Cinco breves episodios que oscilan entre los 8 y los 11 minutos parecen ser suficientes para crear un universo como el que propone Criaturas bizarras desde la animación. Quizás ese efecto se deriva de una decisión riesgosa: no explicar, no relatar el origen de los personajes ni de la situación que se narra, le permite entrar directamente en ellos. No explicar ni explicitar puede parecerse al capricho, y probablemente esa sea la clave para entender el motor que anima la serie.

La abolición de las lógicas narrativas tradicionales se vuelve un hecho. Lo que se cuenta en cada capítulo admite aceleraciones, saltos que pueden parecer incomprensibles, personajes que cambian su rol y su ubicación en ese entramado. Como si se fuera escribiendo y animando sobre la marcha y sin renunciar al ritmo afiebrado que propone la secuencia de presentación de cada capítulo, Criaturas bizarras avanza como si fuera dándose empujones a sí misma, para no detenerse, haciendo caso omiso de cualquier posibilidad de apegarse a una fórmula.

La libertad con que la serie asume su recorrido implica la construcción de un espacio innominado, una ciudad en la que se mueven algunos personajes de características humanas y otros que parecen derivados de extrañas mutaciones nunca explicadas –y entre ello, lo curioso es que la Alien que aparece en el segundo capítulo es la que tiene facciones humanas más fácilmente reconocibles. En ese lugar, sin embargo, se van insertando elementos que aluden a la argentinidad. De la referencia a los “orcos” hasta los talleres clandestinos; de los inspectores corruptos a un canal de noticias llamado TÑ y conducido por un mosquito chupasangre; del torneo de tiki-taka y el relato de Victor Hugo Morales al reclamo porque los extranjeros ocupan los hospitales públicos; lo argentino se va colando como una referencia subterránea, más que como el centro de gravedad por el que se discurre. Así es que no se puede evitar que por momentos el peso de esos elementos se reduzca al guiño cómplice con el espectador. O al cálculo para mantener un equilibrio entre lo local y lo universal.

Esa libertad deriva en una construcción apuntalada en la idea de llevar las posibilidades de la animación hasta sus posibles límites, en materia de lo que puede ofrecer en pantalla. La apuesta de Criaturas bizarras es por la espesura que le brinda el delirio como forma. Una ruptura de todo código que le permite pasar de la acción más tradicional –la persecución a la Alien- a los números musicales –que aparecen en el cuarto episodio, centrado en el personaje de Tito-. Pero es un delirio que se justifica -¿y se agota?- en sí mismo y no permite que se reconduzca hacia una narrativa más compleja. Al contrario, el delirio simplifica, porque al desprenderse de toda responsabilidad narrativa, hace que su posible disfrute se limite a la adscripción previa del espectador a esa forma, antes que a una experimentación que atraiga a otros públicos.

En todo caso, lo que exhibe la serie es una voluntad de apropiación que le permite mixturar ideas e influencias. Como si le alcanzara con la decisión de poner en una batidora todos esos elementos para luego servirlos como un producto nuevo, diferente –y quizás sea eso lo que constituye la matriz de ese delirio. En Criaturas bizarras aparece la voracidad por procesar todo tipo de influencias que provengan de la animación para adultos. Se pueden detectar huellas más o menos legibles de algunas de las series más populares de las últimas décadas –de los Simpson a Rick & Morty. Pero también de una animación nacional. Porque lo primero que parece venir a la memoria son los micros de Tino y Gargamuza –la secuencia del tiki taka parece deudora de esa estética. Pero allí donde la tira de Marchesini elegía contener el delirio en la observancia de una farándula local y reconocible, la de Cortizo apunta a evitar las identificaciones y a llevar ese nivel de delirio a una escala mayor. Habrá que esperar, en todo caso, para ver si la anunciada segunda temporada, puede agregar un mayor cuidado narrativo que haga que esa tendencia a lo delirante cobre algo más de vuelo.

Criaturas bizarras (2026). Serie de animación creada por Julián Cortizo, Marito Falcón y Ramiro Dunogent. Dirección: Julián Cortizo. 5 episodios de 10 minutos cada uno aproximadamente.

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