Lo primero que uno tiene para decir de 5 sangres es que no es una gran película, pero este enunciado en sí no significa nada porque la historia del cine está llena de grandes películas fallidas. En ese sentido, Spike Lee respeta los intereses temáticos que lo transformaron en un director personal en el panorama del cine americano desde hace tres décadas. Lo mejor de 5 sangres es la pulsión política, que no se vincula con una forma vulgar de denuncismo sino que historiza un conflicto, en este caso la guerra de Vietnam vista desde la negritud. Lee vuelve a dar cuenta del problema del racismo que es, sin más, uno de los grandes temas de la violencia política en el siglo XX.

Quizás el principal defecto de 5 sangres sea que, luego de un inicio poderoso en el que Martin Luther King toma la palabra para decir por qué es una mierda ser negro en América, Lee decide explorar una tonalidad de comedia blanca que no le sienta bien a la trama. Durante ese lapso (de una hora) se desarrolla un guion sin gracia y una puesta en escena opaca que no proponen nada en términos visuales, más allá de la descripción de un estado de ánimo que tiene que ver con las obvias secuelas de una guerra y con un mundo desigual, en el que la fractura entre colonizados y colonizadores sigue tan viva como la definieran los teóricos políticos de comienzos del siglo XX. Durante ese largo tramo de película hay toda una construcción narrativa que refiere a lo que representa el imperio americano y a la utilización que ese imperio hizo de la negritud en el contexto de una típica guerra colonial.

Pese a ello, 5 sangres es consecuente con lo mejor del cine combativo de Spike Lee, que trabaja desde la convicción de quien construye una obra con un tema obsesivo: el problema de la negritud en la América contemporánea. Una América nacida al calor de los asesinatos de Martin Luther King y que hoy reactualiza esas aberraciones en el asesinato (y lo que este asesinato representa) de George Floyd, entre otras cuestiones que revelan el estado anárquico y racista de la administración Trump que pareciera conducir a la principal potencia del mundo a una inexorable guerra civil.

Luego de ese acercamiento a la guerra desde la tonalidad de una comedia agridulce, Lee decide sumergirnos en la acción y la aventura propia de un film bélico. Mediante ese rotundo cambio de registro, el relato se desarrolla dándole pie a una acción furiosa que da cuenta del estremecimiento que significa morir y sobrevivir en el campo de batalla. Esa última hora brutal da cuenta de un cineasta que narra como pocos la crueldad de un sistema ominoso que se construye desde la opresión y la desigualdad hacia las franjas más vulnerables de la sociedad. De este modo, el director de Haz lo correcto se aleja del estereotipo ideológico propio del imperio que, apoyado en el boom contemporáneo del cine superheroico, narra la guerra filtrando ideología desde esa construcción ficcional proveniente del comic.

Lee también juega con la temporalidad, yendo del presente al pasado en donde Stormin’ Norman (Chadwick Boseman) permanece joven e intacto gracias a su muerte temprana, junto a sus compañeros envejecidos que deciden volver a Vietnam. Y deciden volver por dos cuestiones: la primera, para buscar el cuerpo de su amigo muerto en la guerra; y la segunda, para recuperar un tesoro escondido. No resulta casual que Lee haya elegido al protagonista de Pantera Negra para representar la pureza en el film. Hay una idea interesante en el relato que vincula la corrupción casi antropológica del ser humano al inevitable paso del tiempo, lo cual ensombrece aún más la visión de la especie humana dentro del modo de producción capitalista.

Los cuatro amigos, interpretados por Delroy Lindo, Clarke Peters, Norm Lewis e Isiah Whitlock, vuelven al lugar de la pretérita batalla y descubren lo que el capitalismo hizo en ese territorio que otrora fuera campo de disputa bélica y hoy se transformó en un escenario más de la aldea global, repleta de McDonald’s  y cadenas de pollo frito, que genera la ilusoria sensación de igualdad basada en la multiplicación de signos de consumo sin fin. En el film surgen problemas argumentativos, como el despliegue de subtramas burdas y poco desarrolladas: la de Jean Reno, que representa el lugar del colonialismo francés, y la de unos incomprensibles vietnamitas muy malos (que podrían pensarse como caricaturas de cómo Hollywood filma a la otredad) y que en el afán de darle realismo al relato (malos hay en todos lados) lo único que hacen es banalizar e infantilizar la trama.

