The+Purge+poster2La iniciativa les llega a los que saben esperar.

Alex Delarge

El malestar en la cultura (hollywoodense). La acción se sitúa en la sociedad norteamericana del año 2022. James Sandin -el sex symbol noventoso Ethan Hawke- es un vendedor de sistemas de seguridad para hogares. Junto a su esposa -Lena Headley- y los dos hijos del matrimonio -Adelaide Kane y Max Burkholder- atraviesan un curioso estado de excepción social. Una vez al año, esta armónica sociedad del futuro celebra una festividad conocida como “la purga”. En tan inusual celebración, las personas tienen libertad absoluta para perpetrar crímenes, vejaciones y delitos sin ser juzgadas. La purga se presenta como el garante de la pacificación al permitir que los individuos ejemplares den rienda suelta a sus propias pulsiones tanáticas. Las instituciones -policía, centros sanitarios, bomberos- no funcionan durante esa noche, con lo cual todo señala que esta festividad rescatará el costado más primitivo del hombre. Sin mediación alguna, el contrato social queda suspendido. La narración nos muestra a un hombre negro que escapa de una turba y se termina resguardando en la casa de la familia. A partir de allí, la fiesta, como antiguo ritual pagano, exige sacrificio, y James Sandin deberá tomar una decisión.

Existe un hermoso y profundo texto canónico en los estudios culturales titulado La cultura popular en la Edad Mediay el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais, escrito hacia 1941 por el genial Mijail Bajtin. En ese trabajo el autor reflexiona sobre la construcción de la producción artística de Rabelais en el marco de una teorización sobre los mecanismos de la cultura cómica popular durante la Edad Media. Bajtin distingue diferentes manifestaciones de esta cultura, entre las cuales se destacan “formas y rituales del espectáculo” que abarcan festejos de carnaval, festivales, obras cómicas representadas en lugares públicos, etc. Lo crucial radica en la naturaleza revolucionaria de ese tipo de festividades que le permitían a una sociedad feudal, religiosa y solemne, a través de la risa popular, expresar el descontento. La película alberga, al menos potencialmente, algo de ese germen subversivo en tanto y en cuanto la noche de la purga resulta la subversión del valor social proclamado por esa sociedad totalitaria. Si la Iglesia, durante el Medioevo, autorizaba la celebración del carnaval, esta sociedad estadounidense del futuro hace lo propio con la noche de la purga.

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En ese sentido, no es posible escapar. Porque, al igual que el carnaval, la purga ignora toda distinción entre actores y espectadores. Los espectadores no asisten al carnaval, lo viven. De manera análoga, la familia Sandin no puede ser espectadora de la purga. Debe experimentarla porque tiene estatuto comunitario y universal. No hay frontera espacial como la de la casa -erigida como fuerte- que pueda mantenerse inmune. Será también inexorablemente alcanzada por la festividad. En cuanto al tiempo, la purga tiene la duración precisa de una noche. Esto ratifica la idea de que en el decurso de esta festividad sólo puede vivirse de acuerdo a sus leyes. El valor de la paz y la concreción del sueño americano futuro se edifican sobre cimientos de violencia y desigualdad porque, como señala Walter Benjamin en Para una crítica de la violencia (1921), “el Derecho – la Ley- los contiene a ambos.”  Lo que emerge tímidamente entonces es que la ley necesariamente alberga el crimen, no sólo en este “estado de excepción”, sino en  nuestra plena cotidianidad.

Por esto, la segunda parte de la película falla doblemente. La necesidad pedagógica de instruir y reencauzar la película hacia una posible reconciliación didáctica resulta netamente inverosímil. El padre yaciendo en el suelo, llorado por sus hijos, mientras la madre dicta lecciones del “deber ser” kantiano a sus agresores, es nefasto.

El otro gran fallo se evidencia en el giro narrativo que toma la película una vez que los agresores ingresan a la casa, ya que resulta errático el enfoque planteado desde allí. El coqueteo con diferentes géneros se agota en meros atisbos y el rumbo tomado resulta el menos atractivo. El deseo de homenajear a Alex Delarge –el líder de joven turba imita al carismático líder de los drogos-, Perros de paja (Straw Dogs, Sam Peckinpah) y Horas de terror (Funny Games, Michael Haneke), no pasa de las buenas intenciones.

The-Purge-10Finalmente, la reflexión sobre la naturaleza del hombre tampoco queda esbozada del todo o, al menos, no de forma fructífera o significativa. El happy end constituye la solución final para la conclusión del conflicto y resulta insertado grotescamente a modo de moraleja. Esto, quizás, se erige como lo más molesto de la película, sumado a su ritmo enrarecido y a una lectura insultantemente ligera del concepto de “utopía” en la ciencia ficción.

Plantear el histórico tema del hombre y la violencia impone asumir mínimamente los daños colaterales y el malestar que implica tomar una posición. De eso se trata…

La noche de la expiación (The Purge, EUA, 2013), de James DeMonaco, c/Ethan Hawke, Lena Headey, Max Burkholder, Adelaide Kane, Edwin Hodge, Tony Oller, 85’.


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