tv-spot-for-jack-ryan-shadow-recruitEl fantasma de los ochenta. Hay algo de lo más ranciamente rancio, de lo más john fordianamente yanqui en la mirada, en el porte, en la simple presencia de Kevin Costner, que le presta dignidad a cualquier cosa en la que aparezca. Hay algo de lo más tradicional, clásico, fuera de época, que viaja con él de una película a la siguiente y que siempre es interesante de ver. Lamentablemente, en el caso de Código de sombras: Jack Ryan, esa ranciedad que tanto supimos disfrutar cae dentro de una ranciedad diferente, una que creímos que había quedado atrás: la fantasía reaganeana de Tom Clancy y sus novelas de política internacional, ya tan de otra época.

Como –lo sabemos- Hollywood viene hace tiempo en la racha de los refritos, reversiones y remakes, ahora la decisión parece haber sido resurgir a un viejo agente (que hace 20 años supo interpretar Harrison Ford, entre otros actores que le prestaron su piel) para las nuevas generaciones. Más burocrático que James Bond, con menos traumas que Jason Bourne, Jack Ryan parece algo así como el yuppiede los agentes secretos: educación cara, patriotismo elevado, traje y oficina. Una cierta dosis de realismo que le quita glamoura los espías y, posiblemente, parte de su carisma, aunque la trama le preste un poco de velocidad.

Como las nuevas generaciones no tienen imaginación y solo pueden entender el puro presente, el nuevo Jack Ryan (interpretado por Chris Pine, protagonista de otra nueva versión de otra saga un poco más vieja: Star Trek) se nos presenta con un hecho que marca una clara referencia temporal: el 11 de Septiembre. Pero hasta ahí parece llegar el deseo de aggiornarse: si la referencia a las Torres Gemelas podía hacernos temer una fantasía derechista en la que el nuevo enemigo es el Islam, pronto veremos que la cosa se vuelve mucho más plana.

Las novelas de Clancy se escribieron en los ochenta, en el tramo final y cansado dela Guerra Fría. El enemigo no podía ser otro que la vieja Unión Soviética. Al anclar el relato en un estricto presente, la nueva Rusia ya no puede aparecer como la potencia enemiga decidida a destruir a Estados Unidos. En lugar de eso, lo que tenemos ahora es un individuo ruso que tiene algunos vínculos oscuros con el gobierno, pero que en buena medida parece actuar por motivación propia. Así todos ganan: Jack Ryan sigue peleando contra los rusos y los rusos no se ofenden. Tecnología mediante, el nuevo ataque terrorista es más financiero que otra cosa, con la inevitable explicación de cotización internacional del dólar, conspiraciones multinacionales y demás; elemento clave, levemente complicado, pero efectivo.

JACK RYAN: SHADOW RECRUITMás allá de las complejas situaciones que hacen que Ryan se convierta en agente de la CIA y, una vez establecido esto, de las complejas situaciones que llevan a Ryan hasta Rusia, una vez que el agente llega a territorio enemigo y que los engranajes empiezan a moverse, Código de sombra: Jack Ryan logra finalmente tomar un poco de ritmo: hay una situación clara, riesgos definidos, complicaciones simples, suspenso del más clásico. Cuando la película logra entrar en la sección que parece justificarla (en particular, una secuencia que involucra un sofisticado edificio de oficinas), algo del ejercicio genérico más noble parece entrar en juego. El resultado de ese juego es más o menos satisfactorio, incluso si Kenneth Branagh no convence del todo como ruso (ni como director), incluso si Chris Pine no convence del todo como gran analista financiero (y sí más como héroe de acción), incluso con los aires de patriotismo más feos que flotan en el aire, incluso aunque Keira Knightly no esté del todo aprovechada (aunque está muy bien cuando está). Algo que, al descontextualizarla Guerra Fría para acercarla a un juego cibernético de hoy, le presta una cierta levedad (posiblemente, no intencional) a la película, que nos permite entrar en un ejercicio flojo pero en definitiva inocuo.

Código sombra: Jack Ryan (Jack Ryan: Shadow Recruit, EUA, 2014), de Kenneth Branagh, con Chris Pine, Kevin Costner, Keira Knightley, Kenneth Branagh, Lenn Kurdrjawizki, Alec Utgoff, 105’.


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