Javier Bardem) es cierto o, siquiera, puede llegar a serlo. Pero… ¡¡A quién le importa!!

¡Yo compro!

Carreras al límite de lo real pero tensas, turbias, hermosas de ver. El fuego sagrado que más que pasar, se enseña. El maestro y el alumno. El que corre por pasión y el que corre por la gilada. El dinero. El traidor. El fiel. El trabajo en equipo. La mujer que es amante y sacerdotisa (ingeniera en la película, interpretada por Kerry Condom). El héroe en su quijoteada final. La fotografía. Los guiños a otras películas del género. La música enviciante de Hans Zimmer. ¡Todo se compra en el film y de buena gana!

¡Bienvenido Sonny Hayes, como, en su momento, se celebró también la vuelta de Maverick (Tom Cruise) en la Top Gun 2 (2022) del mismo Kosinski… y ni qué decir si, hablando de Cruise, no aparece prontamente Cole Trickl en alguna saga con Sonny Hayes!

Estas son épocas donde, a lo McLuhan, el medio es el mensaje más que nunca. Hay que abismar los medios. Hay que recuperar los mensajes. Hay que recuperar ese fuego sagrado que tan bien transmite Sonny Hayes a todo ese equipo ficticio de APXGP. Que tan bien transmite esta F1 de Kosinski a pesar de los mil clichés y golpes bajos que tenga. Se compran lo mismo.

Pues, queremos ver siempre a un Sonny Hayes competir contra el inmenso Max Verstappen, contra Hamilton (productor de la película, ya que estamos), contra su propia intrascendencia. La nuestra. La que a 320 km/h hace de la vida una ruleta (rusa); un circo romano mundial con setenta y cinco años de historia, maravilloso, de 70 vueltas generalmente. Y una, ¿final?

Buscando la de Hayes, entonces, siempre.

F1 (EUA, 2025). Dirección: Joseph Kosinski. Guion: Ehren Kruger. Fotografía: Claudio Miranda. Edición: John G. Mathers. Elenco: Brad Pitt, Damson Idris, Kerry Condon, Tobias Menzies, Javier Bardem, Sarah Niles, Samson Kayo, Joseph Balderrama, Lewis Hamilton. Duración: 156 minutos.

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