Enders-Game-Final-HRReconozco haber leído la multipremiada novela de Orson Scott Card hace muchos años atrás así que debí revisarla antes de escribir sobre la película. Trato de recordar por qué este libro, de lectura sugerida en algunas academias militares del mundo, me había atrapado tanto en su momento. Encontré que la clave estaba en el tratamiento del personaje que le da título, Ender Wiggins. El juego de Ender  podría ser considerada una Bildungsroman, una novela de formación en el sentido de la adquisición de un conjunto de saberes para repensar el sentido de la vida, la identidad, el ser. El personaje atraviesa pruebas, transita vivencias, lidi con abusos hasta constituirse en un líder militar reconocido, una especie de  Archimago Ged o un Harry Potter del futuro.

La película empobrece esa experiencia. Perteneciente a la peor tradición mainstream, tanto el guión como el desarrollo de las acciones presentan serios problemas. Ender Wiggins (Asa Butterfield) es retratado, ante todo, como un individuo inverosímil. No hay el más mínimo esfuerzo por aproximarlo a nosotros mediante la introspección o la psicología. Es un niño entrenado desde el nacimiento, separado de sus seres queridos, despreciado por sus compañeros y también es un arma destinada a salvar al mundo -fantasía recurrente que comparten los nazis y los yanquis- y aniquilar a los enemigos sin dudar. Ese desgarramiento profundo es ignorado o tratado con una liviandad insultante, como si profundizar en planteos éticos no fuera pertinente para seguir la trama de la película. Hay un aletargamiento, una suspensión de las implicancias, responsabilidades y consecuencias imprescindibles para seguir la narración. El espectador debe suspender  o desechar cualquier sentimiento que vaya aflorando porque lo que pesa es la aglutinación de acciones.

Un personaje, el Sargento Dap (Nonso Anozie) sirve para ilustrar la superficialidad de la película: sus diálogos resultan ridículos y su carácter de oficial hostigador es una burla para la tradición cinematográfica de sargentos abusadores[1]. Su actuación es forzada, grandilocuente, increíble, lo mismo que la mayoría de las performances de la película cuyo pésimo guión impacta aun sobre actores notables como Harrison Ford, Ben Kingsley o Viola Davis.

El_Juego_De_Ender_Portada2-frikarteLa cuestión de los chicos y la guerra no es novedosa. Uno de los planteos literarios más contundentes lo podemos hallar en el Cantar de Guillermo de Orange (S. XII). Guillermo, héroe de la Cristiandad, enfrenta en Lanchap a los árabes acompañado por su pequeño sobrino Gui. La épica se detiene a narrar la desventura de un niño devenido en hombre a través de la sangre y su  trágico resultado. Desde otra perspectiva, absolutamente diferente en tiempo y distancia, la novela Battle Royale, de Koushun Takami, que tuvo su adaptación cinematográfica en el 2000, supo retratar sin tapujos una relación ácida y cruenta entre niños y violencia. La barbarie era un argumento contundente que invitaba al espectador al planteo de una postura.

Todo este periplo viene a exponer que esta película no es solo una pésima adaptación del libro, sino que, en consonancia con las últimas producciones mainstream de ciencia ficción, agotan la conflictividad y la vida interior de la crítica social anidada en el género en detrimento del goce en la espectacularidad de los efectos y el despliegue visual. Tal como esta planteada, la versión cinematográfica no es mala porque no sigue al libro, sino pobre porque debilita y traiciona al género, volviéndolo vacío, chato y tristemente inocuo.

Aquí pueden leer un texto de Luciano Alonso sobre esta película.

El juego de Ender (Ender’s Game, EUA, 2013), de Gavin Hood, c/Asa Butterfield, Harrison Ford, Hailee Steinfeld, Ben Kingsley, Viola Davis, Suraj Partha, Abigail Breslin,114’.


[1] Un ejemplo paradigmático es el Sgt. Emil Foley de An officer and a Gentleman (1982). Ver memorable bienvenida de los reclutas en: http://www.youtube.com/watch?v=WIP1sO9Pv50


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