11193427_1734224786804344_2270294359072058213_n“¿Quién lubrica las articulaciones de las máquinas con su propia médula?”
Metrópolis (Fritz Lang, 1927)

Retazos de la sección Economía y finanzas de CNN entrelazados con una publicidad de Chrysler, fragmentos discursivos de Obama y de Cristina Kirchner, abren el documental que propone mostrar una parte de la situación productiva de la industria automotriz: la relación con los métodos de trabajo impuestos por las grandes multinacionales con las que se han acordado negociaciones durante la última década.

El documental se divide en dos partes: la primera se vale mayormente de entrevistas que muestran el choque ideológico –y claramente de intereses- entre los trabajadores, las empresas dueñas de terminales automotrices y autopartistas, y los sindicatos. Asimismo se muestran ciertos datos del desarrollo de la industria relacionando tres períodos: el de la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) comenzado con el gobierno de Frondizi, el desfalco industrial durante la última dictadura y la etapa “pos-neoliberalismo” a partir del 2003.  Si bien se brindan datos acerca del acuerdo comercial con Brasil, éstos no llegan a cubrir una mirada centrada macroeconómicamente, sino que puntualizan sobre la variación de la productividad industrial y su relación con la porción de la riqueza que percibe la masa obrera. El crecimiento de la industria automotriz la ha llevado a representar actualmente un 9% del PBI; sin embargo, mientras que en los ’90 el salario de un trabajador se manifestaba como un 18% del valor de ventas terminal del vehículo, en el 2002 figuraba un 4,3% y en el 2008 –en el cénit de la productividad- apenas rasguñaba un 4,2%. Es decir, la distribución de la riqueza no ha evolucionado acorde con la rentabilidad productiva, lo que indica la transferencia de recursos que se ha dado desde los trabajadores a los dueños de los medios de producción. Esto no niega –y en el documental se hace explícito- la alza en la tasa de empleo, sino que denuncia la precarización laboral y la disminución del salario real. Esto es posible como consecuencia de 25 años de políticas neoliberales que han llevado a la ruptura en la organización  de los trabajadores y, sobre todo, a una burocracia sindical que termina denostando a sus representados a favor de la patronal. En ese sentido se muestran muchos discursos del secretario general de SMATA (Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor), Ricardo Pignanelli, pero la cantidad no brinda diversidad: por el contrario, una y otra vez el orador reniega de sus propios afiliados en reclamo de mejoras en las condiciones laborales.  En 2003 se necesitaban 78 horas para elaborar un vehículo, once años después sólo se necesitan 48, lo que implica no sólo un aumento en la inversión de capital, sino un aumento en el esfuerzo del trabajador. Estos avances en los ritmos de producción se logran a través de un  nuevo sistema para estructurar puestos de trabajo ya no basado en el uso del cronómetro, sino a través de una técnica que calcula tiempos estándar de actividades de trabajo humano: la medición a través de MODS, con el equivalente a 1/8 de segundo. Es decir, cada movimiento del trabajador está cronometrado y debe producir. El Moloch de Metrópolis se mostraba insaciable. “Están mutilando a una generación de laburantes”, dice uno de los trabajadores entrevistados.

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Luego de presentar dialécticamente a las posiciones y los datos mencionados, se elige uno de los lados contendientes: en la segunda parte el documental se concentra en el conflicto obrero de la autopartista Gestamp. El documental fue realizado en el 2014, año marcado por un descenso en la industria del 10 por ciento –el mayor desde el 2009- que dio como resultado una serie de despidos, suspensiones, retiros voluntarios y jubilaciones adelantadas. Ante los reclamos, la empresa respondió con un Lock-out (Paro patronal) que impidió a los trabajadores ingresar a la fábrica. Vale recordar que este es un recurso lícito únicamente bajo ciertas circunstancias dentro de las cuales no se encuentra la represalia ante una huelga. El ya nombrado dirigente de SMATA se muestra indignado por las medidas tomadas por sus afiliados mas no por las suspensiones y despidos, cuyas víctimas se eligen de acuerdo a las lesiones que presenten y a sus tendencias ideológicas. La persecución también se expresa en la militarización de la fábrica y en la represión sobre la autopista Panamericana (en ese momento un audio radial recuerda que el gremio en cuestión ya había sido denunciado por entregar delegados a la dictadura). Esta situación se repitió, por ejemplo, en la sede cordobesa de Lear, pero para muestra basta un botón. El título promete un viaje a la producción, pero no especifica de qué porque a lo que se apunta es a un nuevo sistema de trabajo que fagocita a todo trabajador, sobre todo a los industriales. Cuestiones conocidas que desde los medios hegemónicos –comienza con CNN- se muestran desde otro punto de vista, porque desde el comienzo una placa anuncia que el fin no es comercial sino cultural.

Lo más cercano a un acuerdo que muestra el documental es la conciliación obligatoria luego revocada por el mismo gobierno bonaerense (al que luego la patronal le agradece a través de un comunicado). No termina de haber acuerdo pero se cierra con el abrazo entre los obreros que están dentro de la fábrica y los obreros que están fuera, siempre con rostros atravesados por rejas y expresiones aprisionadas. Esta seriedad y unidad se contrapone con la forma de mostrar a los empresarios automotrices en convenciones, a los que se muestra durmiendo en medio de un discurso, sin interactuar, y en planes de espectáculos de lo más ridículos. A pesar de todo, el documental no muestra banderas partidarias. Esto va más allá de los partidos políticos o de una “movida desestabilizadora”. Es la expresión de la lucha que se viene dando desde la segunda mitad del siglo XVIII, luego de la revolución industrial.

Viaje al centro de la producción (Argentina, 2014), de Damián Finvarb y Ariel Borenstein, 86’.


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