Una joven vuelve a su ciudad natal para reencontrase con un pasado que la ahuyentó mientras intenta escapar de su futuro. 

Emilia abre con el plano de una terminal de ómnibus, en la quietud de una noche silenciosa que de a poco comienza a poblarse, en un plano fijo que recuerda a la soledad de Nighthawks (Edward Hopper, 1942). Los personajes son vistos en la lejanía de una cámara que no se acerca sino hasta que caminan hacia ella, cosa que sucede cuando aparece la madre de Emilia (Sofía Palomino). Es la familia la que pone a esos seres en primer plano, en el que la cámara seguirá a la protagonista como una compañera –y no como un voyeur juzgón- para tratar de develar aquello que se oculta en su interior mientras se pone en jaque la institución familiar como tal.

Emilia no pudo afrontar pensarse en un futuro en que constituya una familia, y constantemente esa desesperanza logra arraigarse basada en las problemáticas familiares que le rodean: apenas llegar, su madre le cuenta la historia de una vecina separada que tiene problemas económicos, remarcando que cuando estaba casada “vivía como una reina”; su amiga tiene un matrimonio inestable; escucha la historia de una pareja en la que el marido empezó a tratar “con adoración” a su mujer luego de que ésta le disparara, cansada de sus maltratos; un hombre infiel le cuenta la historia de un amigo suyo con dos familias; la madre comienza a salir con un hombre más joven que ella, de quien no conocemos intenciones reales.… todas las relaciones son entendidas como, mínimamente, territorios ríspidos bajo esa corrección social que hipócritamente engalana las sociedades de poblaciones pequeñas. Incluso la relación madre-hija es un sitio áspero, donde el cariño se mezcla con riñas propias de los modos de vivir que eligen ambos personajes. Emilia no puede pertenecer a esos (falsos) valores. Por el contrario, es un personaje impulsivo que se deja arrastrar por los instintos sin especular con las consecuencias y sin planes a futuro, porque al descreer del relato oficial todo se torna experiencia propia, camino por descubrir. Por eso está perdido, con cierta anomia, y condenado al yerro. La película abre con la vuelta al pago, porque Emilia es un personaje vinculado al viaje, al eterno vagabundeo en busca de un lugar, una certeza. Es un personaje que no tiene nada, que ha dejado sus posesiones tanto materiales como psíquicas.

Es, asimismo, un personaje hermético, al que la cámara busca constantemente dilucidar. Los planos cerrados buscan el rostro de quien incesantemente lo esconde, girando la cabeza, obstruyendo la mirada con mechones de pelo enmarañado. Se recurre entonces a   reencuadrarlo en el plano emulando a un personaje de Kaspar David Friedrich que mira hacia el abismo. Emilia es una mujer que mira al mar, que asiduamente observa con ojos obnubilados, a través del humo de su cigarrillo, hacia la oscuridad de la noche, al vacío. Ese abismo que encuentra en los paisajes la constituye. El clima frío y ventoso de La Patagonia, con su aridez y su soledad comprenden la vorágine interna de la protagonista, quien detenta soledad por más que esté acompañada, mostrándose siempre silenciosa, perdida en sus pensamientos. Es el espectador quien siempre la acompaña y se sitúa cercano a ella. A medida que el espectador y los personajes que rodean a Emilia intentan reconstruir su pasado, ella intenta reconstruirse, salir de su pozo existencial, de esa anomia que le produce un mundo en el que no encaja. Ese mundo la oprime sin llegar a violentarse, sino con la sutileza del status quo.  Emilia es eso, la declaración vía imágenes, sobre la soledad y la angustia de una joven errante.

La película de Sodero no emite juicios morales sobre lo que muestra, sino que se invita al espectador a seguir al personaje, a ser parte de su vagabundeo para establecer el mundo de una joven perdida sin juzgar sus actos, cuidándose de no caer en la dependencia del diálogo para graznar groseramente mensajes sociales sino apoyándose en la imagen, en el trabajo de observación, de descripción densa sociológica.

Calificación: 8.5/10

Emilia (Argentina, 2020). Guion y dirección: César Sodero. Fotografía: Pigu Gómez. Edición: Sebastián Schjaer.  Elenco: Sofía Palomino, Claudia Cantero, Fernando Contigiani García, Glenda Daus. Duración: 97 minutos. Disponible en Cine.Ar.


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