El cine de Spike Lee es un cine político en un mundo en donde la idea de compromiso está bastardeada desde el corazón mismo de la industria. De este modo, el compromiso es narrado como un mero gesto anacrónico, propio de una gestualidad y una estética envejecida. Lee quizás sea junto a Ken Loach uno de los grandes directores de lo que podríamos definir como didacticismo cinematográfico, y desde este marco ideológico se enfrenta a una mirada cínica del mundo en el que vivimos. Ese mundo cínico de cierta crítica cinematográfica que se escuda en cuestiones estéticas para desvalorizar un cine en donde se inserta a la política y a la historia en las tramas, contextualizando el relato desde una toma de partido contraria a la que expone la mirada hegemónica. 5 sangres, desde esa cosmovisión autoral, mixtura géneros y es esa hibridación la que por momentos encorseta a los personajes y los asfixia. Sin embargo, las dificultades narrativas de un guion esquemático se compensan con momentos epifánicos como en la escena en la que los amigos sobrevivientes contemplan el paso del tiempo junto al inexorable avance del capitalismo que finalmente logró triunfar allí donde la guerra no había logrado su cometido.

La parodia del tono bélico, los guiños a films clásicos que revisitan el período inmediatamente posterior a la guerra de Vietnam como Rambo y Apocalipsis Now, que son los films con los que dialoga Lee, de alguna manera le restan potencia al relato. Cuando 5 sangres se desprende de esa humorada y se concentra en su propia trama es cuando la narración comienza a fluir y a funcionar en términos cinematográficos. Al igual que en la excelente Infiltrado del Ku Klux Klan (2018), Lee trabaja su mirada de la historia de la negritud desde el thriller y el suspenso, con la diferencia de que en 5 sangres se observa una mayor dispersión narrativa. En la ferocidad del inicio, donde Marvin Gaye da cuenta de las penurias del pueblo afroamericano cuando canta en “Inner City Blues» (Lo que hacen con mi vida/ me hace querer gritar), mientras Muhammad Ali y Ángela Davis, entre otros referentes de la comunidad afroamericana, denuncian la guerra de Vietnam, se encuentra el poder del relato de Lee. Ese poder de las imágenes que vuelve cuando el film transpira la adrenalina propia del cine de acción y los protagonistas tienen que saltar minas para evitar la muerte.

En la potencia del inicial montaje alucinado encontramos el eco de la rebelión actual del Black Lives Matter que sucede en el corazón del imperio y que se visibilizó a escala planetaria luego del asesinato de George Floyd. Con otros actores y en otro contexto geopolítico, las estructuras que determinan la opresión del pueblo afroamericano siguen más vigentes que nunca. Mientras el orden capitalista se siga reproduciendo, condenando a la muerte y la precarización a un porcentaje cada vez mayor de la población a escala global, será cada vez más necesario y urgente que existan directores que narren la historia de los vencidos como lo hace Lee, incluso con todos sus errores a cuestas.

Calificación: 7/10

5 sangres (Da 5 Bloods, Estados Unidos, 2020). Dirección: Spike Lee. Guion: Danni Bilson, Paul Demeo, Kevin Willmotty, Spike Lee. Fotografia: Newton Tomas Sigel. Montaje: Adam Gough. Música: Terence Blanchard. Elenco: Delroy Lindo, Jonathan Majors, Clarke Peters, Norm Lewis, Isiah Whitlock Jr, Melanie Thierry, Paul Walter Hauser, Jasper Paakkonen, Johnny Try Nguyen, Jean Reno.Duración: 154 minutos. Disponible en Netflix.


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