001927c4_mediumKotan no kuchibue cuenta la historia de dos hermanos huérfanos de madre que viven en una pequeña comunidad ainu de Hokkaido. Los ainu son una etnia originaria de la zona de Siberia que, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, fue sometida y diezmada por los japoneses. La ficción de Naruse fue filmada en 1959, es contemporánea del rodaje, y asocia sutilmente el trato humillante de los japoneses hacia los ainus con la presencia norteamericana en Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque transcurre lejos de cualquier ciudad importante y junto a un río en el que estos descendientes de pescadores no pueden pescar so pena de prisión, en dos o tres secuencias Naruse enlaza el rumor del agua con el ruido de aviones y helicópteros de una base militar que será vista una sola vez, al principio de la película y a la distancia. Eso le basta para inscribir de manera continua el contexto político en el fuera de campo, impidiendo que nos entreguemos a la tentación bucólica del paisaje que influye en uno de los personajes. Me refiero al profesor de arte japonés, cuya acuarela impresionista de una joven ainu sentada junto al río gana un concurso que lo decide a probar suerte en los círculos artísticos de Tokio. A diferencia de Mizoguchi, Naruse entorpece el vuelo romántico del espectador, siembra sus ficciones de datos concretos, cotidianos y domésticos de significativa relevancia cultural que no impiden la emoción, pero sí que esta dependa o alcance algún tipo de trascendencia. Si hasta los dioses, aquí, son de madera, y los antepasados no adquieren un estatuto divino sino demasiado humano y falible.

51422308El dinero es un factor omnipresente, y la lucha por conseguir el necesario para llegar a fin de mes es la mayor gesta de buena parte de sus personajes, incluso de aquellos que se relacionan con el mundo del arte. No es inusual que escritores, músicos y pintores protagonicen sus películas, así como aspirantes a serlo que no consiguen conciliar las exigencias materiales de la vida diaria con el trabajo creativo, desbarrancándose en la depresión, el alcoholismo, la soledad y el maltrato de la mujer que los acompaña. Incluso en esta película centrada en unos niños y en una comunidad que, por razones de sometimiento cultural, ni siquiera conciben la posibilidad de una vida artística profesional, Naruse también se ocupa de la relación con las imágenes a través de los personajes secundarios (además del profesor que pinta, un joven japonés que toma fotografías) o de costumbres como las de tallar osos en madera que responden al vínculo ancestral entre arte y religión. Sólo que este oficio no cumple ahora otra función que la mercantil, reportándole ganancias relativas a los ainus que viven de vender como souvenirs para turistas lo que otrora fueran representaciones destinadas al uso ceremonial. Es interesante constatar que tanto en el caso de la acuarela como en el de la foto, son hombres japoneses quienes las realizan y mujeres ainus quienes les sirven de modelos, sin conseguir establecer ninguna de ellas una relación que pudiera ir más allá de la circunstancial del instante en que fueron retratadas o tomadas por el ojo del artista.


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