afiche_fermin_la_peliculaTango que me hiciste mal

y que, sin embargo, quiero.

Enrique Maroni

Discutiblemente bella y falsa como una imagen de postal. Así es Fermín. Una película más o menos ingeniosa, más o menos poética, más o menos sensible, que evoca cierta nostalgia y melancolía tanguera con la que es fácil sentirse reconocido y más o menos reconfortado. Es, en líneas generales, una película interesante. Eso sí, es tan falsa como un imitador trucho de Gardel, de esos que se ven en Caminito los domingos a la tarde. Pero ojo, que el cine es, básicamente, una ficción. Que nadie se sienta herido porque la película resulta falsa. El cine lo es. Lo importante, acá, es que la ficción sea creíble. O ni siquiera. En realidad, lo que importa es que la película entretenga, que divierta, que nos haga pasar un momento más o menos grato. Y, si de eso se trata, Fermín funciona. Es más o menos obvia, más o menos canchera, y hace honores al cine industrial, en el sentido más literal del término: un producto nacional para exportar. Un producto nacional que, con algo de suerte, será correspondientemente redituable.

La historia presenta más o menos cierto desafío, toda vez que su narración no sigue una línea argumental unidireccional. En su lugar, la narración opera en dos tiempos simultáneos, que transcurren en paralelo. Digamos que hay dos historias que se cuentan a la vez, en dos tiempos diferentes (pasado y presente) que terminan por confluir en una misma historia, hacia el final de la película. La historia que transcurre en el pasado (de 1945 a 1976), es la historia de Fermín joven. La historia que transcurre en el presente, es la historia de la nieta de Fermín, que inicia una relación con el médico que atiende a su abuelo, ahora internado en un hospital psiquiátrico. A medida que avanza la película, avanzan ambas historias, a través de escenas que se alternan a través de flashbacks. El médico no es otro que el Dr. Kaufman, representado por Gastón Pauls. Fermín Turdera es Héctor Alterio. Eva Turdera, la nieta, es la bella Antonella Costa. Fermín joven es representado con poco éxito por Luciano Cáceres.

Lo que caracteriza la enfermedad de Fermín es que sólo se comunica a través de letras de tango. Cuando el Dr. Kaufman descubre esta peculiaridad (lo descubre por azar escuchando la radio mientras viaja en taxi) comienza a obsesionarse con su paciente y con el mundo del tango, y mientras más lo explora, más fascinante le parece. Oportunamente, Eva Turdera da clases de tango y el Dr. Kaufman decide tomar clases con ella, aunque luego (acaso porque quiere saber más sobre su paciente) pasa a estudiar con Ciempiés (Emilio Disi), un profesional que otrora fue amigo de Fermín Turdera. Digamos que viejas heridas que no cerraron del todo, reaparecen. Y más o menos en eso radica toda la gracia de la película, que no es poca.

Fermín_la_película_II

Pienso que la película podría haber sido mucho mejor si se hubiera enfocado únicamente en la historia que transcurre en el presente. El personaje del Dr. Kaufman, acosado en el trabajo por su superior (en una excelente actuación de Luis Ziembrowski, cuándo no) y acosado por su madre sobreprotectora, es un personaje genuinamente interesante. Además, la relación con sus pintorescos colegas y pacientes y los motivos por los que fue derivado al nuevo hospital, demuestran que el foco de la película debería haber estado claramente allí.

Por otra parte, toda la historia que transcurre en el pasado no sólo es innecesaria, sino que le quita fuerza a la otra historia, que la contiene. Además, está mal contada y carece totalmente de todo atractivo. Termina por arruinar o malograr una película que podría haber sido mucho más interesante de lo que finalmente es. Sin embargo, la historia que transcurre en el presente es lo suficientemente simpática, como para que -en conjunto- nos llevemos más o menos una buena impresión.

Si lo reducimos a fórmula, la cosa sería así: un personaje que no sabe nada del tango se embarca en la aventura de explorar ese mundo y descubre su imperecedera riqueza. Es increíble, pero con esa fórmula podríamos obtener varias historias atractivas y la única razón es que, a pesar del abuso del cliché y la retórica del lugar común, el mundo del tango sigue siendo apasionante. Tan simple como eso.

Hay una escena imperdible por la que casi que dan ganas de recomendar la película: Mientras le enseña un paso de baile, Ciempiés le pide a Kaufman que ponga “cara de tango” y le demuestra cómo. Emilio Disi deja en claro, una vez más, que pese a los prejuicios que todavía acarrea, se la tiene bastante clara.

La historia “trágica” y el pasado que vuelve. Todo resulta muy obvio y muy gastado. Quizás es difícil llegar a conectar con los personajes, porque toda la película parece diseñada como una publicidad. Sin embargo, un residuo de la mística del tango se impone.

Y con eso alcanza.

Fermín, la película (Argentina, 2014), de Hernán Findling y Oliver Kolker, c/Gastón Pauls, Luciano Cáceres, Emilio Disi, Luis Ziembrowski, Antonella Costa, Dalma Maradona, Carlos Copelo, Silvina Valz y Rodrigo Pedreira, 109′.

 


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