
Desde mi aproximación a las experiencias de Lucia Seles, me encuentro con un entorno lisérgico. Dicho entorno es el mundo mismo, ocupa todo. Entrar a estos ámbitos obliga a subvertir la mirada propia.
En tal sentido, Seles es una de las autoras que más interpela los hábitos del gran público – léase, todos nosotros -. Para reorganizar cada situación, cada escena y la consistencia del conjunto. Como pequeña muestra, ¿cuántos podrían imaginar que un personaje que lo que más busca es comunicación con los demás además de pretender resolver su apremiante situación laboral, termine “secuestrado” para siempre por un equipo de básquet? El entrecomillado indica que todo en The bewilderment of Chile es relativo, tiembla. Cada escena es una anomalía que termina organizando una estructura. Porque eso mismo es su consistencia. Estilo que se apoya en una serie de disrupciones que se presentan cotidianas a partir de formas que se unifican. O mejor… Es la repetición del recurso lo que arma la recurrencia. Así, aparecen inserts antinarrativos y personajes que por momentos presumen una consistencia en su relato para demolerla a través del estilo que va desarrollando.
Y no solo la interrupción en la línea de tiempo de la película (una cosa después de otra, aunque casi pise la primera), sino la simultaneidad de registros a través de un recurso habitual en Seles: texto en pantalla, que irrumpe en aparente modo azaroso. Y encima tratándose de un texto concebido a partir de una mezcla idiomática y estilística en minúsculas. Un juego con la verba que ilustra a veces con datos certeros sobre los personajes y las situaciones, a veces engañosamente, y a veces son juegos con los lenguajes y juegos con la palabra escrita. Lo cierto es que tal simultaneidad aporta a redimensionar el vínculo con el espectador.
Un buen ejemplo es la apertura del video – así llama Lucia Seles a sus películas, y efectivamente asistimos a la sensación de estar ante una filmada en VHS, más que nada por la manipulación de la cámara en mano que por momentos se bandea y le brinda al cuadro una frescura artesanal. Ya de movida, el plano general de la Confiteria Ritz de la terminal de La Plata, en la provincia de Buenos Aires se deja oscilar en el movimiento, mientras en el margen inferior izquierdo se lee, con traduccion al inglés: “durante este video/de mi misma estaran/316 colectivos provinciales/x q soi y sere/como la billie holiday/at too many things/y tb queria avisar/my dreaming x recording/al dueño de las confiterias ritz/casi durmiendo in sus confiterias/y su agotamiento”.

A pesar de todo, cierta unidad de relato no lineal se va consolidando. Y agendamos que el centro es una familia encabezada por tres hermanos oriundos de España, a los que el presente los encuentra en La Plata. En la ficción, uno de ellos, Diego, es el dueño de las confiterías Ritz, una situada en el centro de la ciudad y la otra en la terminal.
Dato adicional que no aparece en la película: hace un tiempo, esta última sucursal cerró sus puertas definitivamente. Las resonancias del pasado que contaminan el material, en medio de situaciones planteadas desde un falso naturalismo, escenas que se proyectan en un crescendo hacia lo hilarante, y un absurdo que tiñe todo, en un final en el que la nostalgia del ayer recoge lo poco del presente, cancela más todo fuera de la diégesis del material. Por supuesto, si se conoce ese dato.

Otro hermano, Javier (uno de los cuerpos más expresivos para una lente que persigue su vagabundeo), recién llegado de Lugo, quien luego estuvo en varios lugares de Chile y Argentina hasta recalar en La Plata. Afirma regresar de “un extravío de seis meses” decidido por él mismo. Esto lo relata a Diego en un viaje en un ascensor que sube y baja varias veces, y no bajan de él hasta que terminan esa línea de diálogo, por momentos más que hablando, musitando. Con una resonancia de las voces que al incorporar sonido ambiente no permite la localización fina del parlamento.
Las situaciones centrales girarán más que nada en torno al vínculo entre Diego y Javier (encarnados por los hermanos Garcia Pelayo), Lourdes (hija de Diego) e Ivan. También sobre las confiterías como legado familiar, y la decisión de Diego de dejar la posta del negocio a la tercera hermana, Cecilia. También una amiga de Lourdes (sensacional, Gabriela Ditisheim) que va paulatinamente corriendo los límites de un aparente realismo hasta una zona desquiciada, en una escena en que ella, su esposo y sus dos hijas (ambas de nombre Lujan) citan en el Ritz al director de orquesta Ezequiel Fautario. El absurdo ya se dispara desde el planteo inicial, con el deseo del matrimonio de que sus hijas estudien esta carrera. O la relación entre Lourdes y un novio que regresa luego de un tiempo, en donde Seles echa mano a recursos del melodrama en clave de parodia y apoyada en los clichés del género.

Pero, sobre todo, envolviendo el universo se halla como tema el arte mismo pensado desde sus diferentes tratamientos, estilos y géneros. La “alta cultura” es parodiada, pero también, en el caso de la música clásica, es ofrecido como un mundo a abrazar. De hecho, luego del mencionado comienzo, la escena siguiente abre con la Sonata No. 2 de J.S. Bach. Más adelante, las alusiones a la guitarra eléctrica como pasión, termina en frustración, pero a la vez dimensiona el hecho musical. Como en un momento a cargo de un Javier indignado al ver en la pared del hogar de jóvenes donde se hospeda, un viejo póster de Van Halen –“Van Halen aquí?”, repite varias veces pasando insistentemente por el mismo lugar – . En la misma lista, referencias escritas al suicidio del cineasta Jean Eustache, y a Edith Piaf por contar algunas de las referencias que además de operar como cita, organizan un trabajo que ubica al arte como articulador del mundo. Un mundo tan disruptivo como la identidad de Lucia Seles.
The bewilderment of Chile (Argentina, 2025). Dirección y guión: Lucia Seles. Edición: Lucia Seles. Elenco: Lorenzo Ferro, Lara Sol Gaudini, Gabriela Ditisheim, Gonzalo García Pelayo, Iván García Pelayo, Javier García Pelayo, Manuel Besedovsky, Martín Bussel.
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2 comentarios en “THE BEWILDERMENT OF CHILE: ABSURDISMO Y NOSTALGIA, POR LUIS FRANC”