
1.Enrique Dussel se define. Cuando se intuye una pregunta formulada desde fuera de campo, elige cierta lateralidad. Es el hombre que llevó una vida estricta durante cuarenta años, lo que le permitió avanzar en los temas que le interesaban por su disciplina de trabajo. Es el hombre que porta una enfermedad hereditaria. Y el que sabe que el tiempo que le queda de vida estará dedicado a terminar con lo que “tiene entre manos”, su propia Estética.
2.Otro Dussel. Asoma luego, como una referencia a lo que lo llevó a México, donde llega para instalarse y hacer su camino en 1975. Hubo, antes, una bomba que estalló en su casa. El 2 de octubre de 1973, como una premonición, que coincidía con el aniversario de la Masacre de Tlatelolco. Eran tiempos en los que, en Argentina, la masacre podía tantearse en cualquier momento y lugar.
3.Sobreviviente. Dussel sobrevive a la bomba. Y en un momento exhibe a otro sobreviviente que lo acompaña desde entonces: un libro de Hegel que estaba en su biblioteca, ahora partido en dos por la onda expansiva. Hegel y la vida partida en dos serán los elementos centrales de la vida de Dussel.
4.Sobre Hegel/contra Hegel. Dussel parte de Hegel para cuestionarlo. Leerlo para desarmarlo y construir un pensamiento otro. No queda claro, aunque se intuye que, en México, Dussel profundiza las ideas filosóficas que había comenzado a desarrollar en Argentina. La filosofía de la liberación es un enfoque americanista de la filosofía que parte desde el lugar del oprimido. En ese camino, vuelve sobre la cultura de los mayas y la conquista española –la iglesia catedral construida con las piedras que antes formaban la pirámide maya es una simbología muy potente- para señalar que el comienzo de la modernidad se sitúa en otro momento. Corre las fechas, va más atrás del Discurso del Método y cifra en un siglo antes, en 1521, cuando se produce el nacimiento del capitalismo, el colonialismo y el eurocentrismo. “Yo conquisto, luego, tengo un oprimido” marca el inicio de un proceso que en el presente vislumbra en crisis. Y como en relación directa, pone lo que vino después: esa señal de que la Escuela de Frankfurt se financió con la sangre de los gauchos argentinos.
5.Reconocimiento y valor. Colegas y discípulos refieren a Dussel como maestro. Alguien que abrió perspectivas, que permitió ver que la filosofía podía conectarse con la práctica en la realidad cotidiana. Ese proceso implica un aprendizaje inicial y una expansión de las ideas, por ejemplo, hacia las formulaciones del feminismo. El documental refleja esa necesidad de repensar sus textos en otra dirección y a la vez postula el conflicto del reconocimiento que le otorga la Sociedad Americana de Artes y Ciencias, a pesar de su mirada crítica hacia los Estados Unidos.
6.Quién es Dussel. No es su historia sino sus ideas. El que postula, desde los ancestros, la idea del poder como “mandar obedeciendo”. El que plantea la relación entre el sol y la vida y desde allí, la posibilidad de la belleza –en la que basa su propia Estética. El que plantea a la belleza a partir de la comida, desde la noción del gusto, de lo que provee la energía para vivir. El que sostiene el cambio de concepto de la naturaleza de objeto a madre, implicando con eso la imposibilidad de ponerla en venta. Es el hombre que parece frágil, el que se cansa en algunos momentos. Y sobre todo, el que hace de su vida una práctica continua de la filosofía: en un auto, en un paseo, en un negocio, no puede dejar de hablar de eso que es el objeto de su vida.
7.Fanatismos. El apasionamiento evidente que el documental despliega sobre la figura de Dussel y ese registro de la continuidad de la práctica filosófica, tienen una contrapartida. Porque en su interés por centrarse en lo filosófico, Dussel termina generando una imagen unidimensional de sí mismo. También la falta de identificación y referencia de los entrevistados –no sabemos quiénes son cuando hablan ni qué lugar ocupan en el estudio de la filosofía- termina por redundar una construcción cerrada sobre sí misma. Si la intención es dar a conocer a Dussel, el objetivo no termina de cumplirse, porque refugiado en la terminología filosófica, deja afuera a una potencial parte importante de espectadores. En ese sentido, el planteo de Dussel termina pareciéndose demasiado a un film no solo para entendidos, sino para seguidores. Una reducción del espacio de representación casi extrema, que puede terminar abrumando al desprevenido y solo contentar a los fieles.
Dussel. La filosofía es un don para un mundo sin sentido (Argentina/México, 2025). Dirección: Cecilia Fiel. Duración: 102 minutos.
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