Lucy_Nuevo_Poster_Oficial_Latino_JPostersCuando las puertas de la percepción se abran ,

el hombre verá las cosas tal cual son: infinitas.

William Blake.

El Universo se creó a sí mismo. Y del Universo surgieron los planetas. Por sus condiciones climáticas especiales y particulares únicamente en el planeta Tierra surgió la vida tal como la conocemos. La vida engendró más vida y millones de años de evolución biológica se encontraron con el ser humano y sus sociedades complejas, organizadas según reglas propias, que a veces parecen naturales pero que, sin embargo, no lo son. En realidad, son tan arbitrarias como todo lo demás: los países, las castas, el dinero.

Tomar conciencia del mundo tal cual es, en su simpleza y complejidad biológica, es como intentar ver al sol de manera directa. Y el dolor y la angustia que genera querer y no poder (esa sensación tan propia y característica del ser humano), es lo que el arte intenta comunicar. Es la ambición más grande que el arte puede ensayar. La ambición de querer transmitir algo imposible. Es precisamente en esa zona -algo fantasmal, pero evidente- en la que el cine de ciencia ficción articula lo mejor de sí mismo y consigue que una película como Lucy brille en todo su esplendor.

O, para decirlo con otras palabras, es allí donde surge el curioso interrogante: cómo filmar un bolazo y no morir en el intento. Porque es así, Lucy es un auténtico bolazo. Y, a pesar de ello, es una de las mejores películas del año. El que quiere oír, que oiga.

201408071568-fullLucy es imperfecta, pero tiene aguante. Es ridícula pero bella, como esos programas sensacionalistas de seudociencia. Está construida sobre un guión que avanza a fuerza de sobreentendidos, que articula un argumento que sólo se vuelve funcional en la medida en que uno evita atender a sus costuras: el famoso esquema de «chico conoce chica». Sabemos que luego del encuentro, él le pide un favor: tiene que entregar un maletín en la recepción de un hotel, pero no puede hacerlo él mismo porque los del hotel ya lo tienen fichado. Ella sólo tiene que preguntar por un fulano en la recepción y dejarle un maletín, nada más. Por hacer de intermediario, a él le pagan mil dólares. Le propone que se repartan el dinero; mitad para cada uno. Ella no quiere, él la obliga. Estaba clarísimo que algo olía mal en el asunto. En el hotel, la secuestran unos ponjas mafiosos, le meten drogas que ella tiene que transportar a través de la frontera y, accidentalmente, Lucy (Scarlett Johansson) ingiere esa droga, en grandes cantidades. Es una droga experimental, de laboratorio, que potencia sus capacidades cerebrales, hasta volverla algo así como una chica-supercerebro (con poderes que la ciencia médica no puede explicar). Acto seguido, reparte sopapos y venganzas contra todos los malos y, de paso cañazo, le transmite sus conocimientos a un científico bueno (Morgan Freeman) que investiga las consecuencias especulativas de la ampliación del potencial cerebral humano.

Hay un montón de fallas y lagunas en este argumento. Sin embargo, la película es brillante porque no necesita ser creíble y tampoco necesita el amparo de lo fantástico. Está más allá de eso. Encuentra un tono muy difícil de hallar y muy preciado. El tono preciso de las cosas, cuando lo fantástico es un juego que invita a imaginar más de lo que parece posible, activando la creatividad y reformulando el orden natural del mundo.

lucybig

A veces una película es mucho más que la suma de sus partes. A veces su potencial no se muestra allí donde puede describirse. Todo lo contrario. Si lo intentamos, nos descubrimos pedaleando en el aire. Sin embargo, hay que insistir con esas películas que parecen estar queriendo decir más de lo que dicen.

Pensar o describir los aciertos y las fallas de Lucy es un ejercicio gratuito. La conclusión siempre es la misma: que no importa. Por ejemplo, la lucha encarnizada entre los mafiosos y Lucy, si uno lo piensa fríamente, no tiene sentido. ¿Por qué no usaron gente que consienta hacer de intermediaria para pasar la droga? ¿Por qué, cuando descubren que Lucy tiene poderes paranormales, no usan la droga con alguien más? ¿Quién inventó la droga? ¿Un laboratorio? ¿Un científico loco? ¿Y exactamente por qué es ilegal? ¿No sería más razonable que los villanos fueran empresarios y científicos, antes que ponjas mafiosos? Ni hablar del científico buenazo que aprovecha para tirar un par de frases soñadoras y poner sus mejores caras.

q7hlj0aToda la película es así: trucha. Porque lo cierto es que no importa nada. Y esto es fundamental para disfrutar Lucy. Lucy es un disparate. Una parrafada seudo-científica con ambiciones poéticas que no pierde de vista su esencia. Una película de tiros, acción y altas dosis de violencia que no intenta otra cosa que mantener al espectador despierto y alerta.

La sensación que me queda es de euforia, como si hubiera visto una mezcla entre El árbol de la vida y Matrix. Su principal postulado (¿Qué pasaría si un hombre usara toda su capacidad cerebral?) bien podría pertenecer a una de esas revistas sensacionalistas que repudio. Así y todo, con todas sus fallas, sus falencias y sus reparos, me sigue pareciendo de lo mejor que vi en el año. Enorme, enorme película.

Lucy (Francia, 2014), de Luc Besso, c/Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Analeigh Tipton, 89′.


Si te gustó lo que acabás de leer podés ayudarnos a seguir generando material

invitándonos un cafecito cafecito-logo