Por Santiago Martínez Cartier.


ParaNorman se basa en la premisa marxista de que la historia se repite dos veces, una como tragedia y otra como farsa, pero cree fervientemente que la farsa puede tener una chance de redención. En esta película (y voy a usar el cliché más grande de la historia) nada es lo que parece, ya que los directores parecen saber que las apariencias, en realidad, son lo único que vale (“Sos lo que pretendés ser, así que tené cuidado con lo que pretendés ser”, Kurt Vonnegut dixit), y con una autoconciencia notable hacen danzar a los estereotipos para de a poco ir develando que estos no lo son tanto.

   

ParaNorman es una película incendiaria, con un nivel de crítica social pocas veces visto en el cine actual, y más aún en el cine de animación. Los zombis no son los malos, sino que son las parias de la antigüedad que no saben cómo reaccionar ante la sociedad capitalista y globalizada de los tiempos modernos, y por eso quedan marginados. No se pueden comunicar con la gente porque hablan otro idioma. Son incomprendidos, quedan alienados, y, al ser distintos, el pueblo se siente amenazado, y, por instinto de masa y auto supervivencia, ataca. Así es como la gente viva pasa a ser los muertos vivos, sin cerebro porque lo pierden al volverse una masa no pensante. Y esto es sólo el principio.

   

Los zombis, además, no son zombis cualesquiera. Son los cadáveres andantes de antiguos jurados de la inquisición, quienes, ahora, en esta segunda chance en la tierra, vuelven para arrepentirse de sus horribles crímenes, y buscan algún tipo de redención para poder descansar en paz. Pero no, no pueden dormir hasta que se rompa la maldición de la bruja, una nena que ellos mismos habían condenado a la hoguera. ¿Y cuál es la vuelta de tuerca ahora? La bruja no es una bruja.

   

La bruja era una nena de ocho años que tenía ciertos poderes especiales, era diferente, entonces el entorno la vuelve una marginada, una alienada más. Lástima que en esa época ser diferente era ser un enviado de Satanás. Entonces ¡que más remedio que arder en la hoguera! Pero algo sale mal. Cuando todo el pueblo la declara bruja, la nena se lo termina creyendo y lanza una efectiva maldición sobre sus inquisidores de turno (que luego serán los zombis protagonistas), y así se transforma en, efectivamente, una bruja.      


Apariencia, apariencias, apariencias. Cómo la sociedad tiene el poder de transformar al individuo, y cómo las apariencias rigen a la sociedad. Todo esto en una película de animación que, además de todo esto, hace honor al cine clase B y a todo el género de terror, con un despliegue de citas deliciosas que se van sucediendo, desde el Frankenstein de James Whale, pasando por el Halloweende Carpenter y los primeros trabajos de George Romero, hasta alguna que otra alusión a la saga Evil Dead de Sam Raimi.
   

La película se para sobre los estereotipos que nos mostró recientemente esa obra maestra que es The Cabin in the Woods, y también los retuerce y estruja, pero en otro sentido. En The Cabin… los individuos son transformados en estereotipos. En ParaNorman los estereotipos ya existen, pero no son del todo lo que parecen ser. La rubia tonta no es tan tonta, el macho atleta-alfa resulta ser homosexual, el bully perverso no es perverso sino idiota, etc. etc. etc. La película festeja la diversidad y la deconstrucción del enunciado que reza “lo que parece ser es lo que es”.

   

Otro de sus grandes aciertos es la ligereza refrescante con la que se trata el tema de la muerte (acierto que también tuvo Frankenweenie -versión 2012- de Tim Burton, que podría ser algo así como una prima-hermana de ParaNorman). Aquí, la muerte no es ese gran tema tabú, o esa situación en la cual la película llega al clímax de solemnidad apabullante, sino todo lo contrario: es moneda corriente. Los vivos y los muertos conviven en armonía, ya que ése es el orden natural del mundo, y el mensaje que nos deja es que no hay que llorar la muerte, sino festejar la vida. Y que a la humanidad, por más estúpida que pueda llegar a ser, hay que tenerle paciencia. Tal vez, muy en el fondo, haya algo de esperanza.


P.D.: En un momento de la película hay una hermosa línea de diálogo. Ante el “ataque zombi”, los policías llegan y, al no entender lo que ocurre, uno de ellos suelta: “¡Hey! ¡No le disparen a los civiles! Eso es para que lo haga la policía”.

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