Jack Arnold era bueno en serio. Allí están la fábula filosófica de El increible hombre menguante y el poema lírico de La criatura de la laguna negra, y esta película que tiene a un simio de látex berreta, una libélula gigante y un pez antediluviano de telgopor. Pero cuánta solidez psicológica y sentido del humor debajo de esta vulgata metafórica. Nueva versión del clásico de Stevenson, aquí el que se desdobla en bestia es un profesor universitario comprometido con la hija de un superior. La primera vez que lo hace, asesina a una secretaria que lo desea. Monster on the Campus es una suma de apuntes sobre las diferencias entre los sexos, la represión vulnerada por una serie de coincidencias que funcionan como emergencias del inconsciente, y los condicionamientes sociales. La decisión más llamativa es aquella que hace del adulto, y no de los adolescentes, el monstruo potencial. Quizá porque los jóvenes recién empezaban a tener protagonismo en la representación y Hollywood todavía no se había dirigido del todo a ellos. Como sea, las pocas veces que aparecen los muchachos tienen más cordura y libertad amorosa que los adultos. Finalmente, les quemo el simpático principio. Una mujer está acostada obre una camilla con un molde en el rostro mientras el protagonista, su futuro marido, le dice: «Ah, la mujer en su estado ideal, indefensa y silenciosa».


